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We are here again | Evelyne Dunne

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We are here again | Evelyne Dunne

Mensaje por Míra Z. Creagh el Mar Oct 04, 2016 8:08 pm

22 septiembre

Al poco tiempo de volver a Reino Unido se enteró de que una de sus alumnas predilectas, con la cual cuando acabó sus estudios en Salem siguió manteniendo un estrecho contacto, estaba también en el país por lo que decidió intentar contactar con ella. Toda la vida de la rubia se había convertido en un caos en las últimas semanas. Desde el mismo momento en el que pisó su casa en Escocia supo que nada iría bien pero no podía seguir en Estados Unidos, no al menos viviendo allí puesto que seguía siendo tutora en el Instituto de pociones. Su hermana pequeña se había ido a Bulgaria, Lisa no se estaba adaptando a tener que quedarse constantemente con sus padres y se había encontrado con Ciarán en Azkaban. La pocionera sentía que el mundo se había pues en su contra, que la atacaba por todos los flancos que veía posible y lo odiaba. Eran demasiadas cosas que afrontar por demasiados lados, por diversas razones, y todas la acababan haciendo pensar demasiado.

Sin duda la mayor preocupación de la checa era, ni más ni menos, su hija. Haberla obligado a un cambio tan radical en tan poco tiempo. Sabía que odiaba esas cosas, que llevaba un control estricto de su vida pero... todo había sido tan precipitado que, incluso, a ella misma le costaba ubicar todo en su cabeza. Pasó con cuidado el cepillo por los bucles ocres de Lisa mientras la pequeña de diez años jugaba con sus figuras de caballos por la mesa. —Te prometo que no será mucho tiempo— dijo dejando el cepillo a un lado y haciéndole una bonita trenza de espiga. No había preguntado. Solo se mostró molesta cuando le dijo que ese día saldría para ver a Evelyne. La conocía. Evelyne había sido una de las pocas personas a las que había llevado a su casa alguna vez y había conocido a Lisa por lo que la pequeña, en cierto modo, estaba acostumbrada a ella. era triste que estuviera más acostumbrada a ella que a sus abuelos. —La próxima vez le diré que venga a casa, seguro que se alegra de verte—. Esbozó una pequeña sonrisa mientras le tendía la mano a la espera de que la cogiera y pudieran irse a casa de sus padres para dejarla con ellos durante las horas que estuviera fuera.

Se encontraba como si se tratara de su primer día de clase en Hogwarts. Recordaba con exactitud la elección de su varita, la compra de su primera mascota pero, sobre todo, recordaba cuando entró a la tienda de pociones. Hacía muchos años que no había pisado aquel lugar y se le hizo ruidoso y a la vez tranquilo. Los días de ajetreo con las compras para el nuevo curso habían pasado, ya todos estaban luciendo sus túnicas de cada casa y... aprendiendo. Una sonrisa se prendió de los labios de la checa que caminaba en dirección a una de las tiendas. Observó los calderos, las básculas de peso. Otra de las partes que odiaba de volver a estar allí era la ingente cantidad de recuerdos que bombardeaban su mente a cada paso. Era mucho más fácil tenerlo todo bajo control cuando estaban lejos de ella. Subió la cremallera de su chaqueta hasta la mitad de su cuerpo cuando le recorrió un escalofrío. Había quedado con Evelyne frente a la puerta de la tienda por lo que allí la esperaría porque, de igual modo, nunca se cansaría de estar frente a ella.
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Re: We are here again | Evelyne Dunne

Mensaje por Evelyne Dunne el Miér Oct 05, 2016 9:11 am

Había llegado mucho antes de la hora acordada puesto necesitaba comprar algunas cosas, pasar por unos libros que había ordenado, ingredientes, pergaminos, tinta, incluso debía ir al bando a retirar algo de dinero de su cuenta, y si bien podría haber hecho todo eso en la compañía de Mira, realmente quería pasar el tiempo con ella, obviamente verían ingredientes en la tienda de Pociones juntas, eso era imposible no hacerlo, pero el resto eran meros tramites que realmente les quitarían minutos juntas y no era algo que estuviera dispuesta a dejar pasar.

Recorrió el callejón Diagon por completo, desayunando algo breve mientras se daba el tiempo de hablar con su hermano mediante su espejo comunicador, rieron unos cuantos minutos y le puso al tanto de las cosas que habían sucedido de momento, le prometió que dentro de poco iría a verlo y menciono su próximo encuentro con Mira, a lo que el joven se mostró emocionado, expectante a los detalles que podría tener, después de todo Mira se había convertido en alguien muy cercana para ella, y por tanto conocía a Thomas, quien le tenía un gran cariño debido a los buenos tiempos compartidos, sobretodo extrañando a Lisa, a quien veía casi como una pequeña hermana o prima.

Cuando finalmente observo su reloj de bolsillo, aun tenia treinta minutos antes de ir por Mira a la entrada de la tienda. Esbozo una sonrisa algo traviesa y emocionada, y sin más ingreso a la tienda de Pociones, aumentando su sonrisa ante el intenso y característico olor de aquel lugar, simplemente perfecto para alguien que admiraba aquellas artes. Sin más comenzó a recorrer los pasillos con tranquilidad mientras tarareaba una canción alegre, que demostraba lo feliz que se encontraba en aquel momento.

- Tal vez necesito un caldero nuevo… -No era cierto, pero aún así su comentario fue liberado con suma emoción al observar uno de cobre, número 3- sí, definitivamente lo necesito… -Susurro con total convicción antes de tomarlo y acercarse a pagarlo, para luego guardarlo dentro de su pequeño bolso negro, junto al mar de cosas que había comprado hace unas horas, realmente le fascinaba la magia al permitirle guardar todo lo que quisiera en un espacio tan compacto.

Se disponía a observar algunas otras cosas cuando al voltearse, observo una silueta familiar de largos y rubios cabellos, a través del cristal. Sonrió con cierta picardía y se aproximó hacia la puerta, abriéndola con cuidado de no llamar la atención, para luego dar un salto sobre la mujer y abrazarla con efusividad y ternura mientras reía.

- Mir! ¿Cómo es que siempre que te veo estás más hermosa que antes? -Le llamo entre risas sin soltarla, y es que realmente la había extrañado a pesar de que no hace mucho tiempo se habían visto, pero, aun así, se alegraba enormemente de verla a ella y… entonces cayo en cuenta, y tan rápido como se percató, se alejó de su ex tutora, observándola con detenimiento- ¡No has traído a Lisa! -No era una pregunta, era un reproche absoluto mientras fruncía levemente el ceño, denotándose su decepción al no poder ver a la pequeña, y es que a ella llevaba más tiempo sin verla. Aunque en si entendía que la mujer quisiera ponerse al día, tal vez despreocuparse un poco, beber algo, pasear hasta más tarde, entre otras cosas- Estas perdonada, pero quiero ver a “mi sobrina” en un futuro próximo… -Dijo sonriente, antes de volver a abrir la puerta de la tienda y hacerle una seña de invitación para que entraran- Tienen nuevos productos que han llegado esta mañana… -Murmuro con un tono expectante y sensual a modo de broma, mientras se aferraba al marco de la puerta antes de ingresar.


Última edición por Evelyne Dunne el Dom Oct 30, 2016 9:34 pm, editado 1 vez
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Re: We are here again | Evelyne Dunne

Mensaje por Míra Z. Creagh el Jue Oct 06, 2016 8:11 am

La checa se encontraba extrañada. Desde el mismo momento en el que volvió a Escocia siempre acababa teniendo que dejar a Lisa más tiempo del que deseaba;  odiaba tener que estar lejos de la pequeña pero siempre tenía que ir a algún sitio para hacer algo que le quitaba tiempo de disfrutar de Lisa. A veces sentía que estaba demasiado ocupada. Cuando estaba en Estados Unidos, bien cierto era que pasaba mucho tiempo en Salem, pero la mayor parte del día lo dedicaba a estar con ella. Quizás no directamente, puesto que habían días en los que la pequeña no quería saber nada de la checa, pero siempre intentaba hacerla reír, jugar con ella, ir a buscar ingredientes o explicarle como se hacía alguna poción simple.

Hacía tanto... tantos años que no salía por placer, por darse el lujo de pasear con alguien sin una razón concreta, solamente por el hecho de querer disfrutar de la compañía de alguien que le hiciera bien y le sacara alguna sonrisa. Sin duda esa persona era Evelyne. Desde el mismo momento en el que se conocieron a Salem conectaron. Quizás fue porque ambas eran extranjeras en el país, quizás fue porque adoraban las pociones, quizás fue porque a la checa le recordaba mucho como era en el pasado. Se acabó convirtiendo en una de sus alumnas predilectas, aunque no tuvieran una gran diferencia de edad, y creando unos lazos de amistad que la checa se resistía a que flojearan o se rompiera. Evelyne era del tipo de personas que arrojaban un rayo de felicidad incluso a las personas que daban por perdida la fe de que pudieran ser iluminadas así.

Sus ojos verdes estaba fijos e inexpresivos en los calderos que se exponían en la tienda mas cualquier persona que tuviera algo de conocimiento sobre la checa sabría que por dentro era un hervidero de pensamientos. Había ocasiones en los que ella misma se sorprendía cuando su mente no desconectaba ni un segundo de las pociones, de los ingredientes, de cuantas vueltas debía darle a una poción, si era en el sentido de las agujas o al revés, si debía machacar primero algunos de los ingredientes o no. Su vida giraba en torno a dos cosas. Lisa y su vida profesional. En muchas ocasiones ambas chocaban de forma estrepitosa pero tenía claro, por muy doloroso que fuera, cual sería su elección si tuviera que escoger entre ambas.

Tan anonadada se encontraba que ni el sonido de la puerta abriéndose del Boticario la pudo distraer hasta que alguien se abalanzó sobre ella estrechándola entre sus brazos. Al principio no supo como reaccionar. Estaba bastante desacostumbrada a todo aquel tipo de contactos tan repentinos y su corazón se desbocó asustado hasta que se hubo percatado de quien se trataba la causante de tremendo ataque. Colocó los brazos tras la espalda de la otra joven de cabellos rubios mientras la estrechaba con cariño contra su cuerpo.

En cuanto el abrazo se hubo disuelto le sonrió levemente. —Eso eres tú que me ves con buenos ojos— dijo mientras la estrechaba de nuevo entre sus brazos entonces con más alegría. Parpadeó sorprendida cuando se separó pero no pudo evitar dejar escapar una ligera risa meneando la cabeza hacia los lados. Evelyne tenía la facilidad de hacer reír de verdad, no esas sonrisas que esbozaba por cumplir, la hacía reír de verdad. —¿Y Thomas?— preguntó entonces ella colocando las manos en sus caderas haciendo ver que estaba tan enfadada como ella por el hecho de no haber traído consigo a su hermano pequeño. Dió un paso tras ella hacia la puerta cuando se giró. —Prometo que la próxima vez te invitaré a casa y pasaremos un día los cuatro juntos— recalcó la palabra cuatro y alzó la mano en señal de promesa solemne de que no faltaría a su palabra.

Arqueó ambas cejas y le sonrió acercándose hasta ella y empujándole suavemente del hombros para que entrara en la tienda. En cuanto hubo puesto sus pies dentro fue como si algo dormido en su pecho despertara de golpe. Bañada  por cientos de olores que le recordaban demasiados momentos estrés, de nervios, felices. —Tengo que comprar un frasco de Agua del Río de Lethe— murmuró internándose en el primer pasillo que le vino cercano. No le importaba dar vueltas y perderse entre las estanterías repletas de miles de ingredientes de pociones que la hacían pararse a mirar cada medio paso que avanzaban sus pies. —¿Es cierto lo de Hogwarts?— preguntó mientras golpeaba con un dedo un frasco en el cual flotaban ojos de pez globo.
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Re: We are here again | Evelyne Dunne

Mensaje por Evelyne Dunne el Vie Oct 07, 2016 1:08 pm

La indignación de su semblante se esfumo en el momento en que escucho el reproche por parte de Mira, su pregunta era clara, un contraataque totalmente fundamentado, y es que, si ella le recriminaba no traer a la pequeña Lisa, podía comprender su indignación ante la ausencia de Thomas, y lo peor es que en aquel momento no se le ocurría ninguna respuesta lógica, por más que la mera verdad fuera suficiente, simplemente se bloqueó ante la sorpresa, puesto no se esperaba aquella rápida respuesta, algo absurdo de su parte ya que estábamos hablando de Mira, inteligente, astuta, una bruja que funcionaba perfectamente bajo presión. Debía dejar de subestimarla, sobre todo en las bromas.

- Pues… eso… ahm… Thomas no…

Esbozo una gran sonrisa nerviosa y divertida al no saber que responder, ladeando tenuemente su cabeza, mientras desviaba su mirada en diferentes direcciones buscando inspiración hasta en la mancha del letrero que colgaba sobre ellas. Y entonces, como un halo de luz divina la idea llego a su mente, liberando una risa divertida ante lo obvio de la respuesta, ¿Cómo no lo había pensado antes? Fingió un semblante de indignación sin conseguirlo demasiado, porque no conseguía borrar la sonrisa de sus labios, pero le dio mayor ímpetu a su actuación, al cruzarse de brazos.

- ¿Acaso me crees el tipo de persona que le enseñaría el horrible concepto de irresponsabilidad a mi noble y pequeño hermanito? -Cuestiono llevando la mano a su pecho, mientras negaba con su cabeza aun sin conseguir desaparecer el rastro de sonrisa de su rostro- Thomas está en clases en este momento, como corresponde. Mir… me has decepcionado… -Soltó finalmente antes de volver a reír, puesto que ella más de una vez había faltado a clases en Salem, aunque por supuesto nunca a sus clase de Pociones, eran sus favoritas, y con aquella frase dió por terminada su dramatización, y asentir ante su propuesta de pasar una tarde los cuatro, realmente lo agradecería, al fin y al cabo, tanto Mira como Lisa se habían transformado en parte de su rota familia, una parte demasiado importante.

Ingreso sonriente a la tienda sin quejarse ante el leve empujón que la mujer le dio, sintiendo un nuevo escalofrió agradable al ingresar en aquel lugar y denotar como todos los intensos y diversos aromas inundaban sus sentidos, embriagándola en un mar de recuerdos frente a un caldero, los mejores de su vida. Se volteó tenuemente hacia su acompañante al escuchar sus palabras, asintiendo distraídamente mientras volvía su mirada hacia una nueva especie de raíz, tomándola y acercándola tenuemente hacia su nariz, reconociendo una fuerte nota a tierra y algo similar al ajenjo.

- Interesante… -Susurro por lo bajo antes de levantar su mano e indicar una de las estanterías de la izquierda- Allí vi un poco de lo que buscas… -Susurro levemente pensativa mientras observaba aun el trozo de raíz, analizando sus propiedades, perdiéndose en sus pensamientos y entrando en un estado de ensimismamientos analítico completamente ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor. Dependiendo de cómo la utilizara podría aumentar las propiedades básicas de la Artemisia absinthium e incluso llegar a modificarlas, tal vez sirviera para... La voz de Mir la sacó de golpe de su mundo, desorientándola levemente. Alzó su mirada con confusión, parpadeando rápidamente mientras buscaba el origen de la pregunta, observándole algo confundida sin comprender, ¿habría dicho algo antes?- ¿Qué paso con Hogwarts? -Preguntó totalmente perdida y sin entender a qué se refería en un comienzo- Oh… -Esbozo una tenue sonrisa de culpabilidad mientras se aproximaba a ella y tomaba un frasco antes de extenderlo hacia ella- Agua del aclamado Rio Lethe… -Murmuro observando con detenimiento la botella de cristal mientras asentía- Es cierto, he vuelto a dar clases como maestra de Pociones en la escuela, ¿Cómo lo has sabido? -Cuestiono finalmente con completa curiosidad, volviendo su mirada hacia su acompañante.
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Re: We are here again | Evelyne Dunne

Mensaje por Míra Z. Creagh el Sáb Oct 08, 2016 2:13 pm

No es que le fuera a recriminar nada pero ella misma había aludido a la ausencia de Lisa por lo que tenía que devolverle la pregunta en relación a Thomas. En el tiempo que la checa estuvo viviendo con Lisa en  Estados Unidos nunca se había parado a mantener alguna relación con las personas que conocía allí, nada más lejos de la vida profesional que la ataba y hacía que pudiera mantener los pies sobre la tierra. Pero las cosas habían cambiado radicalmente en el mismo momento que se encontró con Evelyne. Sus ganas de aprender más y más de pociones, se abrir las fronteras de su mente le habían resultado fascinantes, y mucho más en el momento que supo que también era de Reino Unido, y que 'cargaba' con un hermano pequeño a sus espaldas. Le despertó ese instinto maternal que solo sentía por su hija, ese instinto de querer proteger a alguien, de ayudarla y apoyarla aunque no la conociera de nada, de tener un relación con ella. Varias cosas las unían, y sabía que se podrían llevar realmente bien.

Fue una alumna brillante, aunque bien sabía que no asistía a todas las clases, las suyas siempre disponían de su presencia en las primeras filas. Arqueó ambas cejas sin poder evitar esbozar una diminuta y bonita sonrisa en sus finos labios. Después meneó la cabeza alborotando su melena rubia. —Creo que eres de las pocas personas que jamás le podrían enseñar ese concepto de irresponsabilidad— dijo entonces ella con voz serena. Había sido responsable toda su vida cuidando con su hermano, buscándose de la vida de todas las formas posibles para que no le hubiera faltado de nada. Quizás había sido algo irresponsable, en ocasiones, en algunas materias, pero nadie podría decir que Evelyne  era de aquel tipo de personas.

Jamás dejaría de sentir aquella plenitud cuando entraba a una tienda de esa índole. Muchos se agobiarían y solo entrarían en las ocasiones que realmente fueran pertinentes, pero la checa disfrutaba intentando separar cada olor que ascendía por sus fosas nasales. Habían productos idénticos pero de distinta procedencia que era capaz de diferencia con solo una respiración. No necesitaba tocarlos, no necesitaba verlos. Muchos tachaban de locos a aquellos que decían que decían que sentían con el olfato. Los pocioneros sentían con el olfato y, si no lo hacían, no eran verdaderos pocioneros ni estaban allí por amor a lo que hacían.

Apenas ojeó un segundo la raíz que Evelyne portaba en las manos e inspeccionaba con ojo crítico. Esbozó una sonrisa al verla tan contenta y entusiasmada con lo que hacía, y siguió caminando por el pasillo. Internándose entre altas estanterías que contenían todo tipo de frascos con líquidos, animales que golpeaban contra el cristal, arenas, especias... todo lo que pudieras imaginar. O quizás no. Una vez estuvo en Marruecos, en una tienda que la enamoró completamente y que deseaba volver a pisar cuanto antes. Inclinó su cuerpo mientras golpeaba con un dedo el frasco que contenía ojos de pez globo y solo se volvió hasta ella ante su pregunta. Abrió la boca para hablar cuando frente a ella apareció el frasco de Agua del Río Lethe que quería. Siempre le parecieron fascinantes las propiedades de aquel agua; como te hacía olvidar todo si la mezclabas con los ingredientes concretos, como te hacía olvidar parte de tu vida si la mezclabas con otros. Cogió el frasco de la mano de su compañera y lo movió levemente hacia los lados viendo como, aunque lo girara hacia la izquierda, el agua siempre giraba en el sentido de las agujas del reloj. Aquella era una buena forma de saber que no estaban vendiendo algo fraudulento, el Agua de Lethe era algo complicado de identificar si no era de aquella manera.

—Hogwarts— repitió riendo levemente. —Bueno, fui a consultar con el Director unos temas— fue lo único que dijo. Lisa no iba a asistir a Hogwarts, odiaba que no pudiera hacerlo, pero no podía ignorar la realidad de la situación de su hija. —Me alegra saber que no terminó todo en Ilvermorny, tienes mucho que enseñarles a esos jóvenes— se sinceró entonces dándole un ligero apretón cariñoso en el hombro. —¿Thomas no irá a Hogwarts?— preguntó entonces con verdadera curiosidad debido a la edad que tenía el joven, no estaba del todo segura de su asistió a Ilvermorny pero, en ese caso, podría estar de intercambio en Hogwarts para ir con su hermana.
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Re: We are here again | Evelyne Dunne

Mensaje por Evelyne Dunne el Mar Oct 11, 2016 8:33 pm

Al momento en que Mír tomo el frasco, se posiciono a su lado con atención para observar con sumo detenimiento el tenue movimiento qué hacia la rubia con su mano, esbozando una gran sonrisa al ver que sin importar la inclinación que hiciera el agua seguía girando continuamente en la dirección de las agujas del reloj con perfección, sin alteración alguna. Ambas sabían que en aquella tienda no encontrarían malos ingredientes, pero, aun así, observar aquella armonía en las aguas del frasco, lograba calmarla, y convencerla una vez más de que realmente amaba lo que hacía.

Asintió en silencio ante la respuesta que le daba a su pregunta, y aunque le molesto tenuemente la falta de información y el gran aire de misterio que venía en torno al tema, decidió no indagar más allá, después de todo Mír tendría sus razones, y si de verdad ella necesitara saberlo, la mujer se lo diría en su momento, ¿para que insistir? Además, sus siguientes palabras le hicieron perder tenuemente el hilo de sus pensamientos, ante la emoción que le provocaron, mientras asentía continuamente antes de tomar un frasco con algo de pus de bulbotuberculo, desagradable y con un olor algo repulsivo, pero útil no solo para su poción más común, sino como aditamento a muchas elaboraciones, donde su función consistía en estabilizar un ingrediente principal.

- Jamás podría terminarse… -Respondió con rapidez, antes de voltearse a verle sonriente- No puedo imaginar mi vida sin estar frente a un caldero, y cuando te conocí lo que sentía por el arte de las Pociones incluso aumento, siempre quise ser como tú… -Reconoció con total sinceridad mientras sonreía, casi sin darse cuenta del peso de sus palabras, volviéndose una vez más hacia la estantería de ingredientes, perdiendo su mirada en algunos frascos en específico- En Ilvermorny a decir verdad empezó como una obligación, casi para estar cerca de Thomas, pero al poco tiempo entendí cuanto me gustaba enseñar y ver como otros poco a poco se iban enamorando de esto como nosotras… -Susurro con felicidad, tomando otra raíz entre sus manos- A decir verdad, creo que eres la única que puede entender lo que siento al respecto, no concibo la idea de dejar de hacer lo que amo, se ha tornado en mi vida a decir verdad… -Murmuro alzando su mirada hacia Míra, acercándose levemente y colocando una de sus manos cerca de sus labios, como si fuera a decir un secreto- Aunque ambas sabemos que hay dos personas por las que seriamos capaces de dejar todo eso… -Susurro sonriente antes de caminar un poco más por el pasillo, observando los calderos.

De un momento a otro se detuvo, ¿había hablado demasiado? Recapitulo todo lo que dijo, y un tenue sonrojo adorno sus mejillas, ¿Por qué se había sincerado así ante un mero comentario? Aunque no podía sorprenderse demasiado, con Mír se sentía en confianza, en casa prácticamente, por tanto, siempre se sentía a gusto para hablar libremente de lo que fuera, con ella era un libro abierto sin temor alguno a que leyera todos sus secretos, aunque tampoco es que tuviera con ella, no necesitaba hacerlo. Ante la pregunta de Thomas, se giró con rapidez, desviando la mirada con un dejo de tristeza. Por Merlín, cuanto lo extrañaba.

- Mmmm… -Se mordió tenuemente el labio mientras se cruzaba de brazos pensativa- De momento no, tal vez decida venir por su último año, si es que sigo aquí, pero… realmente se ha acostumbrado a Ilvermorny, tiene un buen rendimiento, es capitán del equipo de Quidditch, tiene a sus amigos e incluso creo que novia, sacarlo de ahí sería crueldad, tiene su vida allí… y es feliz… -Sonrió con la mirada algo perdida en el recuerdo de su hermano, hace un mes ya que no había ido a verlo, y se le estaba haciendo horriblemente eterno aquel tiempo, a pesar de que hablaran prácticamente a diario además de las cartas que le llegaban de manera semanal, no era lo mismo.

Alzó su mirada esbozando una rápida sonrisa hacia Mír, sin intención alguna de dejar que sus propios ánimos cayeran, aquel día debían divertirse, ponerse al día, olvidarse de las posibles malas cosas, y por sobretodo disfrutar de la compañía de su querida amiga, porque también la había extrañado muchísimo, y ahora que estaba con ella, iba a hacer que cada minuto contara, por lo que sin más, aun con su sonrisa traviesa, se aproximó a ella y la tomo del brazo con rapidez.

- Entonces ¿Tienes todo lo que necesitas? -Cuestiono mientras comenzaba a avanzar, guiándola con ella para pagar- Quiero que aprovechemos el día, tal vez tomarnos un café, comer algo, después una cerveza en una buena taberna donde pueda haber chicos guapos… -Murmuro divertida mientras la guiaba- ¿Qué dices?
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Re: We are here again | Evelyne Dunne

Mensaje por Míra Z. Creagh el Jue Oct 20, 2016 5:51 pm

Desde que tenía uso de razón supo que aquel era su mundo, que su vida estaría rodeada de ingredientes, pergaminos con intentos de inventar nuevas pociones y miles de tachones, grandes estanterías con frascos de todos los tamaños posibles, con cientos de líquidos de colores diferentes. Supo la tristeza que supuso el hecho de que no se ocupara de la tienda de ingredientes que regentaban sus padres en Escocia pero su pasión no se quedaba solamente en ver los ingredientes, en tocarlos, olerlos… su pasión era mucho más grande de lo que le podría proporcionar aquello. Y nunca se arrepentiría.

Pensar en su familia la hacía sentir culpable. Se lo dieron todo. Fueron el motor, el inicio de todo con aquella pequeña tienda que la introdujo de lleno, desde que solo tenía tres o cuatro años, en el mundo que ahora era el que ella misma había elegido dedicarse en cuerpo y alma.  Y los decepcionó no queriendo ocuparse del lugar. Los decepcionó dejándolos atrás hacía ya una década. La checa había creado decepciones allá por donde pisaba, había sembrado dolor en las personas que quería y no había hecho nada por sanar o enmendar todos aquellos errores que cometió.

Caminó con Evelyne a su lado, mirando los frascos que tenían a ambos flancos hasta que habló y giró el rostro hacia ella un tanto extrañada. Los ojos verdes de la checa reflejaron sorpresa  ante sus palabras. No supo que decir, quedó completamente petrificada, sin saber hacia dónde dirigir su atención en aquel preciso instante. Solamente había actuado como era. Enseñándoles a las chicas que iban a Salem todo lo que sabía, esforzándose por poder darles cosas nuevas cada día y que, al fin y al cabo, acabaran siendo unas grandes pocioneras. Sabía de primera mano que muchas de ellas la superarían con un abrir y cerrar de ojos. El pensar que había acabado siendo una inspiración para alguien que ella misma admiraba también le hacía sentir realmente bien; en parte le ‘reconfortaba’ saber que algo bueno había salido de su huida hasta Estado Unidos.

Cogió una pequeña botella con un líquido marrón que identificó como díctamo. Aquello le hizo esbozar una diminuta sonrisa en sus finos labios, mientras volvía la atención hasta su acompañante. —Me... alegran mucho tus palabras, Eve, no te puedes hacer ni una pequeña idea de lo muchísimo que me alegra saberlo— dijo con la sonrisa iluminándole, realmente, los ojos con felicidad. Esa que tanto escaseaba en la vida de la pocionera. Esa que había quedado relevada a un segundo plano. —Seríamos capaz de dejar esto y de dejarlo todo— asintió con la cabeza lentamente mientras respiraba por la nariz. Ambas lo dejaron todo en su momento por las personas que les daban más sentido a su vida. Evelyn lo dejó todo por Thomas, cuidar de él y sacar a delante a su hermano pequeño. Y Míra se alejó de casa y emprendió una nueva vida completamente sola por ‘proteger’ y alejar a Lisa de todo.

Percibió la tristeza en los ojos de Evelyne y casi se apuró. Se conocían bien. Habían pasado mucho tiempo, tanto entre los muros de Salem como en la casa tanto de una como de la otra, juntas y se podían leer con facilidad. Quizás su amiga era más fácil de leer con aquella vitalidad y alegría que siempre irradiaba, la checa era mucho más seria en todos los sentidos. Escondía cosas eran parte de su pasado, que habían marcado su vida y que creía que no tenían mayor relevancia en la amistad que creía entre ambas. Evelyne sabía quién era el padre de Lisa, sabía algunas de las cosas que habían pasado, pero tampoco era algo en lo que la checa quisiera ahondar y, por aquella razón, nunca lo hizo más de lo necesario. —Seguro que en el último año querrá venir a Hogwarts para poder verte más seguido… quizás te pide que lo apruebes, ¿qué harías?— preguntó con cierta curiosidad y con una sonrisa divertida en sus labios para intentar animar medianamente a su amiga. —Seguro que allí está bien, de todas formas puedes ir a visitar, no es como si lo tuviéramos tan complicado como los muggles— se rió de solo pensar tener que coger tantos y caros transportes para poder ir a ver a su familia.

Rió mientras era arrastrada hasta el mostrador donde pagó los dos frascos que, después de pagados, guardó con cuidado en su bolsa. —¿Chicos  guapos? Creo que ya estoy un poco mayor para ese tipo de cosas— rodó los ojos empujando la puerta y saliendo al exterior donde las golpeó un aire frío mezclado con olor a la calle, nada parecido ni tan emocionante como el olor del interior de la tienda. —El Caldero… ¿quizás? No es un sitio muy allá pero es pasable— comentó mientras se agarraba a Evelyne y tiraba un poco de ella para ir hacia el lugar.


Spoiler:
Me tiré como 5 horas con el post y me ha salido largo pero vacío, lo siento, te quiero
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Re: We are here again | Evelyne Dunne

Mensaje por Evelyne Dunne el Dom Oct 30, 2016 9:33 pm

A decir verdad, había pocas personas que hubieran dejado una verdadera marca en su vida, tenía muchos conocidos, amistades lejanas, pero nadie había dejado una huella tan grande en ella como Míra. La rubia se había transformado en aquella tenue luz que impulsaba a Evelyne cuando creía que no podía seguir, jamás se lo había dicho, ni lo había reconocido en voz alta, pero realmente la mujer frente a ella le había dado fuerzas en los momentos más importantes, sin siquiera darse cuenta, con su mera presencia, su propia lucha continua la había motivado a seguir y recuperar sus fuerzas. Mír no era solo su tutora, tampoco su amiga, era su familia, era parte de esa diminuta, extraña y rota familia que tanto amaba, y estaría dispuesta a sacrificar todo por ella. Le había admirado desde el mismo instante en que le había conocido, su pasión extrema por las pociones le había atraído magnéticamente y se había aproximado a ella con curiosidad en un comienzo, pero al tiempo el cariño que sintió por ella fue transformándose a algo fraternal, no la veía como una madre, para nada, sino como una igual, una hermana mayor en quien podía confiar y apoyarse de necesitarlo.

Pero aun así no estaba acostumbrada a pedir ayuda, por lo que no lo hacía, pero se dejaba influenciar positivamente por Mír de manera indirecta, el simple hecho de observarla luchando diariamente en contra de las adversidades era motivación suficiente para que ella se impulsara en seguir por su hermano, y eso era todo lo que necesitaba, un pequeño faro de luz que la guiara cuando las cosas comenzaban a tornarse oscuras, y aquello era precisamente lo que Míra era para ella, una calidez silente que siempre la acompañaría, prohibiéndole el sentir la soledad que le había embargado desde la perdida de sus padres.

Le admiraba como a nadie, cada una de sus palabras habían sido ciertas, realmente sentía fascinación por la mujer a su lado, se sentía honrada de poder estar en su presencia, y cada logro que acontecía en la vida de su “hermana mayor” la llenaba de orgullo y felicidad. Realmente no creía jamás poder pagar y retribuir todo lo que ella le había dado, todas las alegrías que había significado poder incluirla en su vida, lo bien que le había hecho sentirse parte de algo más grande, de una supuesta familia una vez más, y esperaba algún día poder hacerla sentir, aunque fuera la mitad de lo orgullosa que siempre estaría de ella.

Esbozo una sonrisa sincera cuando escucho sus agradecimientos, sin poder concebir que tuviera algo de que agradecerle, ¿Qué había hecho ella para Mír? Solo podía pensar en todos los efectos positivos que la mujer había tenido tanto para su propia vida como para la de su hermano. Negó sutilmente mientras le observaba con cariño y ternura latente en sus ojos azulados- Es la verdad… solo la verdad, Mír -Le llamo con dulzura, sonriendo ante sus vocablos con respecto a la situación de Thomas, realmente dudaba que su hermano quisiera dejar toda su vida para llegar a un nuevo colegio en su último año, además ella ni siquiera estaba segura de pretender continuar el siguiente año enseñando en Hogwarts. Se había acostumbrado a estar en constante movimiento y sabía que pronto sus ansias de viajar, conocer nuevos lugares y aprender diferentes habilidades, volverían a aparecer llevándola lejos de aquel hermoso lugar- Quien sabe, tal vez sea yo quien vuelva a Estados Unidos, y no al revés… -Respondió divertida, desviando su mirada pensativa ante la pregunta de aprobar a su propio hermano, para luego encogerse de hombros como si dudará de su respuesta, aunque sabía a ciencia cierta, que eso jamás sucedería- Ambas sabemos que tendría que aprobar justamente, y si no lo merece le reprobare con una gran sonrisa, aunque eso pueda costar mi regalo de cumpleaños… -Murmuro llevando una de sus manos hacia su mentón, como si realmente meditara el aprobar a su hermano a cambio de recibir su presente.

Asintió en silencio a la mención de los medios de transporte muggles, y es que de verdad no entendía como podían vivir sin magia alguna, se frustraba automáticamente ante la sola idea de pensar de no poder ver a Thomas cuando quisiera, que de llamarle por una emergencia tendría que esperar días para poder ir a verle, y no simplemente aparecerse ante él. Había muchas cosas que admiraba de los muggles, pero su sistema ineficiente de viajes no era una de ellas.

Pago sus compras, guardándolas rápidamente dentro de su pequeño bolso conjurado con el hechizo de extensión indetectable, otra cosa que adoraba de la magia, no podía imaginarse tener que llevar todas y cada una de las bolsas cuando iba de compras seriamente de nuevos ingredientes, calderos, libros o herramientas, sería un suplicio.

Rio de manera sutil ante sus propios pensamientos, antes de lanzar una gran carcajada por el comentario de Mír, negando divertida con su cabeza- ¿Desde cuándo se es mayor para conocer personas agradables? -La regaño entre risas siguiéndola hacia el exterior.

Al cerrarse la puerta tras de ella, se estiro con algo de pereza mientras tomaba una larga bocanada de aire, sintiendo como un escalofrió recorría su espalda ante el contraste de temperatura en el ambiente, el cual le fascinaba. Sonrió a su amiga y asintió ante su propuesta, apoyando sutilmente su mano sobre la contraria que sostenía su brazo antes de comenzar a caminar calmadamente, deteniéndose frente las vitrinas de algunas tiendas a observar con rapidez sus productos- Me parece una buena idea… -Musito finalmente mientras caminaba, ahogando sus pasos de manera inmediata cuando vislumbro de reojo las letras doradas de un cartel “Artículos de Calidad para Quidditch”- ¡Alto! -Dijo soltándose del brazo de Mír y entrando de manera automática a la tienda, sin dar ninguna explicación previa, perdiéndose entre las exposiciones de artículos.

¿Cómo había sido tan estúpida? El cumpleaños de Thomas era dentro de pocas semanas, y aun no le había comprado nada, no era que tuviera que pensarse demasiado las cosas, tenía visto su regalo desde hace meses, pero aún no había ido a comprarla. Se paseó en silencio y con suma rapidez, pasando de un pasillo a otro en segundos, sin siquiera reparar en que había dejado a Mír a solas a mitad del Callejón, y es que por un momento olvido por completo su presencia centrándose en el hecho de que aún no compraba el regalo para su hermano, ¿y si ya no quedaban? ¿y si no alcanzaba a tenerla para la fecha? Se maldecía por ser tan despistada, se había centrado tanto en sus clases que lo había olvidado por completo, pero entonces la vio y sus ojos brillaron con emoción. Nunca había sido muy fanática de las alturas, pero contrario a ella su hermano era un apasionado, y desde hace tiempo le había prometido una Nimbus 1000, una de las mejores escobas del mercado, y es que, si Thomas Dunne era uno de los mejores jugadores de Ilvermorny solo con una Cometa 280, no podía imaginar las maravillas que haría en el campo de Quidditch con esta nueva adquisición.
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Re: We are here again | Evelyne Dunne

Mensaje por Míra Z. Creagh el Jue Nov 10, 2016 4:24 pm

Mientras caminaban juntas se quedó absorta en sus pensamientos, en las cosas que habían acontecido desde el día en el que decidió volver a Escocia junto a su hija. Sabía que el cambio no agradaría a la pequeña, a ella misma le molestaba en bastantes ocasiones haber vuelto a su tierra natal, dejar atrás la vida que se había labrado con sudor y lágrimas durante todos aquellos años, cuando se fue de casa con tan solo veinte años, con una hija y sin un lugar a donde ir; si se encontrara con alguien en la misma situación pensaría que era una inconsciente, que no sabía lo que estaba haciendo con su vida abandonándolo todo, abandonando la seguridad y la estabilidad que le podía dar sus padres, la ayuda que le podrían brindar hasta que fuera capaz de poder hacer, realmente, algo por sí misma. Pero… lo más seguro es que se quedara callada, apretara los labios y suspirara con cansancio. Ella se fue, ella lo arriesgó todo, ¿que acabó ganando? En cierto modo, pero se perdían tantas cosas en el camino como se ganaban.

Evelyne era una de esas ‘cosas’ que había ganado. Si hubiera terminando afianzando su vida en Escocia posiblemente no habría conseguido ser tutora en Salem y no habría terminado teniendo la relación que tenía con la rubia, la cual se había convertido en uno de los pilares más importantes de la vida de la checa durante su vida en Estados Unidos. Muchas cosas habrían sido diferentes en la vida de Míra si no hubiera tenido a su lado a Evelyne. La vitalidad de la checa había quedado casi apagada cuando se fue de casa, le costaba sonreír o hablar con los demás, los primeros años en los que estuvo en Estados Unidos su contacto con el mundo exterior era el estrictamente necesario, pero la rubia llegó como una antorcha. Iluminando todo a su camino, haciendo que, poco a poco, se animara, fuera capaz de salir algo más allá de comprar o ir a dar clases, que sonriera con asiduidad que, aunque solamente fuera un poco, se recordara a sí misma y no cambiara de una forma tan radical hasta convertirse en una persona que no conocía; alguien que no era ella en absoluto.

Le había brindado una segunda familia y no podría jamás agradecerle ni decirle lo mucho que había significado para ella aquel gesto de amistad; de agradecerle que se hubiera esforzado con ella dejando que tanto la checa como Lisa formaran una familia con ella y su hermano pequeño Thomas. Una pequeña familia rota por circunstancias de la vida que se había conseguido reconstruir de una forma que nadie sospechaba ni nadie fue capaz de predecir. Fue sacada de sus pensamientos y giró el rostro hacia su acompañante, alzando ambas cejas son gesto sorprendido. Lo cierto es que si ella misma pudiera volvería corriendo a su casa en el bosque, volvería a Estados Unidos para refugiarse en los brazos del país que había sido su residencia durante los últimos diez años y que tantas alegrías, tantas tristezas y tantos recuerdos que atesorar le había proporcionado.

—Estado Unidos… ya extraño mi vida allí y llevo escasamente un mes lejos de todo aquello— respondió entonces ella con dulzura en su voz. Pero no podía volver. No podía poner en riesgo la vida de Lisa por querer permanecer en el lugar que se había convertido en su hogar; no podía ser tan egoísta, tenía que hacer lo mejor para Lisa, aunque ello conllevara lo peor que le podría pasar durante los primeros meses. Pero habían cosas que atenazaban el corazón de la checa con más fuerza que el hecho de que su hija no se habituara con rapidez a la nueva vida que iban a construir juntas en Escocia; había otro miedo que hacía que sintiera que su corazón se acelerara cada vez que tocaban la puerta de casa o llegaba su lechuza volando hasta la ventana de la casa.

Le dedicó una sonrisa divertida a la par que meneaba la cabeza hacia ambos lados. Le acababa de recordar a aquellos días en los que era su alumna y le dijo que la tendría que suspender si hacía algo mal, que daba igual la relación que mantuvieran fuera de aquellas paredes de piedra, las cosas debían de ser justas. Por suerte Evelyne siempre fue una de sus alumnas predilectas, siempre con aquellas ganas de aprender, de experimentar con todo lo que había a su alrededor, y con aquella perfección, a la hora de elaborar pociones, de la que solamente podían presumir las personas que tenían verdadero amor por lo que estaban haciendo.

Por lo siguiente rodó los ojos. —Desde que sabes que no soy buena conociendo a personas— dijo caminando con tranquilidad. ¿Cuándo había sido la última vez que habló con una persona desconocida sin ser estrictamente necesario? Sí, lo sabía. Tuvo una pareja y la conoció de una forma bastante casual, pero aquello ya hacía demasiado tiempo y la experiencia no fue lo suficientemente buena como para querer repetirla.  La calle se encontraba completamente tranquila. El curso ya había empezado por lo que los peores días para pasear por el callejón diagón habían pasado, ya no se chocaría con decenas de niños con calderos llenos de libros ni con madres histéricas porque se acabó la última edición de un libro que precisaban.

Casi tropezó con un adoquín en el momento en el que gritó ‘¡Alto!’ y se soltó de su brazo para entrar en una tienda como si de una centella se tratara. Parpadeó sorprendida mientras leía el cartel de la tienda. Una tienda de quidditch. Esbozó una pequeña sonrisa siguiendo a su amiga, la cual ya había desaparecido en el interior del local desde hacía ya varios minutos que la checa necesitó para ubicarse. En el mismo momento en el que abrió la puerto la inundaron olores a madera de cerezo, puede que también algo de sauce, cuero, barniz… Miró hacia ambos lados en busca de su amiga  y solo dio con ella pasados unos minutos que se encontraba totalmente perdida. Si al menos allí hubiera estado su amigo habría… bueno, no, lo más seguro es que también la habría abandonado en busca de algunas de esas pelotas extrañas que usaban para jugar o en mirar las escobas de las que disponía el local. Cuando hubo dado con ella se acercó y miró lo mismo que ella. —¿Vais a hacer un equipo de profesores en Hogwarts?— bromeó entonces ella con una sonrisa. —Porque creo que hay alguno que sabe de quidditch— continuó cruzándose de brazos pero, después, haciendo un gesto con la mano para que no le preguntara sobre el tema.
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Re: We are here again | Evelyne Dunne

Mensaje por Evelyne Dunne el Dom Nov 13, 2016 1:40 am

¿Cómo podía ser tan estúpida? ¿En qué clase de universo paralelo había estado viviendo aquellos últimos días? ¿Qué clase de mala hermana era? Se sentía la peor persona del universo, y no estaba exagerando, Thomas siempre había sido la mayor de sus prioridades, y no llevaba mucho tiempo separada de él y ya había seudo olvidado comprar su regalo de cumpleaños, vale que si lo había mirado hace semanas, pero aun así aun no lo tenía en sus manos, y la famosa fecha se aproximaba. No dejaría de regañarse mentalmente por ello hasta que tuviera la dichosa escoba en sus manos, envuelta y lista para que su hermano se maravillara con ella. Paso con rapidez por la sección de los bates, los guantes y uniformes, deteniéndose únicamente un segundo a observar unos hermosos guantes en oferta, eran perfectos, y en un impulso los tomo con rapidez antes de acercarse a la parte de las escobas, teniendo que resistir sus impulsos de tomar algunas otras protecciones para completar el uniforme de su hermano.

A cada paso que daba aproximándose a la sección de escobas sus sentidos se iban impregnando del intenso olor a madera y barniz recién aplicado, incluso podía jurar que denotaba la diferencia entre el intenso olor del roble o del sauce, obviamente imaginaciones suyas. Su camino la llevaba directamente hacia la Nimbus 1000, hasta que por el rabillo de sus ojos vislumbro un gran cartel dorado al final de la tienda, se volteó con rapidez al tiempo que sus ojos se abrían presos de la sorpresa al leer “Nimbus 1900”- Imposible… -Susurro con incredulidad mientras se aproximaba hacia la escoba, catalogada según lo que describía el cartel, como la mejor escoba de la época, velocidad, flexibilidad y estabilidad todo en una sola escoba, que aseguraba hacer del peor de los jugadores una estrella, y de los talentosos unos dioses en el aire. Se mordió el labio con cierta duda mientras releía todo y observaba la forma magnifica del objeto, para luego armarse de valor y pasar a la parte del precio, cerro sus ojos con temor antes de llegar al monto, pero finalmente los abrió liberando un tenue suspiro de alivio, puesto era menos de la mitad del monstruoso valor que había pensado previamente.

Se sobresaltó por completo al escuchar la voz de Míra, puesto realmente había olvidado la presencia de la rubia. Se giró con rapidez a observarla con expresión confundida, que se desvaneció de inmediato al escuchar sus siguientes vocablos; ¿Qué conocía a uno de los maestros? Enarco una ceja con curiosidad e interés a ese dato, las cuales solo se acrecentaron al observar el gesto que su amiga hacía, declarando que no quería hablar del tema, pues lastima para ella, la memoria de Evelyne en esas cosas era perfecta, y ya se lo recriminaría algún día, además no se quedaría sin averiguar algo.

- Por supuesto que no, Mír, por favor… ¿Con quién crees que hablas? -Cuestiono con un tono casi ofendido mientras se cruzaba de brazos, sin soltar los guantes que acababa de tomar, ni remover su mirada de la escoba frente a ella- Con suerte puedo sobrevolar en una escoba sin tener un ataque de pánico… -Murmuro con suma exageración, puesto desde hace años había ido apagando su creciente miedo a las alturas, gracias a su propio hermano quien era un fanático de ellas- Y no creas que olvidare el tema… -Declaro sin decir mucho más de momento antes de suspirar y descruzar sus brazos levemente rendida- No falta mucho para el cumpleaños de Thomas… -Susurro desordenando sus cabellos, antes de acomodar un mechón tras de su oreja y suspirar- Había olvidado comprar su regalo con todo lo de las clases y el volver y… -Libero un nuevo suspiro pesado antes de descender su mirada y negar sutilmente- No había regresado desde su muerte y… ha sido un poco más difícil de lo que imagine… -Confeso con naturalidad en un tono calmado antes de alzar su mirada y encogerse de hombros, y es que realmente lo que más difícil se le había hecho había sido estar tanto tiempo sin su hermano, extrañándolo, su compañía, sus bromas pesadas, sus risas, incluso sus quejas, todo.

- Bien… -Asintió volviendo a mirar la escoba y desviando su atención hacia el dependiente de la tienda- ¡Llevaré esta! -Indico con una de sus mejores sonrisas antes de aproximarse a la caja y dejar también los guantes sobre el mesón, disponiéndose a pagar todo con rapidez. Una vez recibió todo, hizo un rápido hechizo para encogerles y guardarlos en su bolso- ¡Estoy lista, ahora si podemos ir por esa cerveza! -Dijo con ánimos renovados mientras alzaba una de sus manos para dar más hincapié a sus vocablos, sonriendo divertida a la mujer a su lado antes de salir de la tienda, puesto cada segundo dentro aumentaba el vacío que sentía ante la ausencia de su querido Thomas.
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