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Pyjama Party || Ricky Over

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Pyjama Party || Ricky Over

Mensaje por Catrina S. Creagh el Sáb Oct 01, 2016 6:29 pm

Recuerdo del primer mensaje :

La muchacha, empapada de cabeza a pies, se cubrió la cabeza con un periódico en una lengua que no lograba entender todavía y corrió hasta la puerta de la residencia. Era un intento bastante fallido de protegerse de la lluvia que caía de forma casi violenta, acompañada además por un viento hostil que poco ayudaba a todo eso, consiguió llegar al cobertizo que protegía la entrada del que se había convertido en su segundo hogar. La verdad es que, pese a ser medio escocesa y conocer de sobra los climas lluviosos, todavía no se acostumbraba a las lluvias que parecían acechar su nuevo hogar de estudio esa semana. Y la verdad es que no terminaba de gustarle. Tiró el periódico mojado dentro de una papelera que le quedaba cerca y abrió la puerta de la residencia, tiritando. Se frotó los brazos y miró a su alrededor antes de dirigirse hacia el cuarto que le habían asignado tras el desastre en el Reino Unido.

Cuando llegó se quedó mirando durante unos segundos la puerta que tenía al lado, donde dormía uno de sus compañeros, pero el frío hizo que terminara por meterse dentro de su habitación. Allí se dio una ducha caliente, dejando que el frío saliera de su cuerpo, y al terminar se secó el pelo en seguida, por falta de ganas de pillar un catarro que la hiciera ser un moco andante durante tres semanas seguidas. Se vistió de forma sencilla, con algo que no era un pijama pero poco le faltaba para ser considerado como tal, y se puso una sudadera por encima antes de salir de su cuarto y plantarse delante de la puerta de su vecino.

Tomó una bocanada de aire antes de llamar a la puerta del chico. Necesitaba hablar con alguien que no pronunciara una de sus lenguas madre como si tuviera una patata hervida en la boca, necesitaba la compañía de alguien de casa y, siendo sinceros, él le gustaba, se le veía buen tío, y ella estaba segura de que el hecho de estar lejos del sitio de origen unía a la gente, así que no dudó más y llamó a la puerta de su vecino con los nudillos de los dedos.
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Re: Pyjama Party || Ricky Over

Mensaje por Catrina S. Creagh el Sáb Nov 12, 2016 11:01 am

El pánico máximo de la rubia en esos instantes era que su amigo le espetara que estaba loca. Que le dijera que una relación como esa no tenía futuro alguno. Que argumentara que, siendo él un auror en activo, trabajando y viviendo lejos, y siendo ella solamente una estudiante que se había tenido que mudar a Bulgaria, eso no podía terminar bien. Que él tenía una vida arriesgada y llena de trabajo y ella era solamente una estudiante. Que él estaba por encima de ella en todos los sentidos. Todo eso eran cosas que Catrina ya se había planteado, miedos que aparecían cada vez que se ponía a pensar en Sebastian y en todo lo que estaba empezando a significar el muchacho para ella. Claro que luego pensaba en su sonrisa o en su mirada, en el cosquilleo que se le despertaba en el estómago cuando hablaban. Entonces se le pasaban, convencida de que tenía que centrarse en el optimismo y en las posibilidades de que todo saliera bien. De que realmente pudiera tener alguna posibilidad con él.

Soltó una risilla entre divertida y nerviosa cuando Ricky dijo que se lo presentara y se pasó una mano por el pelo, asintiendo para darle a entender que había comprendido que se trataba de una broma. Una sonrisita autoconsciente cruzó el rostro de la muchacha ante la observación de Ricky. Tenía demasiada razón, ella era un libro abierto y no solo cuando se trataba de amigos o familiares. Lo era con todo el mundo. No se le daba bien esconder lo que le pasaba por la cabeza a no ser que fuera algo muy premeditado o que la situación lo ameritara realmente —Tienes razón, soy demasiado obvia— sonrió, sin poder ocultar cierta timidez en sus palabras. Siempre le había pasado lo mismo, toda su vida. Con su hermana, con sus amigas, con sus pocas parejas. Siempre. Y nunca la había perjudicado demasiado, es decir, era una forma de sinceridad no planeada que siempre iba bien. Solamente esperaba que esa no fuera la primera vez, no cuando se trataba de alguien que a ella le gustaba realmente.

Se rascó la nariz, que le había picado con el gesto de su compañero, y se dispuso a responderle al muchacho cuando preguntó si podía darle su opinión. Claro que no le dio tiempo, pues Ricky dejó claro que se la daría aunque no quisiera, por lo que la rubia se limitó a escuchar y asentir con la cabeza. Y las palabras de su amigo le sonaron a sabiduría hecha palabra. Todo lo que decía tenía lógica. Sebastian accediendo a visitarla sabiendo que a ella le gustaba él… Algo tenía que haber por su parte, ¿no? Escucho las tres razones de Ricky con una sonrisa llena de cariño en los labios. Cariño hacia él, que la veía con muy buenos ojos.

La reacción de Catrina fue abrazar a su amigo hasta quedar los dos tumbados en la cama. Le pasó una mano por el pelo y le dio un beso en la mejilla, contenta de tener a alguien con tal capacidad de darle un empujón hacia arriba a su autoestima de constancia dudosa. Se quedó jugando con una punta de las sábanas de la cama de Ricky y asintió con la cabeza —Supongo que tienes razón— dijo, aunque no muy segura —. Es decir, vendrá a verme. Eso tiene que significar algo. Lo de que soy guapa y divertida lo podríamos discutir mucho. Es decir, sé que no soy un horror para la vista, pero él… En serio, es el tipo de chico que pensaría que está fuera de mi alcance. Por todo. Pero no lo sé, tal vez tienes razón y le gusto. Ni que sea un poco— estiró los brazos, todavía pensativa con todo el tema —. En cuanto a las galletas… Bueno. Son las mejores del mundo, eso no lo vamos a discutir. Si nuestra… Quedada, porque no quiero llamarlo cita, va bien, la próxima vez tendré una bandeja de galletas lista. Solamente para él— miró al techo y luego desvió la vista hacia su compañero con una sonrisa traviesa y un tono jocoso en sus siguientes palabras —¿O lo de las galletas solamente era una forma indirecta de decirme que hace días que no cocino y no puedes vivir sin ellas?— bromeó.
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Re: Pyjama Party || Ricky Over

Mensaje por Ricky M. Over el Sáb Nov 12, 2016 5:27 pm

Le alegró percatarse, gracias al abrazo de su amiga, que sus consejos resultaron de su agrado. El francés no se consideraba un hombre sabio, ni tampoco un experto en el amor —más bien experto en desengaños amorosos— pero intentaba brindar a su amiga una opinión simple y sincera. Ante los ojos añiles del aprendiz, Catrina era un gran partido. Una persona guapa, divertida, amable y cuya presencia le reconfortaba. De haber sido un hombre, Ricky no dudaría en escogerle como compañero, entendía que cualquier otro estuviera inclinado a tomar la misma decisión. Rodeó a su amiga con los brazos y sonrió ampliamente, feliz por el contacto, se consideraba una persona cariñosa que disfrutaba demostrando su afecto a las personas que amaba.

Mientras que Catrina expresaba sus opiniones, el francés se dedicó a acariciar su melena rubia, fascinado por su tacto de seda. Ricky era un oyente silencioso, pero chistó en protesta de un comentario que dejó caer su amiga entre sus reflexiones.—No repitas eso—Regañó observándola cuan cerca estaba, una proximidad que le permitiría contar sus pecas.—Nadie está fuera de tu alcance—Declaró molesto. Adoraba a Catrina, no quería escuchar como su amiga se menospreciaba, por maravilloso que pudiera ser el auror, Ricky descartaba que estuviera por encima de su amiga en algún sentido.

Dejó escapar una risa, encogiéndose de hombros después.—Ambas cosas son ciertas, vivir sin tus galletas cada día es más difícil, espero que cuando te cases con tu maravilloso auror no cocines solamente para él.—Bromeó. Por alguna razón, disfrutaba cuando su amiga le hablaba sobre su relación, le gustaba percibir el tono de ilusión que teñía cada palabra, las sonrisas prendadas y los sonrojos que acompañaban a cada alusión a su pretendiente. Él mismo reaccionó así en alguna ocasión, demasiados años atrás, confiaba que las ilusiones de Catrina no desaparecieran como otrora ocurrió con las suyas.

Miró de soslayo la ventana, su cristal empapado gracias a la lluvia. El cielo había oscurecido considerablemente desde la llegada de Catrina, jamás lo habría adivinado de no estar la ventana a su disposición, el tiempo juntos le había pasado volando. Bostezó, agotado y somnoliento. Le apetecía dormir, pero no quería quedarse solo. En soledad, los malos recuerdos le acechaban, impedían que durmiera. Recordaba la guerra, recordaba a su padre, recordaba a su amiga y, herido gracias a los recuerdos, se ahogaba en el pasado. Cada vez que cerraba los ojos veía los rostros de las personas que tanto quiso, razón por la que evitaba dicha acción. Estar con Catrina tenía el efecto contrario, le hacía reír, se sentía feliz junto a ella pues le distraía de modo que no pensaba en malos recuerdos.—¿Dormirías conmigo?—Preguntó repentinamente, su mirar azul puesto en el techo. Recordó el verano que pasó viviendo con su mejor amiga, dormido cada noche abrazado a ella. «Está muerta» El pensamiento trajo consigo un escalofrío que recorrió su columna vertebral y un vacío en el pecho que nada podría llenar nunca.
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Re: Pyjama Party || Ricky Over

Mensaje por Catrina S. Creagh el Sáb Nov 12, 2016 9:33 pm

La seriedad de Ricky cuando le dijo que no mencionara eso hizo que sonriera un poco, de forma casi inconsciente. Ver a su amigo negando la inferioridad de la muchacha frente al auror era un gesto que se le presentó como un salvavidas, dispuesto a mantenerla segura en ese vaivén que era su autoestima. Tan poco estable, tan volátil. Porque si Ricky pensaba que ella no tenía nada que envidiarle a un auror, ¿quién era ella para negar tal cosa? Pasó un brazo por sus hombros y pegó su frente a la mejilla del muchacho durante unos segundos, para después sonreírle y asentir levemente —De acuerdo, no volveré a decirlo. Lo intentaré— aseguró. E intentarlo ya sería una tarea complicada para ella, que tendía a admirar muchísimo a la gente en general y a colocarse automáticamente por debajo de todos. Un complejo de inferioridad que había acarreado durante años y que no sabía del todo cómo solucionar.

Medio abrazando a su amigo, Catrina negó con la cabeza y movió la mano, como si con el gesto pudiera descartar lo que estaba diciendo Ricky —Estás de suerte entonces, porque pensaba hacer galletas mañana— informó la aprendiz de auror con una sonrisa en los labios, esperando que eso alegrara a su compañero —. Y no seas tonto… Si algún día me caso, que lo dudo, porque ya sabemos que yo y el tema de las relaciones somos incompatibles, vas a venir a comer a mi casa mínimo una vez a la semana y te vas a llevar cestas de galletas siempre que vengas— le aseguró. Y lo mejor de todo era que lo decía con total sinceridad. La de Ricky era una amistad que valoraba por encima de todas las demás, consciente de la valía que tenía en todos los sentidos. Era su compañero en la academia, su punto de apoyo, su forma de no desmoronarse y no sentirse sola. Era alguien en quién podía confiar sin importar lo que pasara, alguien a quién podía contarle sus cosas sin miedo a ser juzgada. No planeaba que eso cambiara en mucho, mucho tiempo, y quería dejárselo claro.

Se quedaron en silencio. Catrina le miraba a él, y el bostezo del muchacho se le contagió. Bostezó también y recordó las palabras que una vez le había dicho su madre. Que bostezaba siempre cuando lo hacía otra gente porque era muy empática. Eso siempre le había causado cierta gracia a la rubia, hasta que comprendió que tal vez en ocasiones llegaba a ser demasiado empática. No dijo nada, con miedo de romper el silencio que se sostenía por la cadencia rítmica de las respiraciones de ambos. Pensó en cuan agradable era poder tener ese momento de abstracción junto a él. Un momento de silencio que para nada se hizo incómodo. Un momento de poder pensar en compañía del otro sin sentir la necesidad de decir algo aleatorio por miedo al silencio, a quedarse sin temas. Catrina sabía perfectamente que no se quedaría sin temas de conversación, tratándose de ella y de Ricky. Simplemente necesitaban ese instante.

Ricky fue quien lo rompió. Le preguntó si dormiría con él. Catrina apartó la mirada del cristal de la ventana y observó la piel de su amigo, haciendo viajar sus ojos hasta los de él. Se incorporó un poco y asintió con la cabeza —Claro, ¿por qué no?— sonrió, acariciándole el brazo con suavidad al muchacho. Si él lo pedía era por algo, y a ella también le agradaba la idea de no quedarse sola una noche más. Dormir en compañía de su amigo podía ser una buena forma de pasar una noche diferente, sin tener que dormirse tras horas de pensar y enterrarse en un círculo vicioso de ideas y pensamientos en su mayor parte corrosivos para la muchacha. Una hermana a la que no veía, un auror que iría a visitarla para tener algo parecido a una cita con ella, el hecho de estar lejos de casa, su familia… Todo eso se sumaba en un cúmulo de nerviosismo para la muchacha. Se preguntó qué sería lo que había hecho que Ricky le pidiera que se quedara. Se tumbó a su lado otra vez y tomó una bocanada de aire —¿Estás bien?— preguntó, consciente de que esa pregunta escondía tantas otras. Un “¿Qué te pasa?”, tal vez, un “¿a qué ha venido pedirme que me quede?”. Un “¿Qué significa la mirada que veo en tus ojos ahora mismo, la que me deja ver un vacío complicado en el fondo de tus ojos?”.
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Re: Pyjama Party || Ricky Over

Mensaje por Ricky M. Over el Dom Nov 13, 2016 11:41 am

Pocas noticias podrían ilusionar más al francés que saber que al día siguiente se despertaría con el olor a las galletas recién hechas que preparaba su amiga. Una noticia alentadora, pues era suficiente motivo para levantarse el día de mañana, una razón de peso para querer vivir un día más.—Te tomo la palabra, tendrás que comprar muchas cestas—Contestó al instante. Si Catrina pensaba mantenerlo en su vida, no sería él quien se negaría a tan tentadora invitación. La visita de un extraño interrumpió su conversación, el silencio. Estando juntos, los futuros aurores no tendían a ceder terreno al silencio, solían hablar incluso cuando no era necesario, aunque lo que dijeran no tenía ningún sentido. Uno de los mayores encantos de su amistad se basaba en que siempre estaban dispuestos a decir algo. Charlaban sobre trivialidades, se confiaban sus preocupaciones o llenaban el vacío con risas. No obstante, en ocasiones la llegada del silencio es inevitable, y el francés lo disfrutó como cualquiera de sus momentos. Porque lo fue, fue un momento que ambos compartieron, nada parecido a los miles de silencios que Ricky asumía solo, era distinto. Estando acompañado de una persona amada, ni el silencio parecía tan solitario.

El mismo causante del silencio salió de sus tristes ensoñaciones y expulsó al visitante con la formulación de una pregunta personal. Sin apartar los ojos del techo, aguardó por una respuesta que no tardó en llegar.—Gracias—Agradeció, sonriendo levemente tras procesar su contestación afirmativa. Dejó espacio a Catrina cuando se tumbó junto a él, optando por seguir siendo lo más sincero posible con su amiga.—No—Confesó, sin añadir más al respecto. Preferiría acomodarse previo a sumirse en una conversación profunda que no sabía con certeza si estaba preparado para mantener. Ahuecó la almohada antes de recolocarla bajo sus cabezas, levantó las sábanas y cubrió con ellas a ambos amigos. El frío de Bulgaria era suficientemente insoportable para que Ricky tuviera, como mínimo, dos pares de mantas en la cama. El fuego seguía crepitando en la chimenea, no tardaría en apagarse y el calor que irradiaba se volvía cada vez más leve y sutil.

La cuestión es que Ricky se tomó su tiempo antes de hablar, pues tenían toda la noche por delante. Rodeó con el brazo la cintura de Catrina, abrazándose a ella con consideración para evitar sofocarla. Definitivamente se sabía más calmado estando su amiga junto a él, como un infante aferrándose a su peluche en mitad de la noche para superar el miedo.—Me siento perdido—Contó, unos tres minutos después de haber sido formulada la cuestión. Cogió aire, consciente de la llegada de su enemigo mortal: el momento de explicarse. El francés no era bueno con las palabras, era incapaz de plasmar en ellas sus sentimientos, desearía que existiera una alternativa para transmitir esas sensaciones de un modo que no incluyera las palabras. Si bien su elocuencia mejoró con el transcurso de los años, seguía siendo escasa en comparación con la de otros.—Es que he cambiado mucho, últimamente me siento triste e insatisfecho—Confesó, molesto consigo mismo. Añoraba el optimismo que antaño le acompañaba en cada situación, incluso en las peores, una alegría arrolladora.—El problema es que no soy el tipo de persona que debería sentirse así, es la primera vez en toda mi vida que no puedo ver el lado bueno de las cosas.—Se sentía en un cuerpo extraño tras las duras circunstancias que cambiaron su carácter por fuerza, a base de golpes.—No, creo que el problema es que ya no sé ni quién soy—Admitió con tristeza, haciendo pública una verdad que hasta el momento se negaba a asumir. Recostó la frente en el hombro de Catrina e inhaló su aroma a vainilla y lavanda. En compañía de su amiga volvía a sentirse la persona que era antes de estallar el conflicto, esos breves momentos valían oro para él y no podría sentirse más agradecido de tenerlos.

Llevaba años esperando que terminaran los tiempos oscuros, y ahora que todo ha terminado, que se supone que ha llegado la paz.. no la disfruto—Susurró casi inaudible. Se sentía demasiado egoísta como para pronunciarlo en voz alta.—No entiendo el porqué, no sé qué estoy esperando—Concluyó con un suspiro. Un cúmulo de sonidos contribuían a formar un ambiente relajante: la lluvia, el fuego y sus respiraciones.
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Re: Pyjama Party || Ricky Over

Mensaje por Catrina S. Creagh el Sáb Dic 03, 2016 9:59 am

Esbozó una pequeña sonrisa cuando su compañero dijo que tendría que comprar muchas cestas. Porque eso para ella no suponía ningún problema, no con la maravillosa perspectiva de poder compartir un futuro con Ricky y no perder jamás esa amistad tan pura y tan suya que compartían. Sin duda el francés era la luz que impedía que Catrina se hundiera en la miseria de ese lugar tan desconocido, y pensaba mantenerle a su lado durante mucho, mucho tiempo más. Siempre que él la dejara, por supuesto, pero parecía que no iba a haber problema con eso, no por el momento como mínimo. Dejó que Ricky los acomodara a ambos bajo las sábanas y mantas y apoyó la cabeza en la almohada de su compañero, sin querer moverse de su lado. Estaba algo preocupada, por supuesto, y en esos instantes priorizando al máximo todo lo que pudiera ayudarle. En ese caso, mantenerse a su lado y escucharle.

Se le daba bien escuchar a las personas, escuchar sus problemas, asimilar todo tipo de historias, monólogos y explicación de sentimientos. No solía interrumpir a sus interlocutores, prefería dejar que hablaran y que, a medida que lo hacían, fueran reflexionando sobre lo que les pasaba, pues era entonces cuando, en la mayoría de casos, surgían as mejores respuestas. Y para ella saber escuchar era algo muy importante. Bajo la mirada atenta de sus ojos azules y sus oídos abiertos, Catrina había visto a gente tímida sintiéndose de repente más libres y valientes, a gente torturada y agobiada volviéndose confiada y alegre. Había visto indecisos saber lo que querían con solo ser escuchados. Así que eso hizo. Escuchó con impecable atención las palabras del francés y acarició el brazo del muchacho mientras le decía lo que conseguía turbar su mente. Una sonrisa comprensiva apareció en sus labios, sabiendo lo que sentía Ricky. Un vacío extraño, una sensación de estar perdido en el mundo. Tal vez insignificancia, tal vez falta de confianza en uno mismo. Pero Catrina tenía clarísimo que el francés era único e importante a su manera, y que todo problema que se le pudiera presentar lo superaría.

Dejó que terminara de hablar antes de tomar ella la palabra. Levantó una mano y la enredó en el pelo oscuro de su amigo, mirándole a los ojos —Puede que no sepas lo que estás esperando hasta que te lo encuentres encima— se encogió de hombros —, un día estarás pensando en lo vacío que te sientes y al siguiente pasará algo que hará que todo cobre sentido. O pensarás algo, o llegarás a una conclusión que te hará cambiar tu forma de ver el momento de tu vida en el que estás— susurró. Le dio un beso en la mejilla al chico y se quedó abrazándole, sin temer molestarle al saber cómo era su compañero en esos temas y cómo recibía siempre sus abrazos —Además, es lo que has dicho tú mismo. Llevabas años esperando a que terminaran esos tiempos oscuros. Tu meta era el fin de esa época, no lo que vendría después. Supongo que lo veías como un objetivo muy claro pero lejano y difícil, tan difícil que no sabías lo que vendría después. Tal vez ni te habías parado a pensarlo. Y la destrucción del Salvio Hexia, el hecho de tener que mudarnos aquí, todos los estragos de los últimos meses… Nada de eso habrá ayudado— reflexionó.

Acarició con cuidado el hombro y el brazo de su amigo, dejándose unos segundos más para pensar en cómo quería continuar su pequeño discurso —No te lo tomes como algo a lo que has llegado, como un punto marcado en tu vida. Es… Es solamente una transición. Estás perdido y sin saber quién eres, porque tenías clara tu existencia en otras circunstancias y ahora te han desmontado todos los esquemas. Pero es una fase. Porque sé que eres fuerte, y que con el tiempo vas a ser capaz de darle un sentido a todo otra vez. Vas a poder encontrar lo que te falta, vas a ser capaz de lidiar con aquello que te frene y, por favor, estoy segura de que vas a ser el Ricky que no se sentía ni triste ni insatisfecho— sentenció. Dejó un poco más de silencio y abrazó al muchacho con más fuerza —. Y aunque tardes en pasar esta etapa de transición, me vas a tener a tu lado para lo que haga falta. Eso lo hace todo diez veces mejor, ¿no?— bromeó, besando la mejilla de Ricky con suavidad.
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Re: Pyjama Party || Ricky Over

Mensaje por Ricky M. Over el Dom Dic 04, 2016 6:34 am

Haberse confesado contribuyó a sentirse consolado, desenlazó uno de los muchos nudos que oprimían su pecho e impedían respirar y pensar con claridad. En ocasiones, uno no habla esperando un consejo que solucione sus preocupaciones, sino que lo hace únicamente con la intención de desahogarse, y pronunciar en voz alta el problema es también el primer paso para solucionarlo. Las preocupaciones mencionadas ya rondaban al francés meses atrás, como una nube tóxica, en primer lugar inofensiva pero, tras un tiempo respirando su contextura, con resultados altamente venenosos. La confesión de Ricky fue el comienzo, aguardaba un largo camino en el que debería conseguir desintoxicarse de los sentimientos que estaban envenenándole. El mérito de su confesión debía atribuirse a cierta joven cuya mera presencia inducía a un estado de confort, calidez y confianza que invitaba a hablar. Era una información que el futuro auror no ignoraba, por esa razón abrazó a Catrina cuando terminó de hablar. Su confidente, su antídoto, su amiga.

En el exterior la tormenta alcanzaba la calma. La lluvia aminoró la furiosa velocidad con la que hasta entonces repicó desconsideradamente contra ventanales, tejados y adoquines. El húmedo sonido de las gotas cayendo se relajó, retomando el rasgo tranquilizador. En su interior ocurrió algo similar, una vez desahogado se sintió tan aliviado y agradecido que dudaba que pudieran hacerle sentir mejor. Ricky Over jamás sería perfecto,  redondeando debía haberse equivocado unas dos mil setecientas ochenta y cinco veces en toda su vida, sumándole un uno a la cifra cuando Catrina comenzó a hablar, demostrando que el francés erraba al pensar que nada podría hacer que se sintiera mejor.

Entre sus opciones no barajaba ser tan perfectamente comprendido, su amiga expresó un resumen exacto sobre sus pensamientos, complementando el discurso con una justificación que su humildad no le habría permitido ni plantearse. En medio de las palabras de aliento, se asomaban muestras afectivas que el francés disfrutaba y correspondía gustosamente. El tiempo y las circunstancias que arrancaron de su vida a algunas de sus más valiosas amistades casi consiguen hacer que olvide la sensación que Catrina le proporcionó en ese momento. El calor, el cariño en una palabra o gesto, un sentimiento de amistad pulcro y sincero que ni los tiempos oscuros pudieron erradicar.

Sin interrupciones, esperó que Catrina terminase de expresar su opinión, de vital importancia para él. Sus párpados casi sucumben a la tentación de dejarse caer, aletargados gracias a ciertas caricias reconfortantes. Sin embargo se contuvo, pues quería contemplar la inmensidad de sus ojos azules mientras que escuchaba aquello que parecía esforzarse por decir. Las palabras de consuelo de su amiga fueron esperanzadoras, más que nada Ricky quiso creer que estaba en lo cierto. Prefería estar pasando por una mera transición, una etapa temporal que pasaría pronto y, con su final, tomaría de nuevo el rumbo de su vida. Aunque le atemorizara la simple idea de intentar recuperar su vida pasada, también sabía que retomar los lazos familiares debería ser el primer paso de esa transición.

Muchas gracias.—Murmuró sincero, con la voz ligeramente tomada por la emoción.—Si estás ahí con un plato de galletas preparado las cosas serán siempre diez veces mejor.—Confirmó.—Tú sí que eres buena con las palabras, deberías ser presentadora o locutora de radio.—Sonrió, visiblemente más animado.—O una de esas personas que tienen columnas en las revistas dedicadas a dar consejos a la gente sobre su vida personal. No estoy bromeando, yo te pediría consejo, sería tu mejor lector.—Insistió, recordando las revistas muggles que solía leer mientras esperaba en la sala de espera de la consulta médica de su padre. Costaba creer que hubieran transcurrido más de diez años desde aquellos tiempos.—Es curioso que tu visita sorpresa se convirtiera en una noche de confesio..—Un bostezo acudió sin previo aviso e interrumpió la frase.—..nes.—terminó de decir con semblante somnoliento.

¿Te importa si apago la luz? —Preguntó entrecerrando los ojos.—Podemos seguir charlando si te apetece, será igual que antes pero con la ventaja de que no tienes que verme la cara.—Bromeó, ahogando después otro bostezo que dominó su cuerpo, indicándole que debía darse un merecido descanso cuanto antes.
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Re: Pyjama Party || Ricky Over

Mensaje por Catrina S. Creagh el Vie Dic 30, 2016 11:48 am

Supo que sus palabras tenían el efecto deseado. Lo supo incluso antes de que Ricky se lo dijera. Por su mirada que, aunque somnolienta, denotaba reflexión. Tal vez por el silencio que dejó una vez ella terminó de hablar. Tal vez porque eso que compartían ambos era lo suficientemente poderoso. Se dio por satisfecha sabiendo que le había ayudado, contenta. Porque eso era lo que le gustaba. Ayudar. No por nada se había metido a estudiar para ser Auror. Para ejercer mejor que otros que la habían cagado demasiado en el pasado. Para un cuerpo de aurores justo y eficiente con una vocación pura. Y a Catrina la llenaba de curiosidad y confusión a la vez el hecho de pensar que probablemente era una de las personas a las que más rencor le guardaba la que la había impulsado, de forma indirecta, a seguir ese camino en la vida.

Alzó las cejas con diversión cuando su amigo empezó a hablar de locución y columnas de consejos, sin poder creer lo que escuchaban sus oídos. Es decir, Catrina tenía claro que, cuando se trataba de sus amigos, podía dar consejos. Porque podía, siempre lo había hecho, siempre se le había dado bien escuchar para luego razonar, pensar y proponer soluciones o aconsejar. Pero de ahí a poder tener una columna de consejos o ser locutora… No, era una exageración. Le hizo cosquillas suaves a Ricky, divertida, y besó su mejilla en un arranque amoroso hacia él —Seguro que lo dices para poder quitarte a tu vecina de encima— bromeó —, para poder ser el mejor de la clase cuando me haya ido, o algo así— siguió en tono de guasa, perfectamente consciente de que no era ni de lejos la mejor de su clase, no cuando estaba llena de búlgaros cuadrados de dos metros de altura —Además, prefiero ser tu consejera privada y traerte galletas. Seguro que tampoco te gustaría compartirme con miles de lectores— añadió, guiñándole un ojo con complicidad.

Cuando Ricky bostezó, ella notó esa sensación de somnolencia invadiéndola por completo, seguida de un bostezo. Se cubrió la boca con la mano y terminó el bostezo para luego acurrucarse mejor junto a su amigo. Pensó en lo que le decía siempre su madre cuando se le contagiaban los bostezos ajenos, cómo le aseguraba que eso le pasaba mucho a la gente empática. A día de hoy, Catrina seguía sin saber si eso era cierto o no, pero sí que se veía víctima de los bostezos cuando alguien cerca de ella los tenía.

Miró a los ojos a su amigo cuando propuso apagar la luz y asintió con rapidez, notándose más cansada de lo que creía estar —Sí, sí, apágala— dijo, acariciándole con cariño el brazo a Ricky —Y… También podemos seguir hablando en otro momento— bostezó de nuevo —, mañana, o… O cuando sea. Con un plato de galletas recién horneadas, lo prometo— terminó en un susurro. Cuando Ricky hubo apagado la luz Catrina notó que se iba quedando lentamente dormida a su lado. Apenas pudo murmurar un “buenas noches” antes de cerrar los ojos y, con la seguridad que la invadía en compañía de su amigo, quedarse profundamente dormida.
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Re: Pyjama Party || Ricky Over

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