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The Catfish || S.M.

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The Catfish || S.M.

Mensaje por Milliardo L. Whitefield el Dom Sep 11, 2016 3:58 pm

Cuando el estruendo del fuego verde iluminó las paredes de aquel cubículo ministerial, Milliardo supo que finalmente había llegado al gran Ministerio Británico. Sus ojos se quedaron maravillados, aunque rápidamente fue atropellado un par de veces por magos y brujas que pasaban como si se tratase de una oleada de escape. No le quedó más remedio que seguirlos hasta desembocar en una enorme fuente con estatuas representativas. Fue allí que pudo parar y observar todo a su alrededor. La combinación de baldosa oscura y luz tenue era contraria al dorado resplandeciente de MACUSA. Memos voladores irrumpía en el espacio aéreo mientras algunos magos de limpieza agitaban sus varitas para deshacer los hechizos lumínicos que Millo reconoció con la imagen del antiguo Ministro de Magia, Marcus Wright.

Disculpe.

Su acento ronco americano parecía no llamar la atención para aquellas caras que transitaban rápidamente. Sus manos se apretaron, y entonces recordó aquella nota que sacó de su abrigo largo con pinta británica. Allí, colocaba la dirección aparentemente exacta de la oficina que debía visitar, pero el Ministerio era lo más parecido a un laberinto, sin nadie que se preocupara por ayudar a un perdido.

Entonces guardó la nota y avanzó completamente sin miedo. No necesitaba de un gran ingenio para aproximarse a uno de los elevadores con rejillas doradas. Para cuando quiso darse cuenta, un gran flujo de personas entró con él, por lo que quedó prácticamente aplastado en la parte trasera. Un par de risas bajas se escucharon en uno de los extremos; Millo, se fijó en las chicas de aspecto sobrio, sus ojos recorrieron su vestimenta y su cara se arrugó por una milésima de segundo. ¿Por qué las británicas eran tan delgadas? No le dio tiempo de responderse para cuando las rejas se cerraron y el movimiento en vertical sucedió tan rápido como un parpadeo.

Cuando el viaje terminó, se descubrió siendo el único alterado por el agite. Millo tomó aire mientras calmaba el revuelto en su estómago. Una voz anunció el número del departamento mientras se abrían las rejas y un par de trabajadores se burlaban de él en silencio.

Sus dientes se apretaron, más descubrió los cordones de seguridad que sobresalía del techo. Molesto por la situación, aguardó entre tanto ajetreo hasta que el piso anunciado fue el de Cooperación Mágica Internacional. Él salió de primero y un sujeto se burló de nuevo, usando la palabra “Yankee”. Millo se volteó, pero ya el ascensor se movió en frente de sus ojos dejándole con la rabia en su puño.

Trató de calmarse y sacudió su vestimenta, sus labios tropezaron con una maldición y siguió su recorrido hasta un corredor con varias oficinas enumeradas. Segundos más tarde, el rubio pudo sonreír al contabilizar con sus pasos cada puerta que pasaba en números en ascenso. Durante su recorrido, su cabello rubio empezó a tomar matices más oscuros hasta llegar a un moreno único. Su estatura se achicó un poco y luego sus facciones corporales cambiaron con suma facilidad. El reflejo de las paredes apuntaba a un hombre mayor, con marcas de edad pronunciaba y cuyo estatus podría ser muchos más alto que el del joven auror. Millo oculto tras su apariencia, rió como cómplice, seguramente Sebastian se infartaría al ver a su propio padre entrar por la puerta de su oficina.

Y así fue. Se detuvo en el número 324, sus manos giraron la perilla sin permiso y, abriendo de par en par, su mirada se alzó entre todo hasta gritar– ¡Morgan! –fuertemente.
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Re: The Catfish || S.M.

Mensaje por Sebastian Morgan el Dom Sep 11, 2016 6:53 pm

Después de la caída del mago oscuro, se llevaron a Sebastian desde el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, donde tenía su cubículo justo al lado del de Robert McKinnon, hasta una oficina ubicada en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. No entendía muy bien cómo funcionaba ahora el ministerio, con el nuevo ministro muchas cosas habían cambiado, incluyendo su puesto de trabajo, y sus órdenes desde MACUSA, pero agradecía tener un lugar propio para trabajar. Aunque salía mucho más que los aurores británicos a las misiones de campo, tenía mucho papeleo que hacer y aquel estaba desparramado por todo aquel despacho. La estancia no era muy grande, pero al menos era propia. Incluso tenía papeles y carpetas en el suelo porque no aguantaban en el escritorio ni en donde se supone que debían estar guardados. Era un desastre.

De manera que allí estaba, escribiendo apresuradamente detalles acerca de su última excursión en la búsqueda de un mago llamado Bartemius Crouch Jr que estaba prófugo. Había muchas fotos en su expediente para que el americano fuera capaz de reconocerlo, también figuraban muchos datos extra, como que había vuelto al país hacía pocos meses. Era una coincidencia que lo hiciera, justo antes del ataque en Salvio Hexia.

Se paró de un sobresalto al escuchar aquella voz que lo extrajo de su labor.- ¡Por Dios! –Susurró llevándose una mano al pecho porque su corazón corrió desbocado por el susto. Siendo un auror se supone que debería estar preparado para cualquier clase de improviso, pero escuchar la voz de su padre en donde no debía estar, era un susto para cualquiera.- ¡Padre! ¿Qué está haciendo aquí? –Lo vio parado en la puerta y se puso de pie invitándolo a pasar. Se aseguró de que nadie lo hubiese visto entrar mirando hacia los dos lados afuera en el pasillo y cerró la puerta. Pero algo llamó su atención, el aroma que desprendía la ropa no era el mismo de siempre. Había un perfume distinto allí.- Por favor, tome asiento. –Le corrió una silla para que se sentara mientras lo observaba con detenimiento a los ojos. Este no era su padre.

Cuando el hombre tomó asiento, sacó su varita rápidamente y le hizo un corte en la mano con un movimiento sencillo, haciendo un sonido como si un cuchillo se estuviera afilando. Si fuese poción multijugos, ese truco no serviría; si fuese una transfiguración, serviría puesto el dolor haría perder la forma en cualquier sitio, sino en todo el cuerpo. Por último, si realmente fuera su padre, él se enojaría mucho por aquel atrevimiento.




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Re: The Catfish || S.M.

Mensaje por Milliardo L. Whitefield el Lun Sep 12, 2016 12:59 am

Su repentina cordialidad hizo que su interior estallara en risas. Para su parecer, Sebastian no había cambiado desde la última vez logró verlo. Se preguntó si sería más abierto o, por el contrario, sería más reservado que antes. Una gama de posibilidades lo acompañó junto con el entusiasmo de la reacción del moreno; por su parte, Millo mantenía un rictus serio y respetuoso, digno de alguien que poseía el apellido Morgan.

He venido a tratar unos asuntos de suma importancia. Quería asegurarme de que te encontrabas bien. –quizá su primer fallo, aun así, entró a la oficina con confianza mientras observaba los diferentes montículos de papeles dispuestos por todos lados. El rubio transfigurado se congeló por ese segundo, pensar que aquello tenía la pinta de un cargo más secretarial que de Auror, lo hizo dudar de las verdaderas intenciones que tenía el joven moreno.

Respiró hondo y se enderezó. Bass por su parte, se preocupó por extenderle una silla que no tardó en ser ocupada. El silencio los invadió por un momento, y entonces, un fugaz dolor lo alertó en la zona de su mano. Millo alzó el rostro y lo miró fijamente ante su imprudencia. Su compañero ya estaba en posición, listo para atacar con su varita de ser necesario.

Dejó que los segundos le invadieran. Su ceño fruncido realzó su rostro aparente mayor y finalmente, optó por levantarse de la silla– ¿Qué significa esto? –inquirió con voz molesta. Millo odiaba lo listo que era, Sebastian no había tardado ni un minuto en descubrirlo, pero, ¿qué pasaría si desafiara su teoría de transfiguración? El rubio no era cualquier Auror, centrarse en sus transformaciones era algo que sin duda MACUSA había considerado al momento de su elección.

¿Esta es la bienvenida que merezco por ser tu padre? –imperó con actitud fría y ceño fruncido– Tú, Sebastian… no eres más que una decepción. –el rubio negó lentamente con la cabeza, pero el ardor en su mano permanecía. Prefirió creer que una enorme cara de decepción empezaba a avecinarse en el rostro del moreno, así que alzó su mentón y lo fundió con su mirada de desaprobación– Puedes considerarte desempleado. Yo mismo haré que… –su voz se distorsionó y entonces no pudo evitar ser descubierto. Observó cómo Bass se cruzaba de brazos y entonces, una pequeña sonrisa apareció en la estampa de su padre, distorsionándose poco a poco hasta que sus cabellos rubios cobraran vida y su estatura creciera un poco más. Una vez en su estado original, Milliardo llevó su mano herida hasta su boca, lamiendo el rastro de sangre hasta finalmente, dejarse caer nuevamente en la silla.

Eres del asco, Bass. Pude ganarme mi Premio de la Academia si no fueras tan listo. –el rubio sonrió, y entonces se abocó en recorrer con su rostro todo su alrededor. El arco dorado de su ceja se elevó, entonces nuevamente volvió su vista al moreno y resopló– Así que es aquí donde ahora trabajas. Mhmm, es bonito, no sabía que te habían degradado a secretaria. –su toque de burla descarada era desquiciante y atrevida. Por suerte, agradecía de conocer a Sebastian, quien lo soportaba desde que tenía memoria.
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Re: The Catfish || S.M.

Mensaje por Sebastian Morgan el Lun Sep 12, 2016 8:42 pm

Al ver que la forma del recién llegado no cambiaba de inmediato y que la sangre de la mano comenzaba a brotar como agua de un manantial, sus ojos se abrieron como platos y no sabía cómo explicarle a su padre que había sido un malentendido. Abrió la boca para hablar, evidentemente nervioso por la herida que gratuitamente le había provocado a la otra persona, pero no le salió nada. No era rápido encontrando palabras para describir sus imprecisiones. Lo miró a los ojos todavía pensando que el hombre que estaba ahí no podía ser su padre, pero en caso de ser poción multijugos no tenía la manera de provocar el cambio a la imagen normal del polizón. Ni veritaserum. Ni nada. Porque en esa parte del ministerio no dejaban tener nada más que la varita en el bolsillo como gran cosa. Sebastian pensó que se debía a la desconfianza de los británicos con los extranjeros. La misma que él comenzaba a tener con cualquier persona que se suponía no debía estar allí, como su padre.

-- Lo-lo siento. –Se acercó escuchando todas las imprecaciones que le profería el hombre frente a él, pero algo cambió, y la transformación comenzó a desvanecerse hasta volver a la imagen inicial: era el maldito de Milliardo. Lo observó mudo otra vez, impávido. MACUSA dijo que enviaría más apoyo al gobierno británico, pero jamás pensó que iba a ser él. Porque él lo habría comentado de ser así, ¿verdad? Pero no, Whitefield pensó que iba a ser más divertido burlarse con la presencia de Timothey Morgan allí. Frunció el ceño preocupado por la herida que ocasionó y se arrodilló a su lado tomando su mano.- ¿Del asco? ¡Podrías haberme matado del susto! –Dijo sin guardarse nada, porque su amigo sabía de sobra la extraña relación que llevaba Bass con su padre. Con la punta de la varita, trazó una línea sobre la herida abierta, la cual se cerró lentamente sin dejar cicatrices, solo una muestra de sangre seca.

Se sentó en el suelo, encima de unos papeles que no le molestaban allí y lo miró hacia arriba con una gota de sudor resbalándole por la sien. Casi perdió la vida por la impresión de haberle causado una herida a su propio padre. Resopló recargando sus brazos en sus rodillas mientras asentía a la burla de su amigo, lo cual era bastante cierto.- A ti también te tendrán de secretaria. A los británicos les gustan los informes. –Hizo una mueca y lo miró.- Y esto no es nada. Antes estaba en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, era un caos. Ahora no pasa nada interesante allí, porque los aurores de aquí no valen mucho. –Se encogió de hombros.- Debiste ver la frustración de todos en la batalla que se libró en la universidad. –Se tornó serio por unos segundos recordando todas las matanzas. Aunque estaba preparado para esas carnicerías, jamás sería lo mismo estudiarlas que vivirlas. Pero sacudió su cabeza y sonrió recordando que tenía a su mejor partner ahí. Se puso de pie rápidamente y lo jaló para darle un abrazo apretado.- ¡Pero qué importa! ¡Me alegra que te asignaran aquí! Los británicos son aburridos. Te van a aburrir, lo sé. –Asintió con la cabeza sonriendo por la perspectiva de la situación.

Con las nuevas instrucciones de espiar al ministerio británico, la llegada de Milliardo a Inglaterra solo era el inicio del arribo de más aurores de MACUSA a Londres. Sebastian solo estuvo de avanzada para presencia la guerra y todo lo que había ocurrido hasta ese momento, ahora la misión era diferente y muy específica. De la discreción del MACUSA SQUAD dependía el éxito de la tarea encomendad.




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Re: The Catfish || S.M.

Mensaje por Milliardo L. Whitefield el Vie Sep 16, 2016 1:05 am

Sonrió ante el carácter exagerado de su amigo. Era un Auror, no podía morir de infartos a base de noticias tan simples como el recibimiento de un familiar, ¿verdad? Milliardo sintió alivio en su mano al notar como la herida se cerraba por completo. Sebastian era bueno en eso, y en muchas otras cosas, pero a lo que respectaba al rubio, él nunca había podido cerrar con facilidad heridas con principios mágicos. Por ello optaba a su condición física: ser más resistente que el resto y evitarse las heridas y moretones. Como sanador, podría morir fácilmente de hambre.

Lo observó desde arriba. Viendo a su alrededor, era una suerte que estuviera vivo y no muerto por asfixie en tanto papel pergamino y plumas correctoras– Odio los informes… –replicó casi instantáneo. Escucharlo hablar de la batalla tocó su medula sensible y lo hizo suspirar. Su cabeza cayó hacia atrás y sus ojos azules divisaron el techo con poca iluminación de aquella oficina–. Nunca supimos que se desataría una batalla aquí. Apenas nos estábamos preparando para enfrentar la horda de seguidores que tenía el psicópata del tal Señor Tenebroso. –se sentía culpable, la posición de su amigo Bass no era la más justas de todas, luchar por algo que no correspondía era tonto y descabellado. Pero lo conocía, él no iba a defraudar las órdenes directas del Congreso Mágico.

Me alegra que estés bien… –sonrió ligero mientras desviaba sus ojos a él. Gran Bretaña debería respirar aires de paz, pero por alguna razón, el rubio intuía todo lo contrario. Hasta Norteamérica parecía más tranquilo que las tensiones que se respiraban en ese continente.

Lo abrazó con fuerza y palmeó su espalda un tanto brusco. Su sonrisa salió a relucir, y es que ya se esperaba de todo eso y de cosas peores– Lo sé, tienen pinta de amargados –admitió–. Además, las chicas parecen sacadas de una secuela de Barry Lyndon. –hasta ese momento, eran demasiado sobrias para su gusto– No me digas que ahora tú también tomas el té a la hora. –largó por lo bajito entre risas, aunque el chiste del té y los ingleses estuviera sobrevalorado.

Es bastante grande este lugar. Un poco caótico también. –Milliardo, empezó a rondar por la habitación mientras apartaba toda cantidad de papeles que se atravesaban. Su atención fue solicitada en un extraño reloj de pared que lo menos que hacía era dar la hora correctamente– Lamento haber llegado sin avisar –su mirada se encontraba en el minutero, esperando a ver si cambiaba con el pasar del tiempo–. Pero fueron las órdenes. –él se volteó nuevamente y observó a Bass con mirada cómplice. Sus manos se deslizaron por su abrigo y sacaron una carta blanca y un poco arrugada, lejos del pergamino habitual que podía observar en toda la condenada oficina.

Supongo que estás listo para hacer algo más interesante que la secretaria de turno. –mojó sus labios y le extendió el sobre con el sello característico de MACUSA. Cuando el moreno la cogió, Milliardo bostezó, estirándose en el mismo lugar mientras escuchaba el crujido del papel– Por cierto, ¿en dónde te alojas? El viaje fue un infierno… –comentó calentando su cuello con movimientos circulares. Era bien sabido que los trasladores no eran trasatlánticos, por lo que tuvo que llegar en barco, algo demasiado agotador.
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Re: The Catfish || S.M.

Mensaje por Sebastian Morgan el Mar Oct 04, 2016 7:24 pm

El fugaz pero notorio estado de conmoción por lo que fue la batalla de Salvio Hexia en el rostro de Sebastian, trajo consigo de los más variados recuerdos a su mente. Sus ojos se deslizaron sigilosos hasta los de Milliardo mientras él decía lo que todos en MACUSA pensaban. En efecto, nadie se esperó aquella batalla, menos las muertes , sino que una guerra que se llevaría a cabo más lenta y que no acabaría de aquella forma tan abrupta. Muchas vidas se perdieron.- ¿Crees que haya sido decisión del ministro…ex ministro Wright, el que se terminara la guerra tan rápido? –No lo preguntó como un reproche, más bien buscaba una opinión. Sebastian jamás se atrevería a cuestionar las decisiones y órdenes que les daban sus superiores, por ello es que, aunque todas aquellas muertes pudieron haberse evitado, Sebastian no habría tenido jamás una opinión contraria a todo lo ocurrido. Él era un soldado, uno al que se le daba demasiado bien cumplir lo que se le encomendaba.

-- No me digas que estuviste viendo esa porquería otra vez. –Barry Lyndon. Había sido arrastrado a ver la película a una especie de teatro muggle, pero todo lo que había conseguido con ello es vergüenza ajena por lo que se mostraba. No, aparte de la música muggle, supuso que no le iba a gustar nada más que tuviera que ver con ellos, incluso aunque su propia madre fuera una y tuviera más ascendencia muggle que mágica. Irónico.- Maldito té. ¿Sabes que es casi una obligación social beberlo? –Comentó con algo de hostilidad, se notaba que no le gustaba mucho seguir con la tradición. Menos mal que nadie le había dado la orden de que debía beberlo o estaría condenado a una tortura.

Por ello es que se encogió de hombros sentándose en otro lugar al azar de la oficina mientras lo escuchaba. Las órdenes eran todo lo que importaba y, si le habían ordenado a Milliardo que llegara sin avisar, no tenía nada que cuestionar. Recibió la carta observando el membrete de MACUSA y lo críptico que parecía ser todo, también el comentario de su amigo auror, lo que parecía darle más sentido a su llegada. Esa carta y su contenido no era algo que no estuviese esperando, después de todo un avance de ello le habían dado antes de salir de América: debía dar reportes de todo. Y así lo había hecho hasta la fecha.- ¡Ah! En ese hotel que está en el centro. Dulcis Viae. Era del ministro Wright. –Dijo restándole importancia mientras abría la carta con cuidado de no rasgar en un lugar donde no se debiera.- Si papá no estuviera tan obsesionado con él, ni siquiera me habría sonado el nombre. De seguro también te darán una habitación allí. –Dicho aquello, comenzó a leer el contenido de la carta, el cual no era mucho. Una hoja. Releyó varias veces el punto importante antes de levantar la cabeza y resoplar observando por la ventana hacia “afuera”.- ¿Sabes que eso de ahí ni siquiera es el exterior? Encantan las ventanas para que se vea de día, pero es absurdo. Estamos bajo tierra. ¡Ingleses! –Exclamó antes de rodear el escritorio y ahora sí sentarse en su lugar.

-- Bien. Esto explica por qué vienes a hacerte el interesante…y porqué quieres descansar antes de trabajar. Aunque tendremos que hablar algunos puntos de esto. ¡Por Dios! Va a ser complicado. –Y no quiso dar más detalles porque, la prioridad de un espía es no ser escuchado. Y Sebastian sabía que podía estar siendo vigilado solo por ser extranjero. El cambio de oficina no se debía solamente a un desplazamiento entre departamentos.




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Re: The Catfish || S.M.

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