Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

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Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Ricky M. Over el Sáb Sep 10, 2016 7:56 am

Recuerdo del primer mensaje :

—Tres días después del primer encuentro—

Reinaba el clima enloquecido, inestable, con sus altibajos emocionales como una mujer encinta. El cielo tenía un tono enfermizo, ocultaba el sol pero éste se adivinaba tras las nubes, alumbraba el vapor esencial, daba al día un tono grisáceo y apagado que quitaba las ganas de salir afuera. No tardó en empeorar, el cielo lloró desconsolado como una amante despechada, bañó con sus lágrimas las calles, dando amparo a babosas fanáticas de la humedad.

Terminadas las clases, la academia de aurores quedó desértica. Sin tener en cuenta lo poético del asunto, nadie disfrutaba caminar bajo el aguacero, era sucio y engorroso. El propio Ricky corría de tejado en tejado en pos de evitar la lluvia que caía cada vez más fuerte, furiosa de intentar ser burlada por un simple mortal. Los métodos mágicos eran varios, pero ninguno garantizaba evitar mojarse al completo, y antes de quedarse parado pensando cómo jugar a ser dios, prefería correr. Sostenía entre los brazos una bolsa de caramelos—los que sobrevivieron al incidente con el niño— que pensaba ofrecer al búlgaro para que así probara los dulces típicos de Honeydukes. Su primer encuentro tuvo lugar tres días atrás, y desde entonces el francés había pensado en una excusa para aceptar su oferta de hacerle una visita. Durante las pasadas setenta y dos horas se lo había cruzado en los pasillos en más de una ocasión, pero no tenía tiempo más que para dedicarle una sonrisa de complicidad antes de ir a su siguiente instrucción.

Ahora tenía entre sus brazos la excusa y el momento perfectos. Pensaba que les esperaba un buen rato, practicando el búlgaro mientras engullían los deliciosos dulces, sería un instante de relajación considerando que se había pasado todo el día intentando mejorar sus fallas en el curso de Sigilo. Se dirigió al complejo habitacional, buscó la habitación de Killian teniendo en cuenta sus propias pautas. Gotas de lluvia humedecían el rostro del francés y oscurecían sus cabellos, se deslizaban hasta los extremos de cada mechón para después caer sobre los hombros. A la lluvia repiqueteando fuera se le sumó el sonido de nudillos contra madera, esperó respuesta con unos inexplicables nervios retorciéndole el estómago, pero nadie atendió a su llamado. Se fijó en que la puerta no estaba del todo cerrada, una pequeña obertura filtraba la luz desde el interior.—¿Killian?— Alzó la voz dubitativo, su mano tomó la decisión por él y asió el pomo con la misma firmeza que escaseaba en su voz. Tiró de la puerta hacia atrás y atravesó el umbral, entrando por primera vez en la habitación del búlgaro.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Ricky M. Over el Mar Ene 10, 2017 9:19 am

Seguía todavía en proceso de asimilar los pasados sucesos, no sólo lo concerniente a su reciente amistad, sino todo en general. El haber sido un inocente tejón adolescente, sufrir la traición del amor y la crueldad de la humanidad en su propia piel. Someterse a una tortura por nacer impuro, renunciar para siempre a su magia, alcanzar la  universidad para convertirse en auror y presenciar como la guerra arrasó el edificio, reduciéndolo a un puñado de escombros y recuerdos. Un círculo de sucesos desencadenantes trajo a Ricky hasta la academia búlgara, parecía un mal chiste que, aun habiendo vivido los sinsabores de la guerra, siguiera preocupándose por banalidades como una amistad o la compañía de un chico agradable. Ni los tiempos más oscuros cambiarían eso, en lo más recóndito de su psique Ricky Over seguía siendo un tejón soñador e iluso, cuya mayor preocupación seguiría siendo tener buenos amigos con los que poder reír y llorar. Debía enorgullecerse por haber permanecido mentalmente estable tras un viaje directo al infierno, mas no podía evitar sentirse vulnerable y evitaría a toda costa volver a ilusionarse vanamente.

Desaparecieron las lágrimas, pero el sentimiento de culpabilidad quedó estable, clavándose en su pecho con cada movimiento. No quería congratularse con el llanto de otra persona, aunque debía admitirse que le tranquilizó comprobar que su compañía albergaba cierta sensibilidad. Quería creer que nadie con intenciones oscuras permitiría que un enemigo presenciara semejante momento de debilidad, de haber sido Killian un monstruo sus acusaciones le traspasarían como humo y de ningún modo le afectarían como para inducirle a llorar. Tampoco le habría permitido tocarle, y eso hacía, acariciando su cálida faz como si temiera destruirla con el contacto. De manera indirecta, el francés destruía todo a su alrededor, su permanente desdicha arrastraba a cualquiera fuera el valiente que permaneciera a su lado. Como prueba fehaciente, demasiadas de sus antiguas compañías ocupaban un hueco en el cementerio.—No creo que exista un buen uso de estas prácticas.—Confesó, temiendo adentrarse en un círculo vicioso. La academia condenaba duramente las prácticas oscuras, después de todo la misión de un auror consistía en evitar que magos malintencionados pusieran en uso artes oscuras ilegalmente.

Nadie nunca le definiría como un amante del silencio, pero en aquel preciso instante disfrutó la quietud del mismo modo que en otras circunstancias disfrutaría la música o el eco de una carcajada. Encontró calma en la tormenta, en cesar las mutuas diferencias principales causantes de la disputa y los momentos de tensión que derivaron en el más absoluto silencio.

Sabía que lo mejor para ambos sería abandonar la estancia y permitirse un tiempo de reflexión, mas sus sentimientos distaban de concordar con una decisión racional. Quería quedarse, estar con él, y la petición de Killian le indicó que el búlgaro deseaba lo mismo. Fue un balbuceo, un batiburrillo de idiomas que dejó a Ricky con una mueca de confusión en el rostro, convertida segundos después en una carcajada. Se cubrió la boca con la mano, como si no procediera reír en una situación delicada, pero no tardó en destapar su sonrisa tras comprobar que Killian también lo encontró divertido.—Cualquier cosa es mejor que estar solo.—Confirmó, lo sabía de buena mano, se sentía más solo que nunca y era una sensación horrible, un duro golpe contra su carácter amigable. Su ritmo cardíaco se aceleró repentinamente tras producirse la caricia, la mejilla implicada ardió una vez fue liberada.

Tragó saliva, sopesando el ofrecimiento con cierta inseguridad. ¿Conseguirían olvidar el malentendido y permitirse pasar un buen rato? Ricky lo deseaba, pero desestimaba que fuera posible. Sin embargo, no podía perder nada intentándolo, quizás convertiría su encuentro fracaso en una victoria inesperada. Ocupó un lugar de la cama, a una distancia prudencial del búlgaro para evitar sufrir una taquicardia similar a la anterior, cuando se estremeció por el contacto. Debía ser consecuente y tener presente que, la mejor manera de terminar por estropear su reciente amistad, sería malinterpretar las buenas intenciones del extranjero. Debía aislar su parte juvenil, esa faceta que le impedía pensar con realismo y le ahogaba en delirios adolescentes sobre amoríos y demás cursiladas.—Una vez me tropecé bajo la lluvia y me rompí un diente.—Comentó, al cabo de un rato contemplando la lluvia a través de la ventana. No le incomodaba el silencio, pero sentía la necesidad de romperlo.—Por suerte era un diente de leche.—Añadió, volteando el rostro para mirarle con una sonrisa nerviosa. Quería divertirse, sin embargo los recientes recuerdos ardían en su mente como una rozadura sangrante.

La tormenta volvió a captar su atención, cerró los dedos en torno a las sábanas que cobijaban al búlgaro durante las noches, debían estar impregnadas de su olor.—¿Cómo llamáis aquí a la lluvia?—Cuestionó. Las gotas repiqueteaban contra la ventana y dejaban regueros húmedos a su paso.—Es pluie en francés.—Explicó, una gran melancolía traspasando su mirada azul.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Killian Herondale el Mar Ene 10, 2017 1:38 pm

La oscuridad jugaba con malicia, cerniéndose sobre el mundo con un disfraz bondadoso que terminaba consumiendo el alma de los más frágiles. Esa era su especialidad, hacerse pasar por un dulce aroma, que poco a poco iba abriéndose paso por las vías respiratorias con gusto, y cuanto menos lo esperaban, aquel placer se apoderaba a sus cuerpos para convertirse en un fétido olor. Engañadas, las mentes débiles caen ante la idea de un poder eterno que les otorgará el deseo más arraigado de su corazón. Y sin saberlo, se van derrumbando uno a uno cómo las blancas piezas de dominó que forman un patrón desconforme de destrucción, tan solo para camuflar todo el dolor que en algún momento asoló sus almas al darse cuenta de la cruel verdad.

Ese lúgubre sendero era malévolo; criaturas nocturnas miraban expectantes la perdición de los incautos, porque mientras más creían que continuar bajo el camino les guaría a la gloria, terminaban perdiéndose hasta encontrarse rodeados por depredadores hambrientos, dispuestos a devorar cada centímetro de su ser. Entendía la preocupación del francés, y no era para menos. Los mortífagos habían hecho uso del poder para dañar a todo lo que estuviese en su camino. Pese a que ese enorme punto de favor rezaba en los hombros de su compañero, el búlgaro aún creía inocentemente en la oportunidad de que esos escritos entrañasen finalmente una forma efectiva de combatir contra la maldad.

Un sonido seco anunciaba que la tormenta no tenía intención alguna en cesar. Parecía extraño que justamente lloviese cuando tan trágica discusión se estaba llevando a cabo, o bueno, tal vez intentaba darle sentido a todas las cosas que pasaban a su alrededor. Mantuvieron el silencio durante segundos, dónde las palabras no salieron, y aunque ambos trataron permanecer en esa posición, algo les interrumpió. Mezclar dos idiomas era algo que se le daba de maravilla, más aún cuando tenía a una persona cercana de ser su amigo alrededor. Dejó que esa carcajada sonora saliese de sus labios, aliviando totalmente los músculos de su cuerpo.

Prácticamente todos están en sus habitaciones. Días cómo estos solo sirven para descansar un rato y desear que el siguiente sea mejor. —no es que al chico de ojos dorados le importase mojarse bajo, todo lo contrario, encontraba cierto efecto relajante en las gotas que multitudinariamente se deslizaban por su cuerpo hasta ser absorbidas por su ropa. El problema eran los instructores, esos que se ofendían ante cualquier comportamiento extraño y actuaban cómo si el mundo fuese a caerse a pedazos tan solo por divertirse un momento.

Trataba que esa visita no se perdiese en una simple discusión. Era difícil sobrellevar un descubrimiento tan grande, más cuando la historia le daba toda la razón al francés para desconfiar de su persona, y no deseaba rendirse. Algo extraño le impulsaba a seguir luchando por mantenerle cerca suyo. Perder a las personas no se le daba bien, eso estaba claro, pero no era un faceta creada a partir de una mala experiencia del pasado, esto era muy diferente a ese insano terror que llenaba cada una de sus pesadillas. Tomó asiento sobre la cama, despojándose de los zapatos y cubriéndose en parte con una de las mullidas mantas. Morir del frío esa tarde no era su prioridad número uno.

Buena manera de perder los dientes. —bromeó, volteando el rostro para acompañarle en su reflexión. Ahora sentía que debía decir algo también. Navegó un momento por los recuerdos de su pasado, casi en completo silencio, antes de abrir los labios para decir. — Una vez intenté tomar una flor de cerezo, la más hermosa estaba en la copa del árbol. —un suave suspiro escapó de sus labios sin desearlo, y acabó apoyando su cabeza a un costado. — Y justo cuando pensé que la tenía, una de las ramas se rompió… y me caí. —el tono que le había dado a toda la historia, lejos de ser melancólico, le hacía sonar como una graciosa anécdota.

Acto seguido, buscó su varita entre todo el desastre, hasta que acabó encontrándole para apuntarla hacia los caramelos. Murmuró un hechizo sencillo, y acompañado de un movimiento de varita, los caramelos quedaron confinados a uno de los recipientes que reposaban en su mesa de noche. Acercó su mano curiosamente, tomando uno y, luego de limpiarlo con su camisa, se lo llevó a la boca. Extraño, un sabor dulce se apoderó de su boca y solo mostró una afable mueca antes de asentir de forma casi eufórica.

En ruso le dicen “dozhd”, y en búlgaro le dicen “dŭzhd” —la diferencia no era tan grande, después de todo, un idioma era la variación del otro, y por tanto existían muchas oraciones que se pronunciaban casi igual. — A ver, intenta decirlo y probemos que tal vas. —aquello sonó más cómo una especie de reto, quizás de esa manera se animaba con más fuerza a intentarlo. — Considera esto una primera práctica no oficial — Y se movió hacia uno de los costados, apegándose un poco solo para hacer calor. Verdaderamente el frío calaba en los huesos. — Si no lo haces bien, te llevarás una penitencia. — agregó en tono de broma, negando con la cabeza.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Ricky M. Over el Miér Ene 11, 2017 8:57 am

En su papel de aprendiz se cruzó algunas dificultades, detestaba madrugar y las agujetas entumecían sus músculos tras las instrucciones intensivas. Sin embargo, tenía en cuenta las ventajas de estar en formación, el francés encontraría más obstáculos una vez fuera auror oficial, con derecho y obligación de arrestar a aquellos que incumplieran las leyes. Desconfiaba de su futuro desempeño como auror, considerando que la discusión con Killian le afectó enormemente ¿cómo afrontaría otra clase de disputas más intensas? Su corazón flaqueaba, temía encontrarse con un mago oscuro y confiar en sus excusas, incumplir su deber legal en pos de regalar la libertad a un delincuente sólo por ser confiado y manipulable en exceso. El mismísimo búlgaro podría estar mintiendo respecto a los motivos de su extraño ritual, y sin embargo Ricky no podía evitar creerle tras reconocer en su mirada dorada algo que le impulsó a confiar en él. «Chico, no tienes madera de auror.—Le advirtieron en demasiadas ocasiones. Gente que admiraba, gente que quería.—Y tenían razón»

Tiempo récord en el que ocurrieron una sucesión de fases dispares entre sí. Un alegre chico que trajo dulces ingleses con intención de darse un atracón junto a su recién adquirida amistad, dos desconocidos increpándose mutuamente hasta quebrantar sus ilusiones, un firme instante de quietud y, finalmente, la decisión de permanecer en la habitación. La lluvia, perseverante testigo del encadenamiento de situaciones que dio lugar a la siguiente escena: dos jóvenes aprendices compartiendo anécdotas frente a un húmedo ventanal.

Ricky, sentado en la orilla del colchón, hizo acopio de sus aptitudes sociales en busca del resurgimiento de desenvoltura y camaradería entre ambos. El relato de una anécdota de infancia relacionado con el tópico que contemplaban detrás del vidrio resultó ser un acierto, el mejor comienzo para una revancha en su amistad. La incesante lluvia refrescó la reminiscencia en su memoria, el día que sucedió el acontecimiento mencionado, las gotas de agua caían sobre Francia con la misma elegancia abundante que ahora inundaba Bulgaria. El pequeño francesito se dedicaba a saltar de charco en charco, pringándose con barro las botas y el bajo de los pantalones. Avistó el mayor charco que hubieran visto sus cinco años de vida, su bota resbaló por el lodo y en lugar de saltar el rey charco, se cayó de bruces sobre él. Su paleta partida no impidió que volviera a saltar de charco en charco durante la siguiente llovizna, las caídas nunca impedían a Ricky levantarse.—Sólo fue un diente.—Acotó.—Hace tantos años, por aquel entonces no sabía sobre la existencia del mundo mágico. Incluso encontraba fascinantes los charcos, si hubiera sabido que existían los unicornios o los dragones..—Extrañaba ser un niño sin preocupaciones.—A quién quiero engañar, aun sabiéndolo habría seguido saltando en los charcos.—Razonó, despreocupándose por unos segundos que dedicó a reír. Después desvió la mirada hacia el círculo del ritual, la intranquilidad volvió a asentarse en su estómago.

Prestó toda su atención a la anécdota de Killian, porque necesitaba distracción y también porque deseaba conocer su pasado, y preguntar no habría sido sutil —aunque, en honor a la verdad, Ricky nunca fue demasiado sutil— sonrió junto a él, pero un rictus de confusión se instaló en su rostro.—Eh, tu historia está incompleta.—Frunció el entrecejo.—No has mencionado si valió la pena la caída. ¿Conseguiste la flor?.—Interrogó emocionado, como un infante esperando conocer el desenlace de un cuento de hadas. Probablemente otras personas se hubieran conformado con la parte divertida de la anécdota, pero Ricky necesitaba conocer el resultado final. ¿Valieron la pena los esfuerzos de Killian, o fueron en vano?

Como una lluvia inversa, los caramelos se alzaron intactos y encontraron su lugar en un recipiente.—¿Te gustan?—Preguntó expectante, restando importancia a su respuesta anterior para centrarse en la cata de dulces. Estiró el brazo para tomar un bombón explosivo, pero retrocedió ante el planteamiento de su primera prueba como aprendiz de búlgaro. Le ilusionó que sus planes torcidos volvieran a enderezarse, por un momento creyó extinguida la ocasión de comer golosinas y aprender mutuamente.—Acepto el reto.—Se cubrió con las mantas, no dudaba que pronto descubriría la fragancia de Killian adherida a su ropa.—Dus.—Se retorció con una mueca, sonaba estúpido.—Duzzzzzzzzz.—Repitió el intento, atrapando la lengua con los dientes y ejerciendo presión. El gesto desencadenó salpicaduras de saliva que fueron a parar al rostro ajeno. El francés le observó horrorizado.—¡OH! ¡LO SIENTO MUCHO!—Exclamó. Recordó una ocasión meses atrás, cuando escupió por accidente en el rostro de un desconocido. Parecía que hubieran transcurrido años.—De verdad, no pretendía..—Se acercó a Killian para limpiarle el rostro con la manga del jersey índigo que vestía y resaltaba su mirar azul.
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