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Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

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Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Ricky M. Over el Sáb Sep 10, 2016 7:56 am

—Tres días después del primer encuentro—

Reinaba el clima enloquecido, inestable, con sus altibajos emocionales como una mujer encinta. El cielo tenía un tono enfermizo, ocultaba el sol pero éste se adivinaba tras las nubes, alumbraba el vapor esencial, daba al día un tono grisáceo y apagado que quitaba las ganas de salir afuera. No tardó en empeorar, el cielo lloró desconsolado como una amante despechada, bañó con sus lágrimas las calles, dando amparo a babosas fanáticas de la humedad.

Terminadas las clases, la academia de aurores quedó desértica. Sin tener en cuenta lo poético del asunto, nadie disfrutaba caminar bajo el aguacero, era sucio y engorroso. El propio Ricky corría de tejado en tejado en pos de evitar la lluvia que caía cada vez más fuerte, furiosa de intentar ser burlada por un simple mortal. Los métodos mágicos eran varios, pero ninguno garantizaba evitar mojarse al completo, y antes de quedarse parado pensando cómo jugar a ser dios, prefería correr. Sostenía entre los brazos una bolsa de caramelos—los que sobrevivieron al incidente con el niño— que pensaba ofrecer al búlgaro para que así probara los dulces típicos de Honeydukes. Su primer encuentro tuvo lugar tres días atrás, y desde entonces el francés había pensado en una excusa para aceptar su oferta de hacerle una visita. Durante las pasadas setenta y dos horas se lo había cruzado en los pasillos en más de una ocasión, pero no tenía tiempo más que para dedicarle una sonrisa de complicidad antes de ir a su siguiente instrucción.

Ahora tenía entre sus brazos la excusa y el momento perfectos. Pensaba que les esperaba un buen rato, practicando el búlgaro mientras engullían los deliciosos dulces, sería un instante de relajación considerando que se había pasado todo el día intentando mejorar sus fallas en el curso de Sigilo. Se dirigió al complejo habitacional, buscó la habitación de Killian teniendo en cuenta sus propias pautas. Gotas de lluvia humedecían el rostro del francés y oscurecían sus cabellos, se deslizaban hasta los extremos de cada mechón para después caer sobre los hombros. A la lluvia repiqueteando fuera se le sumó el sonido de nudillos contra madera, esperó respuesta con unos inexplicables nervios retorciéndole el estómago, pero nadie atendió a su llamado. Se fijó en que la puerta no estaba del todo cerrada, una pequeña obertura filtraba la luz desde el interior.—¿Killian?— Alzó la voz dubitativo, su mano tomó la decisión por él y asió el pomo con la misma firmeza que escaseaba en su voz. Tiró de la puerta hacia atrás y atravesó el umbral, entrando por primera vez en la habitación del búlgaro.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 13, 2016 4:25 pm

Los últimos tres días fueron agobiantes, por no decir una completa tortura. Entendía que el rango que aspiraba era uno de los más importantes para el equilibrio de la comunidad mágica, cada persona que se presentaba como un futuro auror, debía pasar por los retos que conllevaba. Pero sus instructores se encargaban de volver hasta la tarea más fácil, todo un reto que debía completar con la más alta expectativa de por medio. La prueba de ello era lo ocurrido en su última lección de pociones; un ingrediente colocado por impulso y nervios, todo lo que quedó en su cara fue hollín y ceniza del caldero.

Decidió no dar más vueltas al asunto, solo le deprimía no lograr algo donde sabía que era bueno. Miró hacia un costado, más allá del cristal translúcido que le separaba del exterior. Gotas de lluvia golpeaban la ventana, incitándole a salir de la comodidad del pequeño lugar. Bajó la mirada, encontrándose con una pila de pergaminos sin terminar, mitad de una poción para dormir y una buena taza de café caliente. Le quedaba mucho para hacer, más un informe por su incompetencia. ¿A quién le interesaban los usos del acónito en la preparación de pociones? A él, pero bueno, precisamente no le quitaba lo aburrido.

Bajó de su cama, rebuscó entre la pila de libros hasta encontrar un ornamento de color plata. Ese bordeaba un misterioso libro de cuero negro con letras en un color carmesí. Fue un regalo de la bibliotecaria, siempre lo utilizaba para aprender, conocer más a fondo las temidas leyendas y efectos de las Artes Oscuras. Aquellas de la que todo el mundo rehuía, esas que eran imperdonables y acarreaban maldad, pero a él le parecía bien investigar para contrarrestarles. Aprender para proteger, decía. Trazó un círculo, ayudaba a focalizar la energía, según el libro. Y de pronto, escurriéndose por debajo de las sábanas de su cama, su fiel mamba negra terminó dejando su peso encima de su cuello. Entre más tiempo pasaba, más se perdía en la lectura.

Yacía recostado en el suelo, con un círculo trazado a su alrededor, dejándose llevar por las palabras que se enmarcaban sobre el papel, antiguo y manchado. No lo sabía, pero los sonidos serpenteantes salían a tan solo centímetros de a puerta. Pasó la página, encontrándose con un círculo alquímico. Explicaba algo acerca de la transmutación. — No había visto esto antes, ¿tú? — preguntó en pársel, ladeando el rostro. Y cuando fue muy tarde, el sonido de la puerta le alertó de alguien. Era peligroso, más si le veían así. Lanzó al reptil hacia atrás, tomó el libro e intentó esconderlo detrás de su espalda. Las manos le temblaban, el corazón le iba a mil. — Rick… — murmuró, casi imperceptible, clavando su mirada en él, reflejaba duda. — ¿Qué… qué haces acá? — y como el gran tonto que era, se le había olvidado que invitó libremente al francés a venir a su habitación. Genio, Herondale, genio.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Ricky M. Over el Mar Sep 13, 2016 7:39 pm

No hubo reacción inmediata. Costó que diera crédito a la singular escena ante sus orbes azules. Una perfecta circunferencia envolvía al búlgaro, que dedicado a contemplar las desgastadas páginas de un libro, tardó en reparar en la presencia de alguien más. Sus labios —que ya llamaron la atención de Ricky en la pasada ocasión— emitían un siseo espeluznante, un sonido irrepetible que no se asemejaba a ningún otro idioma que el aprendiz hubiera oído con anterioridad. La receptora tampoco pasó desapercibida, un reptil escamoso y oscuro como la noche, que reptaba tranquilamente sobre los hombros de Killian, enseñando su lengua bífida. El macabro ritual dejó sin habla al espectador que, atónito e inmóvil, seguía presenciando la escena. Su cuerpo petrificado sumado a la repentina palidez de su semblante, le hacían parecer una estatua de cera. El cerebro del francés quedó inutilizado por unos segundos, y repentinamente reanudó su funcionamiento, acumulando una alarmante cantidad de información. Maquinó, intentó asimilar lo que acababa de presenciar y pidió refuerzos para ello. Entre el caos y desorden que conformaba su mente, la primera sensación que consiguió abrirse paso fue la decepción. Un sentimiento de decepción pesado y aplastante, se instauró en su pecho como una dolorosa molestia que le impedía respirar. Ricky había puesto sus ilusiones en Killian, confiando en que fuera diferente al resto, agradable, una buena persona. Mas una vez más, el francés había cometido un error, dejándose engañar como un niño ingenuo ante la promesa de un juguete nuevo, incapaz de ver su estado defectuoso. Cegado por las ganas de tener un amigo en el país extranjero, había dado el paso sin dudar, sin tener en cuenta que después de todo.. él no era más que un desconocido.

La bolsa de dulce se cayó de entre sus brazos y el contenido se desparramó a partes iguales entre el interior y exterior de la estancia. Los caramelos rodaron a sus pies con su característico tintineo, las plumas de azúcar se hicieron añicos y las ranas de chocolate dieron un primer y último salto suicida antes de morir por la caída en picado. No había dudas al respecto, Killian era un devoto de la magia oscura. Se oían rumores acerca del idioma de las serpientes, habilidad extraña e inusual que solía relacionarse con magos oscuros, puristas. De haber sido inocente, no tendría porqué haberse ocultado, su reacción ante la aparición del francés delataba sus oscuras intenciones. Se mostró sorprendido, alterado. Trató de disimular sus actividades, ocultó el libro y apartó al reptil. Ricky recordó su charla de tres días atrás, Killian había expresado su descontento respecto al tema de los mortífagos. Mentiras. Le había tratado bien, había sido agradable con él. Seguro que eso cambiaba si descubría que toda su ascendencia era muggle. Mentiroso.

¿Qué estás haciendo?— Interrogó, cuando su voz volvió arrepentida tras haberle abandonado vilmente en un momento de extrema necesidad.—Eres un mentiroso y una basura. ¿Saben los instructores a qué te dedicas en tu tiempo libre? —Preguntó irónico. La furia tiñó cada palabra, dándoles su tono desdeñoso. Cerró la mano en un puño, apretó hasta que los nudillos palidecieron y notó las uñas clavándose contra la palma. Tenía ante él a un proyecto de mago tenebroso, a un hombre que tenía el descaro de mostrar su interés por las artes oscuras en las residencias de la academia de aurores. Ricky empuñó su varita y apuntó a Killian con ella. Una reacción espontánea, impulsiva, impropia de él. Acortó la distancia entre ambos — aplastando en el proceso un par de grageas que crujieron bajo sus zapatos— Rozó el cuello del búlgaro con el límite de su varita, veintisiete centímetros de olmo y núcleo de unicornio contra su piel indefensa. El aprendiz se mantuvo alerta, temiendo que Killian huyera o hiciera un contraataque para así evitar que su secreto fuera revelado.—Cinco minutos. Tienes cinco minutos para explicarte o para confesar lo que eres y decírselo voluntariamente a nuestros instructores— Amenazó entre dientes, labios y voz temblando en armonía. Rabia, rabia y decepción. Veía por tierra toda oportunidad de disfrutar de su amistad, sus lecciones y el característico brillo de sus ojos ámbar. «Él era mentira, ante ti está la realidad, no seas tan ciego» Se obligó a pensar.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 13, 2016 10:45 pm

La mirada amarillenta del aprendiz quedó clavada en la entrada de la habitación. Minutos de silencio acarreaban una mala notica, esa que sabía estallaría en su cara como una bomba, exponiéndole como el más vil y cruel de los mentirosos. La batalla que impulsó al mundo mágico durante varias décadas, fue impulsada por el más puro deseo de superación y purismo, sin dejar lugar a los mestizos o los ahora llamado hijos de muggles. Tiempos oscuros, con gente temerosa de su vida, escondiéndose en sus casas ante la mirada expectante de los seguidores de las artes más viles, oscuras y tenebrosas, por decir poco.  Por eso todo el mundo temía ver círculos extraños, personas con cualidades fuera de lo normal o un indicio, por más inofensivo que fuese, de las artes oscuras.

Expuesto, desnudo y vulnerable, sentía que la mirada azulada del francés se reflejaba directo en la suya, hasta que entraba en un mar que golpeaba salvajemente su cuerpo con las olas, haciéndole vagar, perdiéndose. Su corazón bombeaba con fuerza, que la bolsa de dulces cayese al suelo solo intensificó esa sensación que querer huir de su propia habitación. Ahora se veía a sí mismo como un traidor. Intentó emitir alguna palabra, su mente se lo impedía, le ordenaba que por nada del mundo cometiera el error de remediar algo que posiblemente estaba roto, como un cristal que caía al suelo y se astillaba en miles de pedazos, imposibles de reparar.

El réptil se removió detrás de su espalda, enrollando la cola en el libro negro y clavando sus cuencas rasgadas en quien, por el momento consideraba su enemigo. Deseaba un amigo, ansiaba tener a una persona que no le juzgase por su procedencia, que no le golpease cada vez que fallaba en algo. Tan solo deseaba sentirse seguro. Y la ilusión de ello se rompió cuando el hombre, con pasos apurados y sin temblar en el pulso, colocó la punta de su varita en su cuello. Tragó seco, cerró los ojos y la serpiente emitió un sonido al chocar su lengua contra las paredes de la boca.

No… no le ataques… — serpenteó por una única vez, esperaba que no ataque, que ambos no decidieran que era hora de finalizar con todo aquello. Mentiroso y basura, las palabras hicieron más daño que lo que creyó, la chispa en sus orbes dorados se volvió opaca, casi como un fantasma del pasado que no se reconocía a simple vista. Volvía a ser el chico rato, la diana para la burla de todos. — ¿Sabes que es sentir que no puedes hablar con nadie sin ser rechazado, que todo el mundo te da la espalda sin tomarse la molestia de conocerte? — recordar su realidad le hacía arder la garganta, como si de repente su saliva se encendiese en fuego para quemar todo en su interior. Ansiaba compañía y ese libro le otorgó algo que jamás esperó, una amiga. — No soy quien crees que soy, no me veo tonteado con artes oscuras para asesinas personas, ¿tengo pinta de ello, me crees capaz? — tragó saliva, aún debía recordar que su cuello se veía amenazado por una varita, que parecía un traidor y que su corazón se estaba rompiendo poco a poco, algo fácil. — Quería aprender para defenderme mejor, para descubrir flaquezas, debilidades que pudiesen ser explotadas… y la encontré a ella, algo que no me hacía sentir como un desconocido, alguien que no pertenece a ningún lugar. — alzó sus propias manos, colocándolas encima de las del francés, el roce le hizo estremecer, no lo pudo evitar. — Si quieres que me entregue… lo haré. — murmuró, estaba cansado, tal vez era lo mejor.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Ricky M. Over el Miér Sep 14, 2016 11:06 am

Pocas respuestas habrían causado mayor efecto que la escogida por el búlgaro. La pregunta, casi una súplica, una confesión encubierta, oculta bajo el amparo de la interrogación. Consiguió lo inimaginable, aun estando amenazando su vida con un arma, el francés sintió lástima por él. El mundo también había dado la espalda al aprendiz en más de una ocasión. Sabía bien lo que se sentía al ser rechazado, lo que significaba la soledad. Se enfrentó a más de una injusticia por parte del mundo, la última todavía reciente, escocía como una herida sin cicatrizar. Killian se excusó, alegó que su interés hacia las artes oscuras era motivo de defensa, cuestión de perfeccionar sus habilidades entretanto descubría flaquezas del enemigo. El francés no negaría que fuera una buena estrategia defensiva, pero conocía historias, historias de magos respetables condenados por la sed de saber, envueltos y empapados de magia oscura sólo por ampliar su conocimiento, pero que luego no supieron como volver atrás y la oscuridad terminó por apoderarse de ellos. Porque así era la oscuridad, envolvente y tentadora, un lugar sin retorno. Bien Killian podría ser uno de aquellos magos, no ser consciente de haberse adentrado en un mundo del que difícilmente se salía. A Ricky le costó asimilar sobre quién hablaba cuando, en su defensa, hizo referencia a alguien más. Entonces bajó la mirada, comprendió al mismo tiempo que sus ojos se encontraron con los rasgados del reptil. Hablaba sobre la serpiente. Se refería al venenoso reptil con afecto, mientras éste asomaba la cabeza por detrás de su dueño y enseñaba su amenazante lengua bífida.

Sin oponer resistencia, aceptó entregarse. Ricky se perdió en sus ojos amarillentos, cálidos, navegó en busca de una pizca de maldad en ellos, y se marchó con las manos vacías. Poco a poco, bajó la varita, rindiéndose ante él. Tenía las manos sobre las suyas, notaba el calor que emanaban sus palmas y estas le contagiaron su temblor. Se preguntó qué harían los instructores con Killian, ya eran excesivamente estrictos con los alumnos que no quebrantaban la ley. El francés había creído en la redención de personas peores que Killian, de personas que le habían maltratado y repudiado por ser hijo de muggles, personas a las que aún después de su desprecio había seguido queriendo, confiando en la posibilidad de que cambiaran. Pero ese comportamiento era propio del Ricky del pasado.. ¿no? Había crecido, no podía permitirse seguir siendo tan ingenuo y confiado como en el colegio, esas dos características no trajeron a su vida más que traiciones y sufrimiento.

No quiero que te entregues— Confesó. «Quiero estar equivocado. Quiero que seas bueno» —Lo que estás haciendo es peligroso, no entiendo porqué te atrae algo tan horrible. Existen otras formas de defenderse.. las que nos enseñan aquí, por ejemplo. Interesarse por las artes oscuras es innecesario— Razonó, siempre blanco, siempre caminando por el lado de la luz, a unos pasos por delante de su propia sombra. Todo lo relacionado con magia oscura le ponía los vellos de punta, el francés se mostraba incapaz de comprender o empatizar con algo relacionado con dicha práctica. Demasiadas pérdidas por causa directa de las malditas artes oscuras, ya no quería seguir perdiendo. En su cabeza se libraba una batalla interna, una lucha equiparable a la vivida en propia piel durante la guerra mágica. En momentos así, titubear era un error imperdonable y, tomar la decisión equivocada, condenarse. El conflicto interno quedó dividido en dos secciones. Una de ellas, la más grande, luchaba por creer a Killian, por tener una buena opinión del muchacho. La otra parte era una pequeña porción de la sensatez que preservaba, consciente de haber sufrido tantas traiciones que se rehusaba a confiar.—No sé si debería confiar en ti—Musitó dubitativo. Como si Killian pudiera asesorar al respecto, buscaba que la principal razón de sus dudas fuera también la única respuesta a ellas. Frunció el ceño. La angustia en sus ojos claros se reflejó como un espejo, revelando su mayor deseo—y vulnerabilidad—en aquel instante: Creerle.

Retrocedió un paso, atento, esperando un contraataque por parte del contrario, contraataque que jamás llegó. Sus manos seguían bajo las del búlgaro, y entre éstas la misma varita que compró cuando tenía once años.—Demuéstralo— Pidió entonces, con toda la firmeza que su voz dubitativa fue capaz de fingir.—Demuéstrame que estás diciéndome la verdad— Necesitaba aferrarse a cualquier prueba, una excusa convincente que le diera la confianza que precisaba. Una demostración que asegurase que no se estaba dejando engañar por un joven astuto, capaz de utilizar palabras y atractivos a su antojo para así hacerle creer lo que él quisiera. No podía dejar de pensar que estaba a punto de liberar y confiar en un mago tenebroso en potencia, que pondría en peligro a todos a su alrededor.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 14, 2016 4:31 pm

Acercarse a un extraño, para muchos la idea de dar un paso hacia adelante y estrecharle la mano a una persona que no estaba en su país, que se sentía sola y desequilibrada por haber perdido todo lo que alguna vez creyó suyo, esa idea impulsaría a cientos de buenas personas a dar cabida para que la estadía fuese más amena. Tal vez era por la forma en que fueron criados, las desgracias que el pueblo búlgaro pasó durante incontables décadas y los disturbios del mundo muggle que tuvieron represalias en sus propios integrantes. Pero allí, los extranjeros no eran bien vistos.

En donde muchos veían a un extraño, él veía una oportunidad que se abría ante sus ojos. Un halo de luz, el destello al final del túnel, eso era una persona nueva para él. Nadie en el mundo pensaría que él, en sus momentos más absurdos y dejando de lado la promesa de no acercarse a nadie, terminaría entablando una conversación con el extranjero. Desde ese día una sonrisa tonta se posó en su rostro, los días por más fuertes, los entrenamientos arduos y los gritos furiosos de sus asesores no eran más que un recuerdo distante, solo debía recordar al francés. Era extraño como la oportunidad de una amistad cambiaba su forma de pensar.

Hace un minuto has dicho lo contrario. — no estaba ayudando a su causa, en esos momentos solo ansiaba que el francés sintiese que tenía una opción. Entregarle no era la más adecuada, probablemente sería echado fuera de cualquier posibilidad de empleo, le cerrarían las puertas hasta caer en un pozo sin fondo de oscuridad y depresión. ¿No lo merecía? Él era quien aprendía de artes nefastas.. — Sabes de primera mano cuando despiadados y erráticos logran ser los magos oscuros, sus artes, ese poder va más allá de la compresión de una mente sana. Es demente querer aprender de cosas tan oscuras, lo sé. También es necesario. — se declaraba culpable de intentar comprender lo contenido en ese libro. Pero luego de tanta muerte y destrucción, luego de ver como todo lo que quería se le era arrebatado de entre las manos, la impotencia le hacía frente. Se sentía inútil cuando fallaba en algún entrenamiento, intentaba mejorar de cualquier manera posible. Y en la defensa, ese pequeño libro era la forma infalible de hacerlo.

No puedo… — casi salió como un sonido inaudible, cargado de pena y temor. La idea de perder las pocas cosas que le quedaban, era como una garra que le arrebataba de entre las manos las esperanzas y los sueños, dejando en sustituto el más absoluto de los terrores. — Como todos, tengo algo de oscuridad. — sentía la garganta arder, maldición, el corazón apretaba contra su pecho, como si fuese a salírsele en cualquier momento. Y las lágrimas, aguantaba para no dejarlas salir. — Pero ¿me crees capaz de lastimar a alguien? No entiendo porqué ellos lo hacen y eso me enfurece, ¿crees que me volveré como ellos, que seré un presagio de muerte y destrucción? — y bajó el rostro, pegando sus frente a la palma del chico, mientras aún la sostenía con la suya. Tragó seco, temblaba, en cualquier momento terminaría quebrándose. — No te puedo demostrar que no soy como ellos… no sé cómo. Y sé que no volveré a ganarme tu confianza... — lo último fue lo que más le dolió, por eso lo susurró, tan aterrado y arrepentido.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Ricky M. Over el Miér Sep 14, 2016 6:54 pm

Esperó. Esperó esperanzado por alguna prueba que excusara las actividades diurnas del búlgaro, una demostración de inocencia que valiera, que fuera suficiente para que pudieran retomar una amistad que no tuvo ocasión de comenzar. Esperó, esperó en vano. Con un hilo de voz quebrado, casi inaudible, Killian se confesó incapaz de probar sus declaraciones. Admitió albergar oscuridad en su interior, pero se rehusó a ser comparado con aquellos magos tenebrosos capaces de asesinar y destruir todo a su paso, disfrutando del proceso. La culpabilidad asestó una punzada al francés, que vaciló y relajó la tensión de su semblante. No podía confiar en Killian, pero tampoco le consideraba un asesino, sospechaba que sus palabras eran ciertas pero se negaba a creerlas ciegamente. No podía arriesgarse a ser engañado una vez más. Quien no arriesga, no gana. «Ya, pero tampoco pierde» Prefería renunciar a ganar su amistad a correr el riesgo de perderla.—No— Negó. Veía sufriendo al búlgaro, pasándolo mal, se sentía mal por ello y al mismo tiempo creía estar obrando de la forma más sensata por primera vez en la vida.

En eso llevas razón. Puede que no crea que seas capaz de hacerle daño a alguien, pero no puedo confiar en ti. No puedo confiar en alguien incapaz de demostrar que no es diferente a ellos— Exclamó tajante, refiriéndose a los magos tenebrosos en general, aunque pensando en una organización en concreto. Se apartó, cortó todo contacto físico, y le costó más de lo que debería. Le gustaba. El búlgaro tenía un tacto cálido, le hacía sentir como en el aire, como no se sentía desde hacía mucho tiempo. Se quedó mirándole desde lejos, sin abandonar la habitación, incapaz de tomar la decisión que debería.. porque el deber no significaba que quisiera tomarla. La tormenta de afuera se volvía cada vez más ruda. Zeus se había sumado a la fiesta y descargaba su ira desde el cielo. De vez en cuando la habitación se iluminaba con el resplandor azul de cada relámpago, seguido de cerca por el estrepitoso sonido de un trueno. En esos momentos las facciones de Killian variaban con los juegos de luces, y éstas no pasaban desapercibidas para Ricky. Especiales, atractivas, sus labios perfectos, sus ojos tristes y dorados como oro líquido.—Ya he pasado antes por esto— Murmuró, paseándose por la estancia. De nuevo la lucha interna, el deber de irse contra el deseo de quedarse y escuchar lo que el búlgaro tenía para decir, darle una oportunidad.—No quiero rodearme de alguien que puede cambiar sus ideales de la noche a la mañana— Susurró para sí mismo, un aviso de su cerebro. Aún recordaba al chico que había querido, años atrás, un chico que cambió sus pensamientos en cuestión de meses, que pasó de besarle a disfrutar odiando y humillando al francés.

Prosiguió el paseo en círculos, discutiendo consigo mismo, dejó escapar una risilla irónica. La lluvia seguía cayendo fuera, repiqueteaba contra el cristal y presenciaba la escena entre ambos jóvenes.—Sé que debería irme y sin embargo sigo aquí, es ridículo. Ridículo, ¿verdad?— Se volvió hacia el búlgaro. Se sentía perdido, sabía que su proyecto de amistad no podría sobrevivir a lo acontecido. Ricky no podría volver a confiar en Killian tras saber que tonteaba con artes oscuras, y creía que Killian no volvería a verle de la misma forma, pues estaba actuando como un demente y un masoquista.

La puerta seguía entreabierta, su resquicio de sensatez pedía a gritos que se marchara. Se encontraba a la misma distancia de la salida y el búlgaro, y todo se decidió cuando dio un paso adelante, acercándose otra vez a Killian.—¿Eres purista?— Preguntó repentinamente.—¿Te disgustan los muggles?— No todos los que tenían ideales puristas atacaban inocentes. Muchos se callaban lo que eran—Sobretodo ahora que tras terminar la guerra de Londres, los llamados mortífagos habían sido apresados— se guardaban para sí mismos sus pensamientos, pero en secreto los había que aún se creían superiores a los que tenían ascendencia muggle.—Mis dos padres lo son, supongo que no lo sabrías—Informó con orgullo, se sentía en necesidad de hacerlo. Experimentaba, quería saber cómo reaccionaría Killian, si sería incapaz de disimular el odio hacia los no mágicos o, por el contrario, se confesaría indiferente ante dicha cuestión.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Invitado el Jue Sep 15, 2016 10:27 am

Sentía que se ahogaba, el aire de sus pulmones era tan poco que el cuerpo comenzaba a abandonarle. Estaba en una encrucijada entre el deber y el hacer, se sentía inútil. Salir del recinto era la forma más fácil de acabar con ese sufrimiento, mantener la cabeza gacha y dejar que las autoridades hiciesen con él lo que quisiesen, acabarle, mandarle a una de las prisiones mágicas, desterrarlo. No importaba, luego de tantos años de ver al mundo por su espejo, de no saber que es vivir como una persona íntegra. Él tan solo era una sombra del pasado, el niño asustadizo que golpeaban los grandes espejos que era su mirada lo compraba, ese que con todo en contra, logró sobrevivir al escapar vilmente como una gallina. Una mirada de incomprensión, el rostro confundido del francés logró mover sus cimientos y ahora dudaba volver a recuperar esa sonrisa que hace tres días le alegró una espantosa mañana.

¿Eres tú o son tus miedos los que hablan? ¿Olvidas que en Durmstrang enseñan Artes Oscuras? ¿Crees que por eso todos los magos que salen de allí son malvados? — todos conocían la historia, no iba a tocar una herida tan sensible a profundidad, el daño era muy grande como para volver a evocar esos recuerdos una vez más. Pese a eso, que se alejara acentuaba todo sentimiento de duda o culpa. ¿Le veía ya como uno de ellos?. — De ser mortífago o tener algo en común con ellos, no estaríamos hablando en este momento. No tendría por qué hacerlo, tan solo alzaría mi varita… — no sonaba como una amenaza, era en parte una explicación. Nada le aseguraba al abandonar la habitación él no correría en busca de uno de los asesores para delatarlo. Aún así, quería creer que no todo era irreparable. — Pero es bueno saber la opinión que tienes sobre mí… — murmuró.

Destellos, el sonido que se rompía entre las grandes nubles. Presagio de tormenta, pensó. Vientos huracanados danzaban sobre el extenso terreno, las gotas de lluvia se almacenaban contra las vidrieras exteriores. Y él tan solo miraba al francés, moviéndose confundido de lado a lado, buscando alguna forma de comprender lo que pasaba. Mantuvo la mirada fija, aún se aferraba a la tonta idea de un amigo, el búlgaro quería creer que con el paso del tiempo volvería a ser igual. Era una ilusión, un desvarío de su mente. Pero era lo que necesitaba para continuar.

No te vayas… — pidió con añoranza, perder a otra persona, hacer que alguien desapareciese de su vida una tercera vez, la idea era insoportable, no la toleraba. Esa pregunta le tomó por sorpresa, oír como afirmaba su creencia por la supremacía de la sangre solo le llevó al borde. Se veía la decepción en su mirada, como el brillo se tornaba opaco hasta parecer tan común, tonalidad avellana. — ¿Qué ganan odiando a personas que no conocen? — más que una pregunta simple, era un gruñido cargado de rabia. Desapariciones, muertes y dolor, ellos quería tener el mundo en sus manos, sin tener contemplación alguna por quienes le rodeaban. Con cada palabra, sentía que una lanza perfectamente afilada perforaba su costado, haciéndole sangrar. — ¿Les causa placer,  quieren sentirse superiores? — y sin saberlo, esas finas lágrimas se deslizaron por su rostro, le dolía, su mundo interno se sumía en sombras, en oscuridad. — ¡Les divierte hacer daño, hollar en heridas…! — tomó una bocana de aire, empezaba a hiperventilar… y pronto las secuelas del choque vivido hace unos años le hicieron callar.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Ricky M. Over el Jue Sep 15, 2016 12:25 pm

Mencionar Durmstrang fue un error, pues la experiencia del francés con los alumnos de dicho colegio resultó nefasta. Se cruzó con ellos gracias a un sistema de intercambio implementado durante su sexto año estudiantil. El causante de estropear su confianza había sido un Durmstrang. Los amigos de éste, causantes de su humillación, también fueron alumnos de intercambio. Erraba al generalizar, mas su experiencia con los miembros de Durmstrang fue chocante y personal. Durante los dos últimos años antes de graduarse desarrolló un gran prejuicio hacia ellos, prejuicio que se disolvió gracias a su encuentro amoroso con uno de los alumnos. También sabía que, además de practicar artes oscuras, en Durmstrang no admitían alumnos nacidos de muggles—Un añadido que no hacía más que aumentar su antipatía hacia dicha institución—Menudo ejemplo me pones— Murmuró irónico. Recriminaciones, excusas, acusaciones venían entre uno y otro. Parecían viejos amigos, rencorosos y dolidos, cuando en realidad no eran más que dos desconocidos que soñaban la posibilidad de una nueva amistad, amistad que cada vez volaba más lejos de toda perspectiva.

Fue una pregunta clara y concisa sobre la opinión que el búlgaro tenía sobre los muggles. Su respuesta no igualó la concesión del interrogante, pero dispersó toda duda sobre su opinión acerca de la ideología purista. Exasperado, expresó su indignación, su incapacidad de comprender los actos que guiaban a los que habían sido mortífagos. Ricky se sintió identificado ante cada palabra pronunciada, se vio reflejado en las opiniones de Killian, cayó en cuenta de que estaba descargando su ira sobre la persona equivocada. Killian jamás le había hecho daño. Los que le atacaron pagaban el precio de sus acciones tras los barrotes de una celda, bajo la supervisión de unos espectrales carceleros, alimentándose de cada mota de felicidad que pudieran albergar sus desdichadas almas.

Supo enseguida que Killian estaba siendo sincero, no actuaba, se sentía verdaderamente mal. La lluvia cruzó la barrera, empezó a caer también a través de sus ojos amarillentos. Las lágrimas se deslizaron silenciosas por su rostro, dejando hileras de brillo y sal sobre la piel del búlgaro. La culpabilidad le asestó un puñetazo en la boca del estómago, le retorció las tripas e hizo que enmudeciera. «¿Por qué llora» Se preguntaba qué habría sido el detonante, la gota que colmó el vaso y derramó el contenido desde sus ojos. Tenía tantas culpas que achacarse, había sido artífice de varias posibles causas. Presionarle en exceso, acusarle injustamente, llamarle basura e incluso quizás hacerle recordar accidentalmente algún suceso traumático de su pasado. ¡Existían tantas posibilidades, y todas serían culpa suya! Apretó los labios, que formaron una fina línea, mientras su mirada se posaba sobre la ajena con afectación. Ricky se sentía un idiota, un completo idiota. Pasó toda la vida confiando en las personas equivocadas, y por una vez que negaba su confianza y se mostraba inflexible con alguien, éste no lo merecía. ¿Es que jamás aprendería a hacer las cosas bien? El francés nunca antes había sido culpable del llanto de otra persona, serlo ahora resultaba lo más terrible del mundo, tanto que no podía comprender porqué había gente que disfrutaba provocando sufrimiento.—¿Qué te pasa?— Balbuceó. Su voz temblorosa como un seísmo. Colocó la mano sobre la mejilla del búlgaro, tenía la piel caliente y húmeda.—Por favor, no hagas esto— Imploró, entre incómodo y consternado. Sin atreverse siquiera a pronunciar el verbo comenzado con L. Se sentía atado de pies y manos, jamás había estado en una situación ni remotamente parecida.—He sido injusto contigo— Admitió en un susurro, avergonzado. Se avergonzaba de haber sido tan cruel, yendo en contra de su propia naturaleza, confiada e ingenua hasta el extremo. Deslizó el pulgar sobre su piel, apartando un par de escurridizas lágrimas con el gesto—No te preocupes, ¿vale?—Consoló, aun desconociendo la razón del llanto. Poco le importaban las circunferencias o el reptil en aquel instante, únicamente quería dejar de sentirse tan miserable.

Puede que siga sin gustarme lo que te traes entre manos, no me gusta nada.. pero te creo. Creo que tus intenciones no son malas. Perdóname por juzgarte mal— La postura de Ricky respecto a las artes oscuras no cambiaría, no obstante, no seguiría juzgando a Killian por investigarlas. Tampoco cambiaría el hecho de que le costaría confiar en él, mas prefirió no repetirlo en voz alta, temiendo que la situación agraviara.—Tampoco se lo contaré a nadie, lo prometo— Añadió, por si temía un posible chivatazo. No debía sentirse cómplice, pues no encubría ningún crimen. Si Killian decía la verdad, su interés era meramente informativo, inofensivo.

Entonces se percató de lo cerca que estaba de él, demasiado cerca. Tanto que podía ver con claridad partículas doradas y bifurcaciones en su iris. Tan cerca que podría haber contado sus húmedas pestañas una a una. Se giró, ruborizado.—Será mejor que recoja esto y me marche— Declaró conmocionado. Bajó la mirada hacia el suelo, ahí estaba el desastre formado por los caramelos hechos añicos. Hechos añicos al igual que sus planes iniciales: aprender búlgaro, comer dulces, conocerle mejor y reír. Claramente estaba equivocado, la tormenta debía haber sido una señal de lo que se avecinaba,  un cielo tormentoso auguraba un encuentro tormentoso.
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Re: Darkness stirs and wakes imagination [#Killian]

Mensaje por Invitado el Lun Ene 09, 2017 6:58 am

Estaba caminando a ciegas, intentando entrever lo que sucedería luego de que la única persona aparentemente cercana a él se desvaneciese cómo granos de arena entre sus dedos. Trataba con desesperación, intentaba que sus palabras fuesen lo suficientemente fuertes como para darle a entender que él no se convertiría a la senda oscura. Un temple fuerte se lo aseguraba, y esa sensación de coraje que aún se alimentaba de sus sentimientos le ataba a la realidad cómo si fuesen cadenas forjadas por el más denso material. Nada le obligaría a tomar la vida de un inocente en sus manos para propósitos egoístas, lejos de convertirse en un matón que disfrutaba ver el rostro de desgracia en sus víctimas antes de rematarles, él se transformaría en una persona que evitaría tales conflictos.

Aborrecía con todas sus fuerzas a esas personas que orgullosamente mostraban su faceta más oscura, dispuestos a que los demás cayesen en esa vorágine de sentimientos viles que solo reducían el alma del ser humano a cenizas. Detestaba contemplar cómo en su momento, ellos fueron quienes gozaron del apogeo en ambiente mágica. Todo lo que hicieron, aún vagaba en la memoria del trigueño cómo si se tratase de una mala cinta biográfica. Intentaba dejar que las emociones no le perturbasen en ese momento, dónde veía cómo el profundo océano que encerraba los ojos de su compañero, ejercían el foco de juicio contra su cuerpo.

Jamás he sido bueno con las palabras. —literalmente, su inglés pobre arrastraba cada oración cómo si ya no tuviese ganas de seguir discutiendo. ¿Acaso estaba dándose con vencido tan fácilmente? No, ese era el comportamiento de una persona dañada. Quien intentaba con fervor que todo cambiase a su alrededor, el que deseaba ver la bondad en los corazones de los descarriados, y terminaba lamentándose al quedar malherido por su inocencia. Mantuvo esa afable figura durante unos minutos, hasta que algo en las palabras del castaño hizo que una parte escondida de su ser terminase volviéndose en su contra.

Abrió sus fauces cómo un fiero depredador. Las cosas que en su momento guardó bajo llave en un baúl aislado del mundo, salían a la luz con cada palabra que pronunciaban sus labios. Cargado de indignación, no pudo creer que una persona cómo aquella que se mostraba frente a sí mismo, creyese en la estúpida idea de la supremacía de la sangre, como si se tratase de algo normal. Y entre más hablaba, la presión sobre su pecho iba deshaciéndose cómo la de un globo que liberaba de apoco el aire contenido. Hasta que su mirada se cruzó con la contraria, y pudo ver temblar ese iris tan brillante con algo de decepción. Allí supo de todo había terminado. Que ambos se sentían de la misma manera, y que, a pesar de pertenecer a lugares diferentes, al final del día no lo eran tanto. Las lágrimas que en su momento adornaron sus mejillas, se deshicieron dando paso a un leve golpeteo en su pecho. Ni siquiera se había percatado de la mano que ahora se deslizaba lentamente por su piel, dejando un cálido rastro detrás suyo.

Yo no tengo nada que perdonar. No soy dios, ni un santo. —distaba de pretender ser similar a esos pedantes personajes que solo buscaban verse como misericordiosos salvadores, o como patanes arrogantes que tan solo pretendían escuchar los pesares ajenos. Todo lo contrario, entendía que él no tenía el poder para perdonar. — Entiendo porque no te agradan estas prácticas, sé lo mucho que otras personas han sufrido a causa de su mal uso y de las ganas de poder. —alzó durante un segundo su rostro, dejando que la cercanía que los separaba fuese tan efímera como un suspiro. Sus facciones destellaban en conjunto a los relámpagos a las afueras de la Academia.

En la habitación predominó el silencio. No necesitaba decir nada por el momento, en ese donde cualquier palabra se volvería tan vacía cómo el mismo sonido que golpeteaba el techo de las habitaciones, proveniente de esa fría lluvia invernal. Tomó un profundo respiro antes de sacar todas las ideas de su cabeza. Ya no necesitaba pensar en nada más, todo estaba más claro y sereno que hace un par de minutos. Para el búlgaro era el mejor regalo de la vida.

No, quédate un rato. —instintivamente las palabras salieron de su boca de forma tan apresurada, que entremezcló el inglés con su lengua natal, dando paso a una extraña y peculiar lengua. Rió espontáneamente por ello, dejando que su carcajada hiciese eco. — Podemos disfrutar de la lluvia, quedarnos en silencio… es mejor que estar solos ¿no? —murmuró, dejando que su palma abierta acunase una de las mejillas del extranjero, siendo él quien por instinto le acariciase, aún fuera de sus propios pensamientos. Y se levantó, para tomar asiento encima de una mullida cama en una esquina del lugar, cubierta por varias mantas bastante gruesas, lo perfecto para conservar el calor. Una vez allí, palpó con su mano el costado. Tan sólo quedaba ver si esa noche terminaría o continuaría con esa invitación.
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