What am i doing here? [Privado]

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What am i doing here? [Privado]

Mensaje por Ricky M. Over el Dom Sep 04, 2016 6:16 pm

Recuerdo del primer mensaje :


El clima continental de Bulgaria azotaba aquella tarde con una ola de calor seco, que distaba mucho de parecerse al clima húmedo londinense al que el francés estaba acostumbrado. En consecuencia el cansancio se volvía doblemente fatigoso, y los rayos de sol se adherían a su cabello oscuro como polillas atraídas por la luz. Ricky salió del aula, alejándose con pasos mecánicos del exceso de rostros desconocidos que aún se encontraban en su interior. Acababa de tener lugar una de las escasas clases teóricas que figuraba en el programa de entrenamiento, como solía ocurrir últimamente, el francés quedó decepcionado. Tres días era el tiempo que llevaba asistiendo a la academia de aurores de Bulgaria, su arrepentimiento al respecto era equiparable a las ganas que tenía de marcharse del país. Tenía un itinerario distinto al de Salvio Hexia, los aprendices búlgaros se sometían a entrenamientos más intensivos, un duro adiestramiento al que les gustaba denominar de élite. El entrenamiento de Ricky se pospuso un mes entero tras la guerra, la destrucción de la universidad y el malestar de su instructor. En consecuencia pasó treinta días inactivo, treinta días sabáticos reponiéndose de sus heridas y decidiendo qué sería de su vida ahora que su lugar de estudio pasó a ser un emblema simbólico compuesto de ruinas y escombros. Setenta y dos horas de entrenamiento búlgaro tras un mes de inactividad fueron suficientes para dejar su cuerpo adolorido y envarado por las agujetas. Mas no era esa agotadora disciplina el detonante de su antipatía a la institución, sino sus nuevos compañeros. Percibía que los extranjeros de Reino Unido no eran bienvenidos para todos, algunos alumnos murmuraban a sus espaldas, sabían sobre el desprestigio que sufrían los aurores británicos tras la guerra y les parecía, en general, una vergüenza para el oficio. La opinión de Ricky al respecto no podía ser más opuesta a la de ellos.

Ricky se topó a un grupo de extranjeros en su camino, les sorteó como si fueran un obstáculo y esquivó sus miradas para así ahorrarse saludar. Se alejó de ellos a toda prisa, lamentando el deterioro de sus dotes sociales, hasta hace poco envidiables. La guerra, caótica y mortífera, uno de los principales motivos de su huidizo comportamiento. El gentío recordaba al francés a la batalla, verse en mitad de una alborotada masa de personas evocaba en su cerebro sonidos y olores que desearía olvidar. Gritos, súplicas de civiles que huían despavoridos de siete mitológicas cabezas y después de un ejercito de asesinos. Sangre, humo, polvo levantándose de los escombros del que habría sido su futuro, formando humaredas que levitaban entre haces de luz y colores emergiendo de distintas varitas.

«No encajo aquí, este no es mi lugar» ¿Pero, cuál era entonces su lugar? ¿Junto a su padre en Francia? ¿O con Bluebelle, en el mundo muggle? ¿Entre las ruinas de Salvio Hexia? «Estaría más cómodo viviendo entre ruinas que aquí» —Pensó amargamente— La verdad, hacía ya mucho tiempo desde la última vez que Ricky sintió que encajaba en un lugar, dicho sentimiento quedó en el pasado junto con gran parte de su inocencia. Para más inri, antes de la guerra el francés se aferró a su lucha y convirtió ésta en una de sus principales razones de ser. Actualmente, tras el exterminio del mago tenebroso, su lucha carecía de sentido, y mismamente el resto de su vida.

Y en vista de todo lo acaecido, el gorrión descarriado había volado a Bulgaria y trataba de poner fin a su instrucción como auror, dejada a medias tras la destrucción de Salvio Hexia.

Caminó a la deriva por el recinto, todavía inexplorado, que desde fuera lucía como una fábrica abandonada para los no mágicos. Localizó un solitario banco en mitad de la especie de patio en el que se encontraba. Su siguiente clase era práctica, y tendría lugar pasada una hora, mientras tanto el francés no tenía más que hacer que dejar volar el tiempo, sentado en un incómodo banco de madera en un país desconocido.
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Mensaje por Ricky M. Over el Jue Sep 08, 2016 2:37 pm

Su entendimiento en la materia difícilmente podría competir con otro. Comprendía la confusión que se sentía al buscar una respuesta al comportamiento de aquellos que disfrutaban torturando, sembrando el pánico. «La oscuridad es una extraña para los que han caminado siempre por el lado de la luz, un misterio incomprensible» Creía el francés que para ponerse en los zapatos de una mala persona, era necesario un momento de vacilación, o inclusive haber formado parte de ambos bandos. Así pues, por mucho que pensara, no daba con ningún motivo creíble, nada que justificara o excusara tan despreciables acciones. Que a Killian le ocurriera lo mismo, sólo reafirmaba la creencia de que estaba ante una buena persona.—Tienes mucha razón— Concluyó. No creía que valiera la pena debatir al respecto, dos jóvenes honrados jamás encontrarían razón a la maldad, el aprendiz ni creía en su existencia.

Dos hoyuelos brotaron en las mejillas del francés en cuanto vio la expresión cómica de su acompañante, el derecho más marcado que el izquierdo. Se rió por cinco segundos, cesadas las carcajadas su risa encontró una sustituta, la blanca sonrisa se mantuvo imperturbable. El gesto no era tan divertido, no se merecía esa acogida, pero el factor sorpresa tenía gran importancia, y para Ricky resultó ser muy inesperado.—Sí que sienta de lujo desahogarse— Afirmó con sinceridad. Su cuerpo lo notaba. La tensión comenzaba a abandonar espalda y hombros, las facciones de su rostro ganaban dulzura al relajarse y sonreír le sentaba mejor, sonreír puede rejuvenecer, como un elixir. Todavía era pronto, pero el francés deseaba que su amistad floreciera, que llegara la primavera, y entonces habría confianza suficiente para igualar o incluso superar ese tipo de gracias tontas.

La llegada del silencio no supuso una incomodidad para el aprendiz, mas sabía que a algunos les violentaba la escasez de palabras, temía que su acompañante formara parte del colectivo. Quería decirle muchas cosas, pero todas ellas inadecuadas o ridículas, se rindió a la última categoría y movió los labios para pronunciar su estupidez, por fortuna la pregunta del búlgaro impidió que Ricky se convirtiera en responsable de romper el silencio.

Un dedo índice, acusador, señaló al joven búlgaro.—No temas entrometerte, ni se te ocurra volver a pedirme perdón, Killian Herondale— Enseguida dudó el haber pronunciado correctamente su apellido, sólo se lo había oído decir una vez. El francés no solía dar demasiada importancia a los apellidos, le recordaban a los puristas que se creían mejores por pertenecer a una familia de sangre pura, por poseer un apellido con su historial impoluto, libre de traiciones o mestizajes.

Ejecutada su advertencia, se dispuso a responder.—Uhm.. a ver... deja que piense. No llevo aquí ni una semana— Le recordó, pero unos minutos de reflexión fueron suficientes para reunir más objeciones aparte del idioma.—La comida, tengo que acostumbrarme a la comida— Cualquiera que conociera al ex-tejón se llevaría las manos a la cabeza al oírle decir eso. Estaba hecho un glotón, uno de sus pasatiempos favoritos era comer. Años atrás, en los banquetes de Hogwarts, el joven brindaba todo un espectáculo, arrasaba con todo manjar que aparecía en la mesa de los tejones. La principal damnificada tras los banquetes era su túnica, siempre terminaba sucia.—Ayer estaba hambriento, hambriento a nivel me comería un hipogrifo, fui a una cafetería y me sirvieron una sopa fría— Su voz no habría tenido un matiz menos indignado de acabar de recibir una bofetada. «Una sopa fría. UNA SOPA FRÍA. ¿DESDE CUÁNDO LAS SOPAS SON FRÍAS?» —No recuerdo el nombre de la receta, no sé si será típica de aquí, pero apestaba a ajo y sabía a verduras— Su rostro compuso una muesca de asco, el francés era un enemigo declarado de las hortalizas.—Tampoco he encontrado por aquí las golosinas que venden en Honeydukes— Añadió, un pensamiento en voz alta. Dudó si Killian conocería la tienda de caramelos que se encontraba en el pueblo mágico, no lo creía, estaban muy lejos—Es una tienda de dulces, te encantaría, tienen los mejores del mundo— Explicó. No tardaría en volver a pasarse por Londres, su apartamento estaba ahí. Aprovecharía para visitar Hogsmeade, tenía curiosidad por saber si el pueblo habría retomado su ambiente habitual tras la marcha de los mortífagos que antes lo amenazaban. Quizás pasaría por Honeydukes y compraría una variedad de caramelos típicos para que Killian los probara, pero decidió guardárselo para él, prefería que fuera una sorpresa.

Oh, también me costará acostumbrarme al clima. He oído que los inviernos son muy fríos, seguro que voy a pasarme todo el año resfriado—Agregó, imaginándose el espacio abierto en el que se encontraban cubierto de varias capas de nieve, y al búlgaro abrigado con un sombrero de lana y una tupida bufanda.—Pero son cosas con las que creo que no puedes ayudarme, a menos que puedas controlar el tiempo, entonces sí— Bromeó, recorrió con la mirada los ojos ámbar de su acompañante y después miró hacia la puerta que llevaba al interior. El tiempo corría en su contra. Irónico, al sentarse en el banco lo que más deseaba era que los sesenta minutos antes de su próxima clase transcurrieran lo más rápido posible, y ahora odiaba que así fuera, no podían quedarles más de quince minutos juntos. ¿Vendría Killian a su misma clase?
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Mensaje por Killian Herondale el Jue Sep 08, 2016 9:15 pm

Entre todos los temas posibles, entre tantas formas de conversaciones amenas para un primer encuentro, él había optado por la más peligrosa y tentadora de todas. El nuevo orden del mundo mágico, la caída de uno de los magos tenebrosos más temidos por la sociedad. Esa mancha negra que siempre perduraría en la esencia de cada familia mágica que vivió por primera mano las atrocidades de un mounstro. Un ser humano que solo era portador de muerte y sufrimiento, una auténtica anima que vagaba por el mundo. Aquello que todos odiaban y que a la ve temían. Ese era su brillante tema de conversación, el que alejaría a cualquiera con dos dedos de frente.

— ¡Cambiemos de tema! ¿vale? — anunció con algo de emoción y moviendo las manos de un lado a otro, dando por finalizado el tema de las muertes sin sentidos y la oscuridad perpetua. Quería encaminar la conversación a un tono más cálido y natural, algo que llevase al francés hasta un punto, donde en cierta manera se sintiese cerca de su hogar. — A veces me pongo tonto. — confesó luego de la cara graciosa, ya que las reglas, el régimen casi militar que seguían los futuros aurores y las pocas salidas agobiaban a cualquiera.

Disfrutó del silencio en cuanto duró. El viento arremolinándose a su alrededor, la sensación de los pequeños rayos de luz colándose sobre su piel y reconfortándole luego de una mañana de lo más atareada. ¿Estaba en sus manos hacerle sentir como en casa? No podía mover su varita y aparecer un pedazo de Inglaterra, era posible, pero de nada servían los lugares si la esencia que guardaban no permanecía con ello. La tarea era difícil, no imposible, pero complicada en su ejecución.

Es normal, estás acostumbrado a una gastronomía diferente. — escuchó como nombraba una sopa fría, ambos la habían comido, al menos supuso eso, aunque era de las personas que siempre comían las mismas cosas en todas las comidas, sin variar el orden. Sopa fría, sopa fría… — Creo que has comido un Tarator, está hecho de pepinillos y no es de mis favoritos, es algo que se ve en Bulgaria nada más. — muy pocos lugares del mundo servían sopas frías, en suelo alemán servía para saciar la sed y llenar el estómago, en cambio, para él no parecía demasiado apetitosa. — Siempre puedes pedir algo un tanto más típico, no creo que se nieguen o puedes colarte en las cocinas, ¿te atreves? — inquirió.

En cuanto se escuchó que nuevos alumnos se esparcirían por el mundo para terminar su formación, sabiendo la historia que se ceñía, todos buscaban hacerles sentir bienvenidos. Bulgaria era la única excepción, el semblante frío no dejaba ver a través de nada, tan solo se asemejaban a témpanos de hielo seco. Se imaginó por un momento las calles de Londres, ahora que lo recordaba, jamás había salido más allá de la frontera de su país; solo conocía los mismos lugares, a las mismas personas. Suspiró resignado, volteando el rostro.

Rester, C'Est exister, mais voyager, C'est vivre. — murmuró con una pequeña sonrisa plasmada en el rostro, casi de manera inconsciente, como un pensamiento furtivo que se escapó de sus labios. Algo raro de ver era a un búlgaro hablando francés, más aún si era pésimo para el inglés y casi excelente en el lenguaje del amor. Casi parecía una mentira, pero era la más pura verdad. — Puedo conseguirte dulces, aunque debemos esperar que… nos dejen salir. — ¿era esa una posible invitación? Desestimó las jugarretas de su mente, agregando. — Jamás he viajado, me gustaría hacerlo. — conocer otras lugares, personas nuevas, que esperaba fuesen igual de amigables que su nuevo compañero. El tema del clima era algo habitual. — Nunca subestimes lo que una varita, una chimenea y muchas mantas pueden hacer, Rick. — dijo, encogiéndose de hombros.

Off: Rester, C'Est exister, mais voyager, C'est vivre. — Ser es existir, pero viajar es vivir.
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Re: What am i doing here? [Privado]

Mensaje por Ricky M. Over el Vie Sep 09, 2016 9:21 am

El sol se ocultó tras las nubes, sus rostros oscurecieron por efecto inmediato, poco tenía que ver el matiz que cobraba la conversación con el clima continental, por mucho que consiguiera el sol ocultarse era otro factor el que deslumbraba en ese momento. La renovada desenvoltura del francés fue evidente, pasó de no pronunciar más de tres palabras juntas a parlotear incansablemente con las bajadas y subidas de tono típicas de su persona.

TARATOR— Repitió tras oírlo en boca del otro. Recordó a la camarera recomendárselo, e imaginó a la joven búlgara riéndose a sus espaldas de la fatal elección. El inglés de la camarera no era fluido, por lo que en ese momento no se atrevió a indagar más sobre los menús que ofrecían.—¡Eso era! Hasta el nombre es feo, no me extraña que esté tan asquerosa— Comentó jocoso, aliviado de haber conseguido extinguir de su aliento el repugnante aroma del ajo.—Me atrevo a colarme en las cocinas si vienes conmigo. El verdadero obstáculo estaría en que una vez dentro sería incapaz de prepararme un triste sandwich— Añadió, divertido pero sincero. Los veranos de años atrás en la familia Over eran una prueba viviente de cuán ciertas eran sus palabras. Ricky pasaba las vacaciones junto a su padre en la hogareña casa situada en un modesto barrio de Londres. Ambos, padre e hijo, se alimentaban a base de comida basura precongelada, sus escasos intentos de guisar derivaban en una muy alta probabilidad de incendio. Durante las vacaciones estivales, el francés añoraba más que nunca los banquetes del colegio, un manjar aderezado en el olimpo en comparación con la bazofia que tenían para comer en casa. Exhaló una bocanada de aire ante el recuerdo de su padre junto a una hamburguesa carbonizada, le echaba de menos.

Hablar tanto sobre su país consiguió que adoptara una expresión melancólica. Exageraba, hacía poquísimo desde la última vez que pisó terreno inglés, el uso de trasladores facilitaba que pudiera viajar de una zona a otra casi cada día. No obstante, sus visitas a Londres se limitaban a estar en su apartamento, descansar y regresar a Bulgaria. El tiempo era oro, y Ricky pobre.

Vous parlez français?— Preguntó sorprendido, usando para ello su oxidado-aunque natural-francés. El aprendiz tenía tiempo sin practicar su lengua nativa, acostumbraba a hablar en francés únicamente con su familia, y hacía ya cuatro años que no veía a ningún miembro de ella. ¿Qué Killian supiera hablar también en francés? Una sorpresa, una coincidencia, el destino quizás. Puesto que la pronunciación del búlgaro era mejor en el idioma del amor, consideró que podrían comunicarse en francés, pero lo descartó enseguida. Si se limitaban a lo sencillo, uno jamás practicaría su inglés y otro no conseguiría acostumbrarse a la pronunciación búlgara. Sería un embuste por su parte afirmar que no resultó un deleite escuchar la voz de Killian dulcificada por el francés, como una sutil caricia que recordaba a su infancia. Las tiernas mañanas en las que su tía Pearl le despertaba con el aroma dulzón del desayuno, una mezcla intensa de bollería industrial y chocolate fundido. Mas no sería tan terrible renunciar a ello, también existía cierto atractivo en cada R pronunciada por el búlgaro.

Cuando nos dejen salir tendré más ganas de dormir que de comer— Encogió los hombros. Para los nuevos aprendices aguardaba un arduo entrenamiento, los instructores querían demostrar a los recién llegados lo formal y sufrida que era la academia de aurores, tal vez así conseguirían que más de un extranjero renunciase.—¿No has viajado antes?— Preguntó incrédulo, e inmediatamente pensó en sus viajes. Siempre por trabajo, estudios o asuntos familiares. Nunca por placer, o por necesidad de explorar ni descubrir las maravillas de cada país.—Tampoco suelo viajar, al menos no por placer, hasta este momento ni se me había pasado por la cabeza conocer Bulgaria— El único motivo del francés para estar en la fría tierra, era instruirse, no consideró hacer turismo hasta el momento. Se imaginó visitando uno de los famosos monumentos construidos por muggles siglos atrás, o quizá por un mago muy astuto. También se imaginó contemplando un popular milagro de la naturaleza.. o quizá de un mago muy travieso.

El útil consejo del búlgaro fue acogido por una carcajada del francés.—Oh, pero Killian.. ¿Qué pensarían de mí nuestros compañeros si me paseara por ahí llevando conmigo una chimenea y un montón de mantas?— Sus comisuras se curvaban en una sonrisa divertida sólo de imaginarse en situación, visualizar la mirada entre atónita e incrédula de los hipotéticos búlgaros. Los residentes, acostumbrados al frío, tendrían preparado un fondo de armario ideal para hacer frente al invierno. Si tan sólo Ricky tuviera dinero suficiente como para prepararse ante la llegada de la estación más fría. Se haría con varias túnicas y capas de invierno, guantes de piel de dragón, orejeras, gorros.. —Lo de la varita te lo concedo—Agregó. El arma iba a todas partes con él, se acostumbró a no separarse de ella en tiempos oscuros y actualmente aún era incapaz de dormir sin colocar la varita junto a su almohada.
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Re: What am i doing here? [Privado]

Mensaje por Killian Herondale el Vie Sep 09, 2016 6:42 pm

Desconocía que era pasearse por un jardín sin sentir el arduo calor, que terminaba derritiéndole el cuerpo. Las heladas ventiscas destruían la poca vida silvestre, sumiéndole en la cruda realidad del paraje. Ese pequeño pedazo de mapa era todo lo que él conocía, en lo que se basaba su vida. Aún así contemplaba el destello matutino que se apoderaba del cielo, tiñéndole de tonos naranjas y otorgando un aspecto fantástico, fuera de este mundo. Mientras le observaba, sabía que estar en ese lugar valía la pena. Era su recordatorio; por más cruda que fuese la vida, siempre hay un lado amable que ver.

Rick… — el joven por fin tuvo la oportunidad de hablar, extendiéndose un poco para mirar de costado al jocoso acompañante, que tan solo expresaba a ciencia cierta lo que era la comida búlgara. — Acabas de llamar a la comida de mi país asquerosa, ¿sabes? — inquirió, arqueando una ceja para imitar perfectamente una seña de molestia, que se desvaneció al paso de los segundos, dando lugar a una cálida risa. — Nadie puede ser tan malo en la cocina, seguro estás exagerando para que me olvide de lo del Tarator. — y allí le imaginaba, con malabares en las manos e intentando no incendiar la cocina, ¿por qué su mente lo reproducía a la perfección?.

En cada parte del mundo existían platos típicos. En Bulgaria la sopa del día era fría, en suelo inglés resultaba todo lo contrario. Su mente se dejaba llevar por un mar de posibilidades e ideas. Imaginar como las paredes de cemento y los suelos adoquinados de Londres le rodeaban, como luego de tanto tiempo, hubiese podido viajar con tan solo una idea. Y si algún momento llegase a dejar su tierra natal, sentiría la impetuosa necesidad de correr a ella, removerse entre su gente con poca gracia y el clima cruel que golpeaba a todos. Porque era lo que él conocía, porque luego de todo, ese lugar era lo único que podía llamar hogar.

Encogió los hombros cuando la pregunta llegó a sus oídos, completándole con una curva en sus labios que solo demostraba picardía. Se lo advirtió, ni aunque se lo dijese iba a creer que un búlgaro tosco tenía el toque suave para desenvolverse en el hermoso idioma del amor, que tanto se caracterizaba por ser delicado y exquisito al oído. Las palabras le recordaban a su madre, sentada en el pórtico, con la fragancia de las rosas creando un ambiente único. El creaba ese ambiente con solo un par de palabras, imposible.

Si crees que ahora los entrenamientos son rudos, tan solo espera al Invierno. No podrás moverte luego de la primera sesión, muchos han perdido dedos o extremidades. — lo último no era tan cierto, buscaba asustarle un poco. ¡Él había hablado mal de su comida, de alguna manera buscaba vengarse!  Negó con la cabeza; era descabellado aún no haber viajado. — He pensado en hacerlo, pero llegar a un lugar nuevo, que no conoces y del que no tienes idea… es aterrador. — y de cierta manera eso era lo que el castaño estaba sintiendo en ese momento, vaya manera de ponerse en sus zapatos.

Esperó a oír su respuesta, demasiado inteligente y probablemente acertada. — Te tomarían como un tonto, nadie sale así en invierno, todos se quedan dentro. — trató de igualarle el perspicacia, más no lo lograba. El siempre usaba algún tipo de encantamiento de cambio meteorológico, como Luctus, para mantener el ambiente cálido y acogedor en su habitación. — Si no tienes mucho que hacer o simplemente necesitas hablar, siempre estoy en mi habitación luego de clases. — indicó con la mano la dirección, era un solo pasillo para los varones, así que perderse era bastante difícil. Escuchó pasos y risas, volteó el rostro para encontrarse a sus perseguidores y tragó seco. Sabía lo que venía, no iba a resistirse, tan solo deseaba que fuese tan natural que el francés no se percatase de ello. — Nos vemos, Rick. Hora de continuar. — dijo sin querer irse, siento tomado por los brazos por un par de compañeros que le mostraban sonrisas falsas al chico, y luego de unos segundos, todos partieron a sus respectivas clases. Maldición…
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