What am i doing here? [Privado]

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Mensaje por Ricky M. Over el Dom Sep 04, 2016 6:16 pm


El clima continental de Bulgaria azotaba aquella tarde con una ola de calor seco, que distaba mucho de parecerse al clima húmedo londinense al que el francés estaba acostumbrado. En consecuencia el cansancio se volvía doblemente fatigoso, y los rayos de sol se adherían a su cabello oscuro como polillas atraídas por la luz. Ricky salió del aula, alejándose con pasos mecánicos del exceso de rostros desconocidos que aún se encontraban en su interior. Acababa de tener lugar una de las escasas clases teóricas que figuraba en el programa de entrenamiento, como solía ocurrir últimamente, el francés quedó decepcionado. Tres días era el tiempo que llevaba asistiendo a la academia de aurores de Bulgaria, su arrepentimiento al respecto era equiparable a las ganas que tenía de marcharse del país. Tenía un itinerario distinto al de Salvio Hexia, los aprendices búlgaros se sometían a entrenamientos más intensivos, un duro adiestramiento al que les gustaba denominar de élite. El entrenamiento de Ricky se pospuso un mes entero tras la guerra, la destrucción de la universidad y el malestar de su instructor. En consecuencia pasó treinta días inactivo, treinta días sabáticos reponiéndose de sus heridas y decidiendo qué sería de su vida ahora que su lugar de estudio pasó a ser un emblema simbólico compuesto de ruinas y escombros. Setenta y dos horas de entrenamiento búlgaro tras un mes de inactividad fueron suficientes para dejar su cuerpo adolorido y envarado por las agujetas. Mas no era esa agotadora disciplina el detonante de su antipatía a la institución, sino sus nuevos compañeros. Percibía que los extranjeros de Reino Unido no eran bienvenidos para todos, algunos alumnos murmuraban a sus espaldas, sabían sobre el desprestigio que sufrían los aurores británicos tras la guerra y les parecía, en general, una vergüenza para el oficio. La opinión de Ricky al respecto no podía ser más opuesta a la de ellos.

Ricky se topó a un grupo de extranjeros en su camino, les sorteó como si fueran un obstáculo y esquivó sus miradas para así ahorrarse saludar. Se alejó de ellos a toda prisa, lamentando el deterioro de sus dotes sociales, hasta hace poco envidiables. La guerra, caótica y mortífera, uno de los principales motivos de su huidizo comportamiento. El gentío recordaba al francés a la batalla, verse en mitad de una alborotada masa de personas evocaba en su cerebro sonidos y olores que desearía olvidar. Gritos, súplicas de civiles que huían despavoridos de siete mitológicas cabezas y después de un ejercito de asesinos. Sangre, humo, polvo levantándose de los escombros del que habría sido su futuro, formando humaredas que levitaban entre haces de luz y colores emergiendo de distintas varitas.

«No encajo aquí, este no es mi lugar» ¿Pero, cuál era entonces su lugar? ¿Junto a su padre en Francia? ¿O con Bluebelle, en el mundo muggle? ¿Entre las ruinas de Salvio Hexia? «Estaría más cómodo viviendo entre ruinas que aquí» —Pensó amargamente— La verdad, hacía ya mucho tiempo desde la última vez que Ricky sintió que encajaba en un lugar, dicho sentimiento quedó en el pasado junto con gran parte de su inocencia. Para más inri, antes de la guerra el francés se aferró a su lucha y convirtió ésta en una de sus principales razones de ser. Actualmente, tras el exterminio del mago tenebroso, su lucha carecía de sentido, y mismamente el resto de su vida.

Y en vista de todo lo acaecido, el gorrión descarriado había volado a Bulgaria y trataba de poner fin a su instrucción como auror, dejada a medias tras la destrucción de Salvio Hexia.

Caminó a la deriva por el recinto, todavía inexplorado, que desde fuera lucía como una fábrica abandonada para los no mágicos. Localizó un solitario banco en mitad de la especie de patio en el que se encontraba. Su siguiente clase era práctica, y tendría lugar pasada una hora, mientras tanto el francés no tenía más que hacer que dejar volar el tiempo, sentado en un incómodo banco de madera en un país desconocido.
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Mensaje por Killian Herondale el Dom Sep 04, 2016 8:31 pm

Detestaba esa clase de mañanas, deseaba que la blanca nieve cubriese los páramos a su alrededor, que su aliento se congelase con el paso del tiempo. En cambio, el clima se tornaba traicionero y casi árido, con oleadas de calor intensas que azotaban a los jóvenes aurores en formación. Para la mayoría era una costumbre entrenar en esas condiciones, para los más débiles y desafortunados, era una larga tortura que no terminaba hasta que la última clase finalizaba. La Academia era considerada uno los centros de entrenamientos con mayor prestigio dentro del mundo mágico, y no era para nada fácil formar parte de la fila de aurores. Grado académico que sobrepasase las expectativas o en su defecto, una habilidad nata para la toma de decisiones y duelos, era más que necesario para asegurarse la entrada.

Killian observó de lado a lado antes de salir desde uno de los salones, con las manos escondidas dentro de la túnica y siempre atento. Era una de las costumbres que quedaron arraigadas al búlgaro, el estar siempre alerta, lo menos que deseaba era ser sorprendido por uno de los bromistas de turno y tener que explicarle al alto directivo toda la situación. No era su primera vez en el gran salón o frente a los profesores, muchos le consideraban una visita regular que, aunque jamás querían verle en esa situación, buscaba una forma de terminar entre los peores disturbios. Vaya desgracia ¿no?

Los pasos casi agigantados resonaban sobre los adoquines del suelo y les miró, un grupo de sus compañeros, con sonrisas socarronas y ese destello en la mirada que indicaba problemas. Quiso devolverse, girar a un costado y perderse entre uno de los salones. Para su sorpresa, cada uno de ellos estaba cerrado —bendita sea su suerte— y quedó a la merced de sus perseguidores. Pronto se vio envuelvo en un círculo de sonrisas, se acostumbró a ello, a siempre ser molestado, a recibir la mierda de los demás como si fuese propia. Su cuerpo se movió de lado a lado por los empujones, intentó mantener el equilibrio y esperó que terminasen. ¿Pasaría siempre? Esperaba que no.

Intentó tomar aire, cerró los ojos y contó… uno, dos, tres. Jamás ayudaba, la cólera aún yacía como lava ardiente deslizándose entre sus venas, amenazando con hacerle explotar, con liberar toda la ponzoña que encerraba su alma y atacar sin piedad. ¿Deseaba volver a la mansión? Todo había terminado, al parecer. Era libre de salir por la puerta grande cuando quisiera, nadie le diría nada, nadie se atrevería a hacerlo. Después de todos ¿no eran sus mismos compañeros quienes le tachaban como el chico raro que hablaba con serpientes y tonteaba con Artes Oscuras?.

Y sin saber cómo, sus ojos se posaron en el pequeño espacio al aire libre que ofrecía la academia. No era el mismo utilizado para los entrenamientos, para eso tenían los bosques o zonas más rurales, rígidas, porque a los profesores le encantaban ver sufrir a los jóvenes aspirantes. A unos cuantos metros, sentado sobre uno de los bancos, yacía una figura que le recordaba vagamente a si mismo hace unos años atrás. Era un estudiante nuevo, le conocía de vista y la historia detrás de su llegada estaba lejos de ser placentera. ¿Era buena idea hablarle? No lo sabía, pero aún así se acercó.

¿Día difícil?— hacía mucho que no hablaba inglés, se notaba por la voz áspera y la forma en la que intentaba pronunciar sus palabras, dejando de lado su acento. La curiosidad le mataba, quería preguntarle sobre el pasado de la maravillosa academia mágica; supo que estaba mal, que era una herida sin cicatrizar. Lo notaba, era más que palpable. Bajó el torso hasta quedar sentado a su lado, mostrando una media sonrisa para hacerlo más llevadero. —Muchos de los entrenamientos se vuelven tediosos si no estás acostumbrados a ellos. — y pasó la mano por su túnica, acomodándola y tratando de disimular lo arrugado que estaba. Ya parecía un mendigo.
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Mensaje por Ricky M. Over el Lun Sep 05, 2016 7:32 am

Una hilera de hormigas rodeaba la pata derecha del banco, el ejército de insectos se organizó para reunirse en torno a un pedazo de pan mohoso que alguien había arrojado al suelo. En cuestión de segundos, el pan estuvo tan cubierto de sus pequeños cuerpos negros que cualquiera sería incapaz de adivinar qué abordaban las hormigas. La pregunta formulada por una voz desconocida le alarmó, alzó la mirada del particular documental sobre hormigas y se fijó en el recién llegado. Su acento le delataba, aún hablando en inglés su pronunciación era tosca y cerrada, típica en los búlgaros del lugar. Sucedía igual con la mayoría de sus compañeros, e inclusive con el personal docente, al aprendiz le costaba entender las clases aun cuando se comunicaban en la lengua universal. El rostro del chico se le antojó ligeramente familiar, puede que hubieran coincidido en alguna instrucción, en honor a la verdad debía admitirse que Ricky no reparaba en absoluto en sus compañeros de academia, sumido en sus preocupaciones olvidaba prestar atención a los demás.

Se planteó seriamente el pronunciar una respuesta esquiva e inmediatamente levantarse y huir sin ofrecer excusas al respecto, evitó a la gente durante tres gloriosos días y ahora, irónicamente, la gente venía a él.—¿Día difícil?— Repitió sin moverse, esbozando una amarga risotada.—Más bien un mes difícil— Concluyó, una verdad a medias.  «Yo diría más bien un año difícil, o una vida difícil» Mas se guardó sus pesimistas pensamientos para sí, pues no quería poner al búlgaro en una situación comprometida, obligándole a preguntar el motivo de su amargura o a que sintiera pena por él.

Instintivamente se movió hacia un lado cuando el otro se sentó, alejándose de él y dejando así más espacio que ocupar del banco. Arrugó la nariz, preguntándose si la del búlgaro era una afirmación maliciosa, si era de esos que creían mejor su academia y por tanto consideraban débiles a los que venían de fuera. Tenían parte de razón, la instrucción búlgara debía ser de algún modo más intensiva si la duración para convertirse en auror era sólo de dos años, mientras que en la destruida universidad duraba cuatro años. El francés rozó con la yema de los dedos su graduación, estudió durante tres largos años, mas la destrucción de Salvio Hexia le había obligado a comenzar de nuevo en otro país.—Sólo estoy un poco cansado— Contestó, maquillando la verdad.—Sé que es cuestión de acostumbrarse— Se frotó las entumecidas pantorrillas con las palmas, masajeando sus piernas disimuladamente para menguar la molestia. A la mayoría de sus heridas de post guerra les bastó un mes para sanarse, el francés contó con la suerte de no salir gravemente malherido de la batalla, en su mayoría su cuerpo se llenó de hematomas producto de varias caídas fuertes sufridas con intención de esquivar o por impacto directo de un placaje de la bestia.

Escrutó más detenidamente a su acompañante. Era joven, atractivo, pero su túnica estaba surcada de arrugas y parecía desgastada. ¿Sufriría problemas económicos o se trataba de un mero descuido? El mismo Ricky estaba en números rojos. El último año fue crítico en lo que a economía se refería, pero aunque no contara con una fortuna ni tuviera paga semanal, al menos la universidad le aseguraba un becariado en el ministerio de magia británico, su sueldo como becario era ínfimo, pero alcanzaba. Destruida la universidad y tras las reformas en el ministerio, actualmente el aprendiz no contaba con ningún tipo de ingresos, era cuestión de tiempo que sus ahorros se terminaran, una cuenta atrás. ¿Y que haría entonces? Tendría que buscar un trabajo que no interfiriera con los horarios de la academia, o por otra parte bajarse los pantalones y pedir dinero a su mejor amigo. La tercera opción, resignarse y morir de hambre.

Se sorprendió descubriendo lo placentero que resultaba charlar con alguien tras setenta y dos horas en silencio, en luto de palabras, evitando comunicarse más que mediante gruñidos y asentimientos. Su voz agradeció verse liberada de su encierro entre las paredes de la garganta, y aunque en principio se presentó inusitadamente grave por el desuso, a medida que el francés hablaba ésta recobraba su tono plácido, reconfortante y hasta amigable. Hasta la fecha nadie se había molestado en acercarse a hablar con él, más que para preguntarle directamente si había visto en directo el asesinato del ex-ministro—respuesta negativa, pues en ese momento se encontraba lejos y ocupado batiéndose en duelo contra un mortífago anónimo—Internamente agradeció la iniciativa del búlgaro, decidiéndose por compartir el tiempo libre junto a él hasta que pasaran los sesenta minutos o bien decidiera marcharse.

Alzó la mano a la altura de su pecho.—Me llamo Ricky— Se presentó, esperando escuchar como respuesta un impronunciable nombre búlgaro y notar contra su diestra un pegajoso estrechón.—¿Cuál es tu nombre?
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Re: What am i doing here? [Privado]

Mensaje por Killian Herondale el Lun Sep 05, 2016 10:39 am

Mostró algo de recelo cuando su mirada captó la figura del nuevo integrante de la escuela búlgara, de alguna forma, verle de esa manera le resultaba agradable… tan plácido y tranquilo, intento ahuyentar los pensamientos y centrándose en solo un puñado de hormigas en el suelo. Le recordaba a él mismo hace tan solo un par de años. Tuvo que ingresar con un buen puñado de compañeros, muchos conocían sus historias y rumores, los mismos que se fueron expandiendo como pólvora cuando pisaron el suelo rústico de la institución. Nadie escapaba de las malas lenguas, por más que se huyese; era un laberinto circular tan oscuro, que la salida se perdía entre trampas viles y mortales.

Tragó en seco al estar cerca, ¿sería él uno más de sus torturadores? ¿también debería plantearse evitarlo por lo que restaba de su formación? Juzgar a las personas era fácil, la situación se daba para ello, la política se prestaba para incentivarlo y, aunque se abría ante la posibilidad de entablar una conversación amena, los rumores que corrían sobre el pasado de los estudiantes de la escuela en ruinas, era todo menos agradable.

¿De qué sirve un camino fácil si no puedes regocijarte de la recompensa? — la risa se desvaneció en el aire, como un gélido aliento en invierno. Aunque lo tratase de evitar, la forma en la que hablaba y se desenvolvía, le hacían dudar sobre si estaría o no bien. No era su amigo, intercambiaban palabras por primera vez, y aún así, quería saber que era lo que acongojaba su joven ser. — ¿Estás cansado de las clases o tiene que ver con otro asunto? — se inmiscuyó, con un tono de voz afable, intentando no alejarle. Porque en ese momento, sentía que con cualquier movimiento o pregunta fuera de lugar, el contrario desaparecería sin dejar rastro.

La mirada del búlgaro viajó hacia sus dedos, donde yacía ese círculo infinito que rodeaba uno de los dedos.  Perder súbitamente el mundo que conocías era un sentimiento atemorizante, tan parecido a caer en un agujero sin fondo, donde perdías el control de sus movimientos y se volvían esclavos de una fuerza indómita, misteriosa y entrañable. Ansiaba quitarse la túnica arrugada. Maldecía en su mente a cada uno de los integrantes que encontró en el pasillo. Ningún día era fácil, una constante competición por ser el mejor, evitar ser motivo de burlas o bromas, en eso se basaba su estadía allí.

Killian Herondale, un placer. — muchas veces le costaba pronunciar las palabras o recordar cuál era la manera correcta de emplearlas. No practicar durante tanto tiempo oxidaba su vocabulario, tal vez si intentaba hablar un tanto más fluido, como lo hacía con sus íntimas amigas, podía resultar más amigable y no como un búlgaro malhumorado. — Puedo entender… entenderte. — titubeó, largando una pequeña carcajada al no haber recordado la palabra. — ¿Qué te ha parecido la Academia de Aurores hasta el momento? — preguntó, un tanto interesado y alzando la mirada para encontrarse con la suya.
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Mensaje por Ricky M. Over el Lun Sep 05, 2016 12:01 pm

Su cuerpo se tensó al oír la incógnita del contrario, formulada con demasiada discreción para su gusto, pues ambos sabían bien cuál era el asunto de su congoja, el mismo que afligía a una parte del mundo mágico. Todos lo sabían, dudaba que existiera un sólo mago en todo el mundo que no hubiera oído acerca de la guerra que destruyó Salvio Hexia y presenció la muerte de tantos valerosos magos. Incluso el mismo Ricky había sido un mero títere en el escenario, jugando un papel de soldado secundario que poco importaba si perdía la vida en batalla. No estaba hecha la fama y la gloria para todos los valientes, el ministerio de magia se encargó de demostrar dicha teoría cuando tomó la injusta decisión de desprestigiar a los aurores bajo su mando.—Creo que conoces muy bien que asunto me tiene cansado— Respondió sin andarse con rodeos, abordando el tema directamente. No contestó con rencor, sino más bien demostrando lo cansado que en realidad se encontraba, cansado de fingir que nada había ocurrido y de pretender que su mente no quedó dañada por un estrés post traumático desde entonces.

Dentro de su cabeza la pregunta del millón pesaba como un yunque, imponiéndose sobre el resto de cuestiones que eran simple curiosidad hacia la persona desconocida que actualmente acompañaba y amenizaba el tiempo de espera entre una clase y otra. La mayor incógnita, qué empujaba al joven búlgaro a interesarse por el nuevo alumno. Lo más sensato sería pensar que se trataba de curiosidad, que estaba ante uno más de esos alumnos que querían conocer más detalles sobre la batalla y el destino del ministerio. Pero una vocecilla en su cabeza le pedía que confiara en que las intenciones del búlgaro eran amables, desinteresadas, y cada vez que el búlgaro sonreía o se dirigía a él en un tono afable, Ricky se sentía proclive a confiar en la voz de su conciencia.

Alzó ambas cejas ante la mención de su nombre, dieciséis letras de inesperada información dado lo que el francés esperaba escuchar.—Killian no es búlgaro— Exclamó descolocado, como si no fuera evidente para ambos. Consideró por un instante que, a diferencia de lo que había creído, el joven no fuera búlgaro, mas su marcado acento indicaba lo contrario. Killian experimentó un corto lapsus antes de hallar la palabra que estaba buscando, y hasta ese momento Ricky no consideró su esfuerzo. Estaba esforzándose para hacer fluir su inglés, le recordó a un infante tratando de comunicarse con un adulto, dando lo mejor de sí mismo. El francés se sintió agradecido, agradecido por primera vez en días por aquel desconocido que se esforzaba en hablar un idioma extranjero sólo para poder relacionarse con él, y nadie le obligaba a hacerlo.

Su acento inglés no era muy bueno, se veía distorsionado por el búlgaro, pero no le costaría pulir la pronunciación si practicaba más a menudo y no tan sólo lo justo y necesario para comunicarse.—Se te da bien el inglés— Halagó cortés una vez las carcajadas ajenas se convirtieron en un recuerdo. Los labios del aprendiz se curvaron en una pequeña sonrisa, la primera muestra de felicidad tras semanas.—Yo soy incapaz de decir una sola palabra en búlgaro, si la responsabilidad de adaptarme a la conversación recayera sobre mí, tendríamos que comunicarnos por signos—Bromeó. Únicamente escuchó el idioma europeo mediante resquicios de conversaciones ajenas, y para Ricky no tenía ningún sentido. El búlgaro para él era una serie de sonidos aleatorios, un sinsentido que no le recordaba a nada oído con anterioridad. Pero que bromeara, eso era toda una novedad. El cascarón empezaba a resquebrajarse, haces de luz filtrándose a través de las grietas, quizás no estaba tan lejos de volver a ser el chico de siempre, o al menos alguien remotamente parecido.

Pensaba qué responder cuando sus ojos se encontraron, un matiz amarillento contra su tono azul cambiante. Decidió no mentir, no camuflar la verdad. Estaba cansado de camuflajes, de ahora en adelante dejaría eso para la moda y los camaleones.—¿Sinceramente? Tengo ganas de salir corriendo— Confesó, y pocas confesiones le habían dejado tan satisfecho como ésa.—No es que la academia esté tan mal, pero el entrenamiento es algo duro y no termino de acostumbrarme a la gente de aquí— Estaba contando sus preocupaciones a un completo desconocido, y sin embargo era liberador, hacía tiempo que no se topaba con alguien dispuesto a escuchar.—No siento que encaje aquí— Mascullo, devolviendo su mirada añil al milagro natural que tenía lugar bajo el banco. Prefería no tener que mirar a las orbes del desconocido al momento de confesarse un bicho raro, un pez fuera del agua.
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Re: What am i doing here? [Privado]

Mensaje por Killian Herondale el Lun Sep 05, 2016 1:00 pm

El miedo era algo para conocido para todos los magos, vivían de él, de esconderse detrás de las inmensas paredes, de perecer bajo la mano de un cruel mandatario que poco le importaba la salud de los inocentes. Las esperanzas se fueron perdiendo con el tiempo, como una pequeña lámpara de aceite que se iba quedando sin combustible; cuya llama, tan débil y afligida, amenazaba con apagarse cada vez que un golpe le azotaba con fuerza. Habitantes desconfiados buscaban entre los rincones una salida que les llevase a momentos de gloria, donde la opinión no fuese oprimida bajo un puño de hierro y la libertad fuese la bandera que guiara los ideales nobles. Pero, ¿acaso pensaban que estaban dispuestos a pagar por esa libertad?

Ansiaban un tiempo de gloria, no pensaban en que pagarían para obtenerlo. Tan solo se aglomeraban para pedir a gritos una solución. Y cuando llegó al fin, cubierta con un manto oscuro de sufrimiento, se sumieron en luto para venerar a los caídos en guerra y voces proclamaron impropios contra nobles personas. Era un tema delicado de tocar, lo sabía. La respuesta que se desprendió de los labios del extranjero le dejó en el aire, con un nudo en el estómago ¿lo había arruinado tan pronto?.

No quise sonar como un vil entrometido. — intentó aclararse; por un momento su inglés desmejoró a causa de los nervios. Sonaba como los instructores cuando se molestaban, aquellos cuya ira terminaba llenándoles y entremezclaban palabras de su idioma natal con el inglés. No fue una buena idea venir —su inseguridad habló—, por suerte, simplemente desechó los pensamientos y blanqueó su mente, aclarándose la garganta. — Las heridas que tardan más en sanar, son las que con el tiempo, dejan lecciones valiosas. — hablaba con base, no por quedar bien o hacer la conversación más llevadera.

Aún se escuchaban los rumores acerca de la gran batalla que tuvo lugar en la Universidad Mágica. Todos tenían un modelo diferente que contar, muchos agregaban matices oscuros para hacerla más interesantes. Muchos otros, posiblemente imbéciles sin nada que hacer, se encargaban de llenarlas con mentiras y desprestigios. Él solo deseaba saber la verdadera historia, sin alterar, sin mentiras. El relato de una persona que no tuviese la necesidad de cambiar nada; alguien que aceptase la cruda realidad con recelo y los brazos entreabiertos. De alguna manera, ese chico frente a él, tan dañado y sucumbido en su propia mente, parecía ser justo lo que buscaba.

No sabes cuantas veces es escuchado eso. — las preguntas sobre su nacionalidad era un demonio que le torturaba día a día. Aún después de saber toda la verdad acerca de su herencia sanguínea, abandonar su apellido se volvía algo imperdonable, era perderse a sí mismo para satisfacer a otra persona. No lo haría. — Mi madre me enseñó, aunque ninguno de ellos es mi idioma natal. — pasó su palma abierta por detrás de su cabeza, rascando la nuca para agitar el rostro ante el halago. Era extraño recibirlos, por no decir que casi imposible que otro estudiante le dijese algo amable. — Si quieres podría enseñarte, no soy el mejor maestro pero algo es algo ¿no?.

Las palabras salieron de su boca un tanto apresuradas, extenderle aquella invitación era una oportunidad de verle más seguido. Fuera de los estándares de las clases y el rígido código escolar, tal vez podría llegar a hablar de cosas más triviales y amenas, que no le inundasen con la incertidumbre de un futuro incierto y de un pasado trágico. Le fue difícil escuchar la verdad, de cierta forma se sentía identificado con la sensación de escape. Él muchas veces ansió huir sin mirar atrás, siendo acompañado por el frío invernal y la oscuridad que envolvía las noches tan características de Bulgaria.

¿Con búlgaros fríos, abusadores y malhumorados? Yo tampoco siento encajar. — un suspiro se escapó de sus labios en busca de alivio, notándose los vestigios ácidos al soltar esas palabras. Nada estaba bien, lejos o cerca de la devastación, aún se sentía ese ambiente pesado que aprisionaba el aire en los pulmones, que impedía respirar la paz por la que tanto habían luchado. Y allí, aún en la academia de aurores, rondaban rumores del tonteo con las artes tenebrosas, rumores en los que él estaba incluido solo por el mero interés de aprender. — Rick… — le llamó por primera vez, deslizando una de sus manos a su hombro para llamar la atención del castaño. — ¿Por qué estás acá? ¿Por qué decidiste volverte un Auror? — preguntó cálidamente. El conocía sus propias razones, huyó por miedo, para sentirse protegido de todo el caos que alguna vez llamó vida. Pero del contrario, de él no tenía la más remota idea.
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Re: What am i doing here? [Privado]

Mensaje por Ricky M. Over el Lun Sep 05, 2016 2:40 pm

«Las heridas que tardan más en sanar, son las que con el tiempo, dejan lecciones valiosas.» Sabias palabras en una voz tan joven. No se agregó ningún comentario al respecto, pero cada palabra orbitó en torno a su mente, haciendo que cuestionara cuán cierta era su afirmación. Como filosofía, resultaba ser un consuelo, en su interior ocultaba heridas abiertas, lastimaduras que descartaba ver cicatrizar en el futuro. Si el búlgaro estaba en lo cierto, y era sólo cuestión de tiempo, sus heridas sanarían, dejando lecciones a su paso. Lo que ponía en duda el francés, era el valor de dichas lecciones. Puede que fueran útiles, y que le convirtieran en un hombre cauteloso, precavido e incluso sabio ¿pero eran tan valiosas esas características? Sabía que no garantizaban la felicidad, es más, cada día su convencimiento era mayor respecto a que la clave de la felicidad residía en propiedades que él perdió junto con su adolescencia: Inocencia, esperanza y estupidez.

Naturalmente que no era una novedad para Killian escuchar ese tipo de comentarios sobre su nombre. El francés supuso que debía ser complicado llamarse así en Bulgaria, aunque dentro de lo que cabía su nombre no era tan extraño para los ingleses.—¿Cuál es tu idioma natal?— Preguntó curioso, le costó imaginar al joven frente a él hablando otro idioma que no fuera su particular inglés o un tosco y cerrado búlgaro. El ofrecimiento le pilló desprevenido, si bien empezaba a asumir que el otro charlaba con él por cuestiones de amabilidad y no por segundas intenciones, que quisiera invertir más de su tiempo en enseñarle a hablar el búlgaro le sorprendió gratamente.—¡Sí, me encantaría!— Exclamó, repentinamente efusivo, incapaz de disimular su entusiasmo ante la propuesta.—Te aseguro que yo no soy el mejor alumno, aprendo muuuy lentamente y seguro que agotaré tu paciencia. Así que no creo que pueda aprender a hablar en búlgaro, pero con saber desenvolverme con palabras básicas y más o menos entenderlo me daría por satisfecho— No podía verse a sí mismo tratando de hablar el búlgaro. Acostumbrado como lo estaba al tono plácido del inglés, y menos aun si tenía en cuenta la dulzura del francés, con su propio acento tan escasamente pronunciando que prácticamente ondeaba grácilmente como lengua y dependía de la posición de los labios del emisor.

No creyó que Killian lo entendería, no creyó que vería de la misma forma que él a los que debían haber sido sus compañeros desde hace años, más la realidad demostró a Ricky la inmensurable cantidad de veces que podía equivocarse en tan sólo quince minutos. Una vez más, las hormigas perdieron todo su interés y éste volvió a pertenecer únicamente a los ojos ámbar del aprendiz búlgaro. El francés no pronunció palabras, no se sumó a la crítica sobre los búlgaros, pero cada expresión de su rostro tomó el relevo a sus palabras y expresó lo que habrían dicho. Sus orbes azules, abiertas por la sorpresa, junto con la perfecta O que formaron sus labios. Todo indicaba cuanto le sorprendía, y satisfacía, encontrar en el lugar más insospechado alguien que entendiera cómo se sentía.

Escuchó por primera vez su nombre en labios del joven, y la mera pronunciación de las cuatro letras consiguió hacerle estremecer. ¿Por qué? Notó un cálido ardor bajo la piel. Que patético se sintió en aquel momento, asumiendo que la mención de su nombre en boca de un desconocido le reconfortó, y todo porque se sentía estúpidamente solo desde hacía ya mucho tiempo. Tanto necesitaba amistades, tanto que se emocionaba como un niño ante la simple posibilidad de estar iniciando una.

A su nombre acompañó una pregunta inesperada, mas no desconocida. Se había visto obligado a responderla en más de una ocasión. En el colegio, ante la mirada inquisitiva de una joven muchacha, también el día que conoció a su instructor. ¿Cuánto tiempo transcurrió desde ese día? Tan sólo unos meses. ¡Parecía una vida entera! Mas haber respondido la pregunta en el pasado, no le sirvió de ayuda para hacerlo en esta ocasión, su vida había sufrido tantos cambios como reformas estaba sufriendo el ministerio de magia británico.—No lo sé, pero antes lo sabía. Quería enfrentarme a ellos— Se refería a los mortífagos, aunque para el resto de países no representaron una amenaza tan grande como para Reino Unido, el rumor de sus fechorías recorrió kilómetros y mares, llegando a oídos de todos los magos. El séquito de magos tenebrosos, ocultando su identidad bajo las máscaras, se dedicaron durante años a acechar a gente como él, a aquellos magos cuyos orígenes eran muggles. El mismo Ricky vivió la crueldad de los enmascarados en su propia piel, tanto él como su mejor amiga sufrieron un brutal ataque a sus manos. Por aquel entonces, el francés tenía diecisiete años, fue incapaz de defenderse y proteger a su querida Bluebelle.

Desde el día del ataque ser auror se convirtió en su meta, y parecía que estaba a punto de alcanzarla hasta que detonó la guerra y con ella la derrota del señor tenebroso. Ya no existían mortífagos que combatir, la paz que durante tantos años deseó e imaginó como una quimera, un imposible, se convirtió en realidad. Lo peor de todo, el francés se veía incapaz de disfrutar dicha paz, no terminaba de sentirse cómodo con ella.—Mi intención siempre fue hacerme más fuerte, y así poder proteger a la gente que me importa—Razonó para sí. Tanto su fuerza como su valentía habían aumentado desde que tomó la decisión de convertirse en auror, mas su empeño por alejarse de la gente que quería por miedo a que otros les lastimaran había surgido efecto, y ahora que se sentía capaz de cuidar de ellos.. ahora ya era tarde, estaban lejos, no tenía cerca a nadie a quién querer o que le quisiera.—¿Y tú, Killian?— Cambió el tema bruscamente, pues no quería deprimirse y su mente empezaba a volar a la bella Francia junto con su familia.—¿Por qué auror?— Preguntó.
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Re: What am i doing here? [Privado]

Mensaje por Killian Herondale el Lun Sep 05, 2016 6:34 pm

Las murmuraciones se desprendían de los labios de jóvenes y ancianos, todos los que necesitaban desahogar su alma en pena, una oscuridad que es meneaba a la deriva de un ancho mar, que tan solo tomaba profundidad para absorberles de un tirón. Incluso cuando creían ver una pequeña luz de esperanza colándose entre la penumbra, era aplastada por la realidad absoluta que era la opresión otorgada por la magia oscura. Intentaba desviar todas las sombras que depredaban a su alrededor, blandir un espacio seguro donde no proliferase la necesidad de armar una elaborada muralla antes de hablar. ¿Por qué? Tal vez se sentía tan identificado con él, que de alguna manera ansiaba disminuir su dolor.

El recibió el mismo consejo hace un par de años, dándole la despedida a la única persona que realmente consideró un auténtico amigo dentro de su formación. Dolía apartarse de una persona que querías, el sentimiento era semejante a la arena escurriéndose entre los dedos. Estaba allí, se deshacía y por más intentos que se hiciera para recuperarla, siempre terminaba escapando y dejaba un vacío, uno complicado de llenar.

No me creerías si lo te lo dijese. — comentó con un poco de ánimo; analizaba como el contrario le veía. ¿Era parecido a sus compañeros búlgaros, con cara de pocos amigos y el atavismo que les rodeaba? Esperaba que no, que su presencia fuese menos intimidante, demostrando ser el tipo de persona con la que podías hablar sin ser golpeado en la cara. — ¿Estás buscando que te acepte como alumno o que retire la oferta? — rió, que le comentase cosas con tanta confianza, sin dejarse llevar por la pena era bueno, al menos para él. — Prometo que intentaré enseñarte todo lo que sé. — no era pan comido, esperaba que pusiese empeño en aprender o nada serviría.

Reconocía que Bulgaria no estaba llena de personas alegres, con sonrisas en el rostro, aplaudiendo mientras cantaban y bebían cerveza… esos eran los Irlandeses ¿no?. Estar dentro de esa academia sin hablar con alguien, luego de pasar por los estragos de una guerra era la cosa más difícil que le puede suceder a un joven. Allí estaba él, intentando sobrevivir con sus propios demonios en un país extranjero, posiblemente lejos de sus familiares y amigos. Se prohibió a si mismo sentir pena, la palabra más indicada en el repertorio era empatía. Compartía el dolor de perder a seres queridos, de saber que el mundo no era un campo de rosas, porque como todas ellas, espinas ponzoñosas aguardaban para probar la valía.

Creyó haber metido la pata en un agujero sin fondo. Caminaba en un terreno pantanoso donde era fácil cometer errores, la incógnita estaba en si después podía arreglarlos. Le miró por unos escasos segundos, clavando su mirada para notar los orbes vidriosos de su acompañante. No tenían ese brillo característico que iluminaba el rostro de las personas alegres, pero aún se veía en el interior la llama de algo que quería resurgir. Extraño y a la vez fascinante, como todo lo que pensaba ser una situación desastrosa, despertaba nuevas sensaciones que se creían extintas.

Imagina que eres víctima de un robo… — trataba de explicar un punto de la mejor manera posible, muchas veces se enredaba con las palabras y solo le salía una mala cacofonía, realmente espantosa. La yema de sus dedos trazó un círculo en su propia pierna, buscando distraerse. — ¿Dejarás de salir por ello, vivirás temeroso siempre? — prosiguió, sin mirarle al rostro. — ¿O te volverás más precavido, aprenderás una lección? — frunció el entrecejo con algo de recelo, por un momento no supo si estaba dándole un consejo a su compañero o a él mismo. — Ya sabes cómo se siente, intentarás que otras personas no pasen por lo mismo, lucharás fervientemente porque no lo hagan.... bien, Me he perdido.— y dejó de tener sentido, en lo que respectaba a él, esas palabras solo era una aglomeración sin pies ni cabeza.

Escuchó sus razones, eran nobles y supo que si alguna vez llegaba a cruzar la meta, se convertiría en un auror ejemplar. La pregunta que vino después le tomó un poco por sorpresa. Pensó antes de abrir la boca, su mente le llevó directamente hasta la habitación vacía de una mansión abandonada, donde no quedaba nada más que los elfos domésticos y las posesiones materiales. Quería encontrar a sus padres, recuperar lo que se le había arrebatado de las manos. Tan solo deseaba no sentirse vacío, esa misma sensación que le atormentaba por las noches y no lo dejaba dormir.

Semanas antes de aplicar, se esparcieron rumores… el auge del poder de Quien Tu Sabes… — el tono le tembló cuando recordó el miedo, la desgracia y miseria que se comentaba vivían los magos en suelo británico. — Cuando si quiera se notó la posibilidad de que Él enviase a sus magos acá… tuve miedo. — confesó con la cabeza gacha, no se enorgullecía de ello, demostraba lo falto de carácter que era para ese entonces. — Vine acá a buscar refugio, para huir de esa posibilidad… corrí como un gallina. — al finalizar, tragó en seco y se sintió bien liberar lo que llevaba dentro.
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Re: What am i doing here? [Privado]

Mensaje por Ricky M. Over el Mar Sep 06, 2016 6:35 am

El tercer día desde su inscripción dejó de ser desagradable en el momento que quedó sellada la promesa de sus futuras clases de búlgaro. El aprendiz no sabría explicar el porqué, pero tener una excusa que le aseguraba volver a verse con Killian, le alegraba. Él mismo había sido principal culpable de evitar a todo ser humano que se cruzara en su camino en la academia, pero en su fuero interno sentía alivio al saber que su estadía en Bulgaria no sería completamente solitaria, pues ahora contaba con alguien dispuesto a brindar su compañía e inclusive a facilitar su adaptación con ayuda del aprendizaje sobre el idioma y esperaba que también una pequeña charla sobre típicas costumbres del país.

Escuchó con atención lo que el joven tenía para decir, aquello que tuvo un gran comienzo, que se presentó en forma de hipótesis y continuó expresándose de la misma forma filosófica que el consejo que antes le dejó pensando un buen rato. El francés sentía admiración por la gente cuyos pensamientos eran expresados de manera sabia y exacta, pues él mismo era un fracaso con el uso de las palabras, y lo admitía lejos de considerarse un erudito en dicho arte. Sin embargo, aunque en principio el discurso del búlgaro se previó prometedor, a medida que hablaba fue notorio como su inglés iba deteriorando y perdía el rumbo junto con lo que tenía pensado decir, hasta que finalmente fue el propio joven el que admitió que estaba perdido. Mas que sentirse decepcionado, su torpeza resultó familiar a Ricky, le recordó a sí mismo. Se rió, los intentos fallidos del búlgaro se le antojaban más tiernos que decepcionantes. Por una milésima de segundo se preguntó si él luciría de la misma forma cuando tratara de comunicarse en la lengua del país. «No, seguro que yo me vería peor que él» Razonó mientras contemplaba a Killian aún con la sombra de una sonrisa en la boca.

El ex-tejón logró expresar desenvueltamente—o tanto como su indecisión permitió—los motivos que le llevaron a querer convertirse en auror. Le alivió atestiguar que no fue interrumpido en ningún momento, ni un ligero carraspeo ni siquiera una mirada de reproche interrumpieron su pobre argumento. Al terminar de hablar, agradeció la educada atención del oyente correspondiendo con la misma moneda, era su turno de escuchar al otro sin interrupciones. No obstante, su semblante incapaz de mantenerse impertérrito, variaba junto con las palabras ajenas, adaptándose a los sentimientos que la confesión provocaba al receptor de la historia.

No esperó que las razones de Killian para convertirse en auror fueran tan humanas, tan comprensibles. El francés hubo esperado que los motivos del otro fueran el doble de heroicos que los suyos, o que tuvieran tras ellos un trasfondo moral o inclusive un historial oscuro. Así pues, no pudo disimular su sorpresa al conocer aquello que empujó al otro hasta la academia de aurores de Bulgaria, dónde sabría que estaría más seguro que en ningún otra zona del país: El miedo. Notó a Killian compungido, humillado por su propia confesión, pese a que Ricky no juzgaba sus razones. Últimamente, el francés tenía miedo a poquísimas cosas, pero hasta hace no tantos años era un muchacho asustadizo y por ello comprendía a la perfección el miedo, lo aceptaba como un sentimiento del que no había que avergonzarse. El miedo, una sensación demasiadas veces ocultada, incluso más que el odio. ¡Como si temer a algo fuera peor que odiarlo! La aflicción del búlgaro le pesó a él también, sintió la imperiosa necesidad de reconfortarle.—No te preocupes— Murmuró en un tono apacible. Colocó la mano sobre el hombro ajeno y lo estrechó en señal de apoyo. Sus comisuras se inclinaron hacia arriba componiendo una sonrisa de comprensión.—Es normal que tuvieras miedo, todos lo teníamos, ellos hicieron cosas terribles— Añadió, evocando los ataques mortífagos ejecutados en el pueblo mágico, comparando ahora le parecía una niñería haberse ofendido por comentarios como ''Sangre sucia'' en boca de algún excompañero de hogwarts.

Liberó su hombro y suspiró. Su estado de ánimo había sufrido un drástico cambio desde que Killian escogió sentarse en aquel banco, a su lado, y ni el propio Ricky sabía bien cómo reaccionar al respecto. El aire seguía siendo cálido, los rayos de sol aún se adherían a sus mechones oscuros y el séquito de hormigas seguía sobre el trozo de pan mohoso. La procesión iba por dentro, lo único que había cambiado estaba en su mente, el pesimismo que trajo consigo y que durante tres días se mantuvo inmutable.—Tengo que darte las gracias— Exclamó entonces— No te haces una idea de lo mucho que necesitaba esto— Explicó, mas no supo añadir a qué se refería. ¿Una conversación? ¿Compañía? ¿Un amigo? No lo sabía, no tenía ni la más remota idea, pero fuera lo que fuera, lo necesitaba, y Killian se lo había dado.
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Re: What am i doing here? [Privado]

Mensaje por Killian Herondale el Jue Sep 08, 2016 9:50 am

¿Quién lo diría? Pensó que su día sería como tantos otros; moverse entre sus compañeros, evitando ser avistado por quienes le molestaban y fallando estrepitosamente. Se veía a sí mismo en cada una de las clases, dándoles a unas más entusiasmo que otras. Ese día pudo haber sido como cualquiera, tan aburrido y monótono que le incitaban a correr fuera de los límites de lo sano, escaparse por tan solo un día de la academia. Claro que no lo haría, las consecuencias por desobedecer eran duras, muchos profesores mantenían las mismas reglas que en la escuela búlgara, donde golpeaban sin preguntar y sin preocuparse por ello. En esos momentos, ellos siempre tenían el control.

Y allí llegaba él, como la respuesta a una plegaria. Una persona nueva, él no estaba influenciado por las habladurías de las malas lenguas, por los comentarios ponzoñosos que solo buscaban crear un elitismo dentro de un elaborado grupismo. No debía sentirse como una presa a punto de ser devorada. El extranjero no daba la impresión de ser un mal muchacho, todo lo contrario, parecía que podía abrirse a él sin miedo de ser burlad o golpeado, y eso para él era toda una novedad.

No entiendo como una persona puede disfrutar de causar caos y miedo. — luego de unos cuantos meses de darle vueltas al asunto, le parecía imposible que tanta maldad se aferrase al cuerpo de una persona. ¿Se nacía malo? ¿Las llegaban a romperse hasta tal punto? Eran preguntas innecesarias que no lograba sacar de su mente, como si necesitase una respuesta inmediata; un elixir mágico que le ciñese de conocimiento. — Me parece ilógico, inhumano. — dijo, un tanto confundido.

Una pequeña chispa asaltó su columna, lo suficiente para hacerle estremecer. No estaba acostumbrado a que otra persona se acercase, era ajeno al toque de apoyo de un compañero. La mente le llevó directamente a los amplios jardines de su antiguo hogar, observó por momento la mirada de su madre, y como si se tratase de una soga atada a su cintura; un tirón le trajo de vuelta a la normalidad. Volteó el rostro hacia un costado y se encontró con su sonrisa. Momentos oscuros no ayudaban a darle una buena apariencia, ya podría vagar en ellos cuando estuviese solo.

¿Qué? ¿Hablar con un semi-búlgaro de ojos raros? — contestó, poniendo los ojos bizcos antes de inflar los mofletes, no supo porqué lo había hecho, ahora su mente le recordaba lo tonto que podía verse en esos momentos. Volvió a su posición inicial  y un color rosa tiñó sus mejillas; era un asco socializando, vale, tampoco tenía mucha práctica. — No tienes que dar las gracias, todos necesitamos desahogarnos cada cierto tiempo, viene bien. — rió, juntando las manos en su solo puño, con los codos apoyados en las rodillas.

El silencio tomó el control de la situación, no se sintió incómodo, tan solo era uno de esos momentos donde se podía pensar con tranquilidad. Quiso preguntarle muchas cosas a su nuevo compañero, la lista crecía conforme su mente ideaba pequeños escenarios que se desenvolvían en su cabeza como una cinta cinematográfica. El tema de la depresión del mundo mágico estaba tachado como intocable, eso le quedaba claro, y aún así, deseaba alejarle mucho más de todo lo que le recordase a ello.

A parte del idioma, ¿qué es lo que más te ha costado? — podía referirse a cualquier cosa, dejaba la pregunta abierta a interpretación. Adaptarse a un nuevo lugar era difícil, por más preparado que se estuviese, siempre existían barreras complicadas de sobrellevar. El idioma era una de las más importantes, pero ¿qué otra cosa se le causaba confusión o incertidumbre? — Perdón si me estoy entrometiendo mucho. — y la bendita “r” sonó mucho más fuerte en todas las letras, era imposible evitarlo.
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